
Por: Oscar A. Viramontes Olivas
violioscar@gmail.com
Tener la oportunidad de recordar a grandes eminencias hablando en todos los sentidos, representa una verdadera satisfacción, ya que desde el punto de vista muy personal, creo que se merecen todo nuestro respeto y reconocimiento, para que las nuevas generaciones, tengan también la oportunidad de conocerlos y que descubran de ellos, el talento, su trabajo, los sacrificios que tuvieron que pasar haber alcanzado el éxito y la fama, es así, que en esta ocasión, nos encaminamos a sacar de los “Archivos perdidos” algunos hechos y eventos que el maestro Ernesto Talavera Escandón, realizó dentro de la música para orgullo de Chihuahua, México y el mundo entero.
Corría el año de 1892 en la primavera del 9 de abril en la pasiva ciudad de Chihuahua, cuando aparentemente no pasaba absolutamente nada, ya que la gente vivía al día, cuidando de sus animalitos y además de cómo obtener el “chivo” del día. En esa apacibilidad, nacería un pequeño que llevaría el nombre de Ernesto; sus padres, el respetado don Prisciliano Talavera y doña Margarita Escandón de Talavera, los cuales felices por la llegada de un nuevo miembro a la familia, celebrarían con “bombo y platillos” su nacimiento. Pocos días después, lo llevarían a la pila bautismal para que se le impartiera el sacramento del bautizo y así, el pequeño llevaría por nombre el de Ernesto Talavera Escandón. Eran sin duda múltiples las bendiciones para la familia que poco a poco descubrirían de él, una serie de talentos que los sorprenderían.
Desde muy pequeño, empezaría a mostrar su inclinación por la música y probablemente debido a su corta edad, comenzaría a definir su futuro, el cual, sería tan grande debido al entusiasmo y cariño que aplicaba en todo lo que hacía sobre todo a la música y el arte en general; lo que lo motivaría a iniciaría sus primeros estudios de música en el Colegio de la Divina Providencia, que en aquella época, estaba a cargo del inolvidable profesor Albino Mireles, ilustrísimo maestro, que representa un ícono en la educación en Chihuahua. que vale la pena mencionar algunos datos sobre él, ya Don Albino, nacería en San Isidro Zapopan, Jalisco, el primero de marzo de 1854; desde muy joven, se sintió atraído por la carrera magisterial, la cual ejerció en planteles de su tierra natal. Simultáneamente, continuaría sus estudios al iniciar su carrera de maestro en el "Liceo de Varones", donde obtuvo su título profesional en 1879.
Años después, trabajaría en los estados de Zacatecas y Chihuahua, en este último, llegaría a ser inspector; entre otros honores, el profesor Mireles destacaría como miembro de la Sociedad Chihuahuense de Estudios Históricos en su estado natal, lo que le permitiría ganar una mención y medalla por sus estudios astronómicos; participó, en el periodismo cultural al editar el periódico “El obrero escolar” que estaba dedicado a los temas pedagógicos. Entre las obras del maestro Mireles se puede señalar por su importancia, su Geografía Nacional. El Estado de Chihuahua que tanto debe a su dedicación magisterial, lo ha honrado post mortem, colocando su nombre a una escuela, una calle, un parque y un jardín de niños. Murió en Chihuahua el 5 de noviembre de 1939.
En la escuela del profesor Mireles, el joven Ernesto Talavera, recibiría clases de primaria, su primer maestro, sería el profesor don Eduardo Suek, así mismo, continuaría poco después con la cátedra con don Silvino Arévalo, donde también se desempeñaría como un niño muy brillante, donde compartía clases con algunos personas que después tomarían caminos de éxito, profesionistas y hombres de negocios, entre los que se contaban a Miguel C. Mireles, David Mireles, Miguel E. Yáñez, Jesús José Lozano, Pablo Licón, Blas y Benigno Fierro. Los dos señores mencionados al principio, eran hijos del muy querido maestro don Albino Mireles.
Sin embargo, pasaría el tiempo y al terminar Ernesto su instrucción primaria, su padre don Prisciliano Talavera al ver el interés de su hijo y su excelente rendimiento en su proceso primario, tomaría la decisión de enviarlo a un Colegio en Estados Unidos en compañía de su hermano Reynaldo, con el propósito de que siguiera la carrera de Ingeniero Mecánico, pero en esta institución que fue The New Mexico State Collage, continuaría nuestro artista interesado en la música, aprovechando excelentes lecciones del profesor Watkins en solfeo y de miss Morrison en canto, ocupando su lugar como violinista en la Orquesta del Colegio, donde pronto captaría las simpatías de sus condiscípulos en su mayor parte extranjeros.
