Disfrutan estudiantes extranjeros del Cañón del Pegüis

Chihuahua ofrece mucho qué conocer, y para muestra solo hay que preguntarles a estudiantes del Programa de Movilidad de la Universidad Autónoma de Chihuahua, quienes, invitados por el área de Servicios Internacionales, visitaron la región de Coyame, al noreste del estado.

El fin de semana, una docena de universitarios de Brasil, Granada y Colombia, así como de los estados de Sinaloa, CDMX, Chiapas y Oaxaca, se sorprendieron con la espectacular vista del Mirador del Cañón del Pegüis, un paseo en balsa por su extensa ubicación, carne asada estilo Chihuahua y, por último, un paseo por la plaza principal de ciudad Aldama.

Servicios Internacionales realiza estas convivencias para que el alumnado goce de una perspectiva completa del estado, con actividades recreativas y de integración. Todos ellos respondieron con gran entusiasmo, reconociendo la belleza de los lugares y disfrutando del excelente sabor de la cocina regional.

El programa Amigo Internacional es hoy por hoy una de las apuestas más importantes para llegar a una internacionalización exitosa, y con estas actividades se les recuerda a los invitados que siempre serán bien recibidos en la Universidad Autónoma de Chihuahua, y que siempre serán miembros de nuestra comunidad universitaria.

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América Rangel crítica imágenes del AIFA y desata debate político

La diputada América Rangel criticó públicamente las imágenes del AIFA difundidas por Claudia Sheinbaum, señalando que, aunque pueden parecer motivo de burla, en realidad reflejan una situación “muy grave”.


Rangel acusó que cuando una figura de alto nivel difunde información que considera falsa, no se trata solo de comunicación, sino de manipulación. Además, advirtió que tolerar este tipo de prácticas implica aceptar que el poder puede mentir sin consecuencias.


Finalmente, hizo un llamado a no normalizar estos hechos, subrayando que no deben permitirse dentro de la vida pública.


Entre la placa y la copa: cuando la autoridad olvida el uniforme

La información que continúa surgiendo sobre el zafarrancