
En Chihuahua nacen hoy menos niños que antes: la fecundidad bajó a 1.2 hijas e hijos por mujer (INEGI, Encuesta Intercensal 2025). Los mexicanos se casan cada vez más tarde, a los 32.1 años las mujeres y 35.0 los hombres (INEGI, 2025a). La razón que más se repite para decidirse a no tener hijos o a tener uno solo es la económica, falta de empleo, vivienda además de la violencia y la pobreza del país o repetir patrones como la separación de sus padres.
Sin embargo, estos datos no cuentan toda la historia. Los jóvenes no han dejado de soñar con una familia: en una encuesta internacional del Fondo de Población de las Naciones Unidas aplicada en 2026, que incluyó a México, la mayoría declaró querer hijos y el 80 % señaló la alegría que traen como su principal motivación (UNFPA, 2026). El deseo está vivo; lo que hace falta es acompañarlo. Cada generación es acompañada por retos a vencer.
El amor también se aprende, una familia sólida comienza mucho antes de pensar en casarse: se construye en el noviazgo. Aprender a comunicarse, a gestionar emociones, a resolver conflictos, a manejar las finanzas, formarse como personas, como padres y en crianza positiva y tomar decisiones en pareja no es algo que se improvisa. La investigación lo confirma: un análisis de 117 estudios encontró que los programas de educación para la vida en pareja mejoran la calidad de la relación y la comunicación, sobre todo cuando incluyen varias sesiones (Hawkins et al., 2008).
Por eso en la Asociación de Familiólogos proponemos que escuelas, universidades, parroquias, iglesias y organizaciones civiles de Chihuahua ofrezcan a los jóvenes formación en noviazgo, matrimonio y paternidad: espacios para conocerse, prepararse y descubrir que el compromiso es un proyecto que da sentido a la vida. Proponemos que Gobierno implemente políticas públicas medibles con perspectiva de familia y proponemos que las empresas faciliten programas exitosos de balance trabajo-familia Los matrimonios jóvenes necesitan mentoría matrimonial que los acompañen en las primeras etapas del matrimonio y así consolidar una unión con bases sólidas y gratificantes.
La baja natalidad no es un destino inevitable. Detrás de las cifras hay muchos jóvenes que desean amar y ser amados, de construir un hogar y de dar vida. Si como sociedad los formamos para el noviazgo y el matrimonio, les damos información y los rodeamos de apoyos, muchos podrán decir con confianza: queremos formar una familia, y sí es posible.
Mtra. Osvelia Galván Gallegos
Familiólogos de Chihuahua, A.C.