
M. Arq. Mario C. Contreras Figueroa | Bitácora Urbana
Un mercado tradicional se reconoce antes de entrar. Hay cajas que llegan temprano, voces que preguntan por la calidad del producto, personas que saben qué puesto vende mejor cierta fruta y comerciantes que conocen a sus clientes por su nombre. La compra ocurre, pero alrededor de ella también circulan noticias, recomendaciones, recetas, favores y confianza. Por eso un mercado no es solamente un edificio lleno de locales: es una pieza de infraestructura social.
Durante años hemos tratado a los mercados como una forma comercial rezagada, destinada a sobrevivir mientras llega algo más moderno. La experiencia urbana sugiere lo contrario. UN-Habitat recuerda que los mercados han sido epicentros de actividad comunitaria y que su rehabilitación puede generar empleo, mejorar servicios y fortalecer economías locales.1 La pregunta para Chihuahua no es cómo conservarlos como una postal del pasado, sino cómo hacerlos competitivos, seguros y útiles para la ciudad actual.
Un supermercado distribuye mercancías con enorme eficiencia. Un mercado tradicional puede hacer eso en una escala menor, pero además reparte oportunidades. Cada puesto permite que una familia emprenda con una inversión más accesible; la concentración de giros atrae flujo peatonal; la cercanía entre locatarios facilita compras pequeñas y frecuentes, y la atención personal conserva conocimientos sobre alimentos, oficios y productos regionales. La competencia ocurre dentro de una estructura compartida, no detrás de una sola marca.
También existe una función cotidiana menos visible. Para una persona mayor, el mercado puede ser un lugar cercano donde comprar poco, conversar y pedir ayuda. Para quien no tiene automóvil, puede significar acceso a alimentos sin recorrer grandes distancias. Para un productor pequeño, representa la posibilidad de vender sin depender por completo de una cadena de intermediarios. Para el barrio, genera movimiento durante horas en que una nave vacía o un estacionamiento no aportarían ojos en la calle.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura incluye la inversión municipal en mercados y puntos de venta de alimentos frescos entre los indicadores para evaluar las políticas alimentarias urbanas.2 Esa mirada es importante: el mercado forma parte del sistema que conecta producción regional, distribución, nutrición, empleo y acceso. No es únicamente un asunto de comercio ambulante, licencias o mantenimiento de inmuebles.
Chihuahua conserva comercio tradicional en el Centro, en el Mercado Popular o “del Hoyo”, en el Mercado Juárez, en tianguis, mercados sobre ruedas y corredores de pequeños negocios. Sin embargo, estas piezas suelen administrarse por separado. Un área atiende limpieza, otra permisos, otra seguridad y alguna más promoción económica. Cuando no existe una visión común, el resultado es predecible: se corrige la gotera, se ordena un puesto o se pinta una fachada, pero no se fortalece el sistema completo.
La propia experiencia estatal ha mostrado que existe oferta regional y demanda urbana. En 2018, el Mercado Rarámuri reunió en la Ciudad Deportiva a más de cuarenta productores de municipios y comunidades cercanas, mientras el padrón mencionado por la Secretaría de Desarrollo Rural alcanzaba 150 productores de alimentos frescos y procesados.3 No fue un mercado permanente, pero sí demostró que el vínculo directo entre campo y ciudad puede organizarse y que los consumidores responden cuando encuentran productos locales en un punto accesible.
Para entender esa red comercial también conviene mirar la transición al autoservicio. En enero de 1954, Leopoldo Mares Paredes abrió el “Súper del Real Lerdo”, reconocido como el primer establecimiento de autoservicio de la ciudad; al año siguiente la empresa ya había abierto una segunda tienda. En esa primera geografía comercial quedó también en la memoria de los chihuahuenses el llamado “Súper del Seguro”, sobre la avenida Universidad, otro de los puntos tempranos de compra moderna. A partir de 1967 el proyecto evolucionó hacia el concepto Futurama y, décadas después, a Alsuper. La historia es relevante porque muestra que el autoservicio no llegó de golpe para sustituir al mercado tradicional: se fue incorporando a una ciudad que ya compraba en mercados, abarrotes, carnicerías, panaderías y pequeños comercios de proximidad.6
El “Mercado del Hoyo" es quizá el ejemplo más claro de por qué un mercado no debe entenderse solamente por los muros de un inmueble. Funciona como mercado desde 1963, sobre la avenida Niños Héroes entre las calles Segunda y Cuarta, y desde hace décadas el comercio ambulante y semifijo se ha extendido por las calles inmediatas. Su verdadera área comercial es mayor que el espacio confinado: el mercado se derrama hacia el espacio público y forma un pequeño distrito de abasto y servicios en pleno Centro.7
Ahí conviven puestos de frutas, verduras, carnes, quesos, hierbas, pan y ropa con restaurantes, fondas, dulcerías, bancos y otros servicios cotidianos. Incluso un supermercado de cadena forma parte hoy del mismo ecosistema: Inaugurado en 1971, el primer hipermercado de Soriana se ubica en Niños Héroes e Independencia y Alsuper Niños Héroes se localiza precisamente en la esquina de Niños Héroes y la calle Cuarta.8 Esa mezcla no contradice la idea del mercado; la confirma. Lo que atrae a la gente no es una sola nave comercial, sino la concentración de opciones, precios, alimentos preparados, servicios financieros, compras pequeñas y encuentros cotidianos en unas cuantas cuadras.
Por eso, cuando se planea la modernización de un mercado, la unidad de análisis no debería ser únicamente el edificio, sino su distrito comercial inmediato. Las banquetas, cruces, paradas de transporte, estacionamientos, carga y descarga, manejo de residuos, iluminación, seguridad, señalización y mezcla de giros son parte de la misma infraestructura. En lugares como el Mercado del Hoyo, intervenir sólo el inmueble y dejar intacto el desorden o las carencias de las calles aledañas sería atender apenas una fracción del sistema que realmente utiliza la población.
El problema no se resuelve idealizando el pasado. Muchos mercados enfrentan instalaciones eléctricas y sanitarias envejecidas, calor, dificultades para cargar y descargar, residuos mal manejados, poca accesibilidad, inseguridad percibida y una imagen que no atrae a nuevas generaciones. Algunos comerciantes carecen de herramientas digitales o de mecanismos sencillos para entregar a domicilio. Otros compiten con tiendas que ofrecen estacionamiento, horarios amplios, climatización y pagos electrónicos. Ignorar estas ventajas sería condenar al comercio tradicional a una competencia desigual.
La modernización debe comenzar por un inventario serio: cuántos mercados, tianguis y concentraciones comerciales funcionan; quiénes venden; qué productos ofrecen; de dónde provienen; cuáles son sus condiciones físicas, sus horarios y su área real de influencia. El Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas permite localizar establecimientos y conocer actividad y tamaño, pero debe complementarse con trabajo de campo y diálogo con comerciantes.4 Sin diagnóstico, la intervención termina guiada por la apariencia y no por la operación.
Después se necesita rehabilitar lo indispensable: ventilación, sombra, agua, drenaje, electricidad segura, manejo de residuos, baños, accesibilidad universal y protección contra incendios. No son mejoras decorativas. Son las condiciones mínimas para que una familia pueda comprar con dignidad y un comerciante trabaje sin poner en riesgo su salud o su patrimonio.
El espacio exterior importa tanto como el interior. Un mercado rodeado por banquetas rotas, cruces inseguros o vehículos estacionados en doble fila pierde clientes antes de abrir la puerta. Debe conectarse con transporte público, rutas peatonales, estacionamientos de corta estancia, áreas de ascenso y descenso, arbolado y zonas de carga con horarios definidos. La calle inmediata puede convertirse en una extensión ordenada del mercado, con sombra, bancas y actividades temporales, sin bloquear el paso ni expulsar a quienes ya trabajan allí.
La mejora económica requiere otra capa: capacitación en costos, presentación, inocuidad, pagos digitales, redes sociales y venta en línea; compras consolidadas para reducir gastos; marca compartida; calendarios de productores regionales y servicios de entrega comunes. La OCDE advierte que los pequeños comercios aportan vida diaria y funcionan como infraestructura social, pero necesitan apoyo para adoptar tecnología, mejorar eficiencia energética y participar en estrategias de revitalización urbana.5 Digitalizar no significa sustituir el puesto por una aplicación, sino usar la tecnología para que el puesto siga teniendo futuro.
Chihuahua podría pensar en una red y no en una obra aislada. El Mercado Popular y el comercio del Centro cumplirían una función metropolitana y turística; los tianguis y mercados sobre ruedas atenderían la proximidad barrial; los mercados de productores acercarían alimentos regionales; y nuevos espacios de escala pequeña podrían instalarse en zonas que hoy dependen casi por completo del automóvil para comprar lo cotidiano. Cada formato necesita reglas distintas, pero todos pueden compartir estándares de higiene, seguridad, información, manejo de residuos y promoción.
La gestión debe incluir a locatarios, propietarios, productores, vecinos y autoridades. Si una rehabilitación eleva las rentas hasta expulsar a quienes dieron vida al lugar, habrá mejorado el edificio y destruido el mercado. Por eso los apoyos públicos deben acompañarse de reglas transparentes para la asignación de espacios, contratos estables, mecanismos de mantenimiento y compromisos verificables de los comerciantes. La formalización debe ofrecer beneficios concretos, no convertirse únicamente en una nueva carga.
Una ciudad puede abastecerse con supermercados, plataformas y grandes cadenas. Lo que no puede comprar en línea es la red de confianza que se forma cuando el comercio cotidiano ocurre entre personas, en un lugar accesible y reconocible. Modernizar nuestros mercados no significa congelarlos en el tiempo. Significa comprender que, además de vender alimentos y mercancías, sostienen empleo, proximidad, identidad y convivencia. Esa infraestructura social también merece planeación, inversión y futuro.
1. Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos. (2015). Job creation through public market rehabilitation. https://unhabitat.org/job-creation-through-public-market-rehabilitation
2. Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. (2019). The Milan Urban Food Policy Pact monitoring framework. https://openknowledge.fao.org/server/api/core/bitstreams/d394b597-51e0-44b2-a3dc-dac8c1a51e91/content
3. Gobierno del Estado de Chihuahua. (2018, 28 de agosto). Llega a Ciudad Deportiva el Mercado Rarámuri con hortalizas frescas y productos elaborados. https://chihuahua.gob.mx/mercadoRekeami
4. Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2025). Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas 2025. https://www.inegi.org.mx/rnm/index.php/catalog/1103
5. Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. (2026). Local retail, global trends: How digital, green and skills shifts in the EU are reshaping SMEs in towns and cities. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/55e2edec-en
6. Tus Buenas Noticias. (2026, 21 de marzo). ¿Quién es el dueño de las tiendas Alsuper? https://www.tusbuenasnoticias.com/noticias/economia/2026/03/21/58182-quien-es-el-dueno-de-las-tiendas-alsuper
7. La Opción de Chihuahua. (2014, 1 de junio). Sigue vivo Mercado del Hoyo desde 1963 a pesar de los malls. https://laopcion.com.mx/local/sigue-vivo-mercado-del-hoyo-desde-1963-a-pesar-de-los-malls-20140601-43188.html
8. Alsuper. (2026). Tiendas: Alsuper Niños Héroes. https://www.alsuper.mx/tiendas/