Terminados sus estudios superiores y en atención a sus grandes facultades naturales, decidiría nuevamente don Prisciliano enviar al joven Ernesto a México, a fin de que continuara sus estudios en el Conservatorio Nacional de Música al cual, ingresaría en el año de 1909, recibiendo cátedras de distinguidos maestros como don José Rocabruna en violín y don Luis G. Saloma en música de cámara. En solfeo, tuvo como profesor al maestro Manuel Otea con quien también estudiaría la teoría musical. En idiomas, tuvo la fortuna de contar con catedráticos reconocidos como el maestro don Eduardo Gulccené y la maestra Madame Facico, quienes apreciaron mucho al joven Talavera, logrando que se presentase con éxito en una concurso de violinistas verificado en 1911, obteniendo el primer lugar como concertista de violín y mención honorífica en solfeo y tecno musical en el Teatro del Conservatorio Nacional, siendo las obras de prueba una Sonata de Haendel y una Fantasía de Hans Sitt, consistiendo en el premio en el magnífico violín que utilizaría por muchos años el maestro Ernesto Talavera.
México se enfrentaría a uno de los conflictos más terribles de su historia en el inicio del siglo XX y me refiero a la Revolución Mexicana, que comenzaría el 20 de noviembre de 1910 con el liderazgo de Francisco I. Madero, conflicto que complicaría aún más la situación tan vulnerable que tenía el país. Sin embargo, este acontecimiento no sería obstáculo para que el ya maestro Ernesto Talavera con la preocupación de la situación antes referida, se apresurara a viajar a ver a sus padres y familiares para tener más seguridad de que estuvieran bien. En esa época de muertos y más miseria, su distinguido padre don Prisciliano Talavera, enfermaría irremediablemente, lo que meses después de iniciado la sangrienta guerra, moriría, dejando un dolor muy profundo a la familia, pero en especial a Ernesto, ya que su padre había sido un verdadero apoyo para que él se superara y llegara muy lejos.
La verdad fue un duro golpe para el joven maestro, pero en su corazón y junto a sus encontrados sentimientos, decidiría seguir adelante y junto a la bendición de su señora madre, doña Margarita Escandón, se llenaría de ánimo para buscar viajar a Europa. Para ello, tendría que ir hasta New York en Estados Unidos, para viajar en barco hasta el viejo continente. Sin embargo, ya cuando llegaría a la ciudad norteamericana antes citada, se vería en la necesidad de permanecer ahí por espacio de dos años, debido a otro terrible conflicto de dimensiones globales como lo fue, la Primera Guerra Mundial. Pero con todo y la situación en México y el mundo, el joven maestro no se quedaría quieto y aprovecharía los valiosos conocimientos del eminentísimo maestro mexicano don Julián Carrillo, lograría bajo su dirección, desarrollar ampliamente la técnica del arco, obteniendo magníficas ejecuciones del brillante Concierto No. 7 en Sol Mayor de Ch. De Beriot. Un excelente consejo que le daría el maestro Carrillo al joven maestro Talavera, consistiría en que observase detenidamente las escuelas de Kreisler, Elman, Zimbalist, Jacobinoff, Heifetz, Brown, Spaulding y muchos otros, que, con veneración de su experiencia, la debió haber presenciado en sus actuaciones.
Terminados todos los conflictos en el mundo y México, el maestro Talavera buscaría de nueva cuenta emprender el vuelo y buscar nuevos horizontes y años después en 1926, nuestro distinguido protagonista se trasladaría a radicar en El Paso Texas, donde ofrecería una serie de recitales acompañados de la Orquesta Sinfónica de aquel lugar, en cuyo conjunto ocuparía el puesto de “violín concertino”, el que se resistiría mucho aceptar, por considerar que le correspondía a algún elemento local, máxime que se encontraba en el extranjero como visitante. Radicando de nueva cuenta en Chihuahua, siempre trabajaría por el desarrollo de las bellas artes e iniciaría otra de las facetas que había llevado en su corazón y, sobre todo, que tenía la necesidad de hacerlo y esta era la profesión docente, por lo que de inmediato sería contratado por el Instituto Científico y Literario del Estado, donde impartiría la cátedra de música. Además, paralelo a esta honrosa actividad, sería nombrado director de la Academia Infantil de Música, ambas instituciones a cargos del Gobierno del estado de Chihuahua.
Fuentes de Investigación: Hemeroteca del Cidech, Raúl Balderrama Montes y Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas.