
La seguridad debería colocarse por encima de cualquier partido político. Sin embargo, en Chihuahua, Morena parece tener una idea distinta: si un proyecto no lleva el sello de la 4T, primero hay que desacreditarlo y después, quizá, discutir sus resultados.
Eso está pasando con la recién inaugurada Torre Centinela.
Centinela no es un simple edificio en Ciudad Juárez. Es el centro de una plataforma dotada de tecnología avanzada que permite trabajar en la prevención, atención y reacción ante el delito. Integra cámaras, lectores de placas, arcos carreteros, drones, centros regionales y herramientas de inteligencia para localizar vehículos, reconstruir hechos delictivos y coordinar operativos en el estado más grande de México.
No es una solución mágica ni debe presentarse como tal. Ninguna cámara sustituye a los policías, los ministerios públicos ni las investigaciones. Pero negar su utilidad porque fue impulsada por un gobierno panista también es una forma de irresponsabilidad.
Chihuahua tiene más de 247 mil kilómetros cuadrados y una frontera estratégica para todo el país. Por nuestro territorio circulan mercancías, personas y vehículos, pero también operan redes dedicadas al tráfico de drogas, armas y personas. Por eso, la Federación debería reconocer a Centinela como una herramienta para fortalecer la seguridad de toda la zona norte.
El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, fue invitado a la inauguración, pero no asistió. Tampoco acudió algún representante del gabinete federal de seguridad. Se desconocen las razones de estas ausencias, pero, políticamente, el mensaje fue desafortunado.
El Gobierno federal no tenía que venir a felicitar a Maru Campos ni a tomarse una fotografía con funcionarios de oposición. Tenía que darse a la tarea —no solamente la oportunidad— de conocer una plataforma que puede servir para coordinar investigaciones y enfrentar delitos de competencia federal.
Pero reconocer algo positivo construido por un gobierno panista parece ser demasiado difícil para la llamada transformación.
Morena habla permanentemente de coordinación, aunque en los hechos parece interesarle más cuando puede controlar la fotografía, el discurso y el reconocimiento. Si un proyecto no lleva el color guinda, deja de ser una oportunidad y comienza a tratarse como un adversario político.
En Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar ha calificado la Torre como una obra faraónica “que de nada sirve” y ha sostenido que sus recursos pudieron utilizarse para otro tipo de proyectos.
Me parece bastante curioso este argumento, pues proviene de una administración que destinó cerca de 51 millones de pesos a la intervención del camellón de la carretera Panamericana, proyecto dentro del cual se encuentra “La Duna” y que posteriormente requirió más recursos para su iluminación.
No está mal mejorar la imagen urbana. Lo incongruente es presumir una estructura ornamental mientras la entrada a Juárez continúa marcada por baches, basura, oscuridad y abandono. Millones de pesos para una obra estética, sí; una plataforma de inteligencia para combatir el crimen, no.
Parece que para Morena el problema nunca es cuánto se gasta, sino quién lo gasta.
Cuando el recurso lo ejerce uno de los suyos, hablan de inversión y transformación. Cuando lo ejerce un gobierno de oposición, inmediatamente lo llaman despilfarro. La austeridad cambia de definición según el logotipo colocado detrás del funcionario.
Centinela también es resultado de una experiencia previa. La Plataforma Escudo Chihuahua Capital, PECUU, fue impulsada desde el gobierno municipal de Maru Campos y ha ayudado a reducir tiempos de respuesta, recuperar vehículos y aportar información para esclarecer delitos. Ahora ese modelo se extiende a todo Chihuahua.
Eso es lo que parece incomodar: que una estrategia iniciada por Maru Campos pueda entregar resultados y convertirse en un referente nacional.
Por supuesto que Centinela debe rendir cuentas. Tuvo retrasos y el proveedor recibió penalizaciones por incumplimientos. Sus costos y resultados deben transparentarse. Defender a Chihuahua no significa justificar errores ni entregar cheques en blanco.
Pero existe una enorme diferencia entre fiscalizar un proyecto y manipularlo electoralmente. Repetir que se gastaron más de 4 mil millones de pesos únicamente en una torre es falso: esa cifra corresponde a un contrato integral que comprende infraestructura, tecnología, equipamiento y operación regional.
Tal vez, si el proyecto se llamara “Torre de la Seguridad del Pueblo de México y del Bienestar”, Morena lo presentaría como la gran revolución de la inteligencia policial. Como lo construyó el Gobierno de Maru Campos, prefieren reducirlo a una torre de cristal.
La delincuencia no pregunta si una cámara pertenece a un partido político. Un vehículo robado no cambia su ruta según el partido que gobierna. Y una familia que llama al 911 no quiere escuchar pretextos políticos: quiere que la autoridad llegue y responda.
Maru Campos decidió apostar por la tecnología y la inteligencia para proteger Chihuahua. Ahora corresponde exigir que Centinela produzca resultados y que todas las instituciones aprovechen sus capacidades.
La Federación puede seguir administrando sus ausencias, Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chavez pueden continuar haciendo campaña desde la crítica. Pero la seguridad de Chihuahua no debería utilizarse como escalón electoral.
Porque cuando un partido dedica más esfuerzos a desacreditar una estrategia que a coordinarse para mejorarla, la pregunta resulta inevitable: ¿su prioridad es la seguridad o el poder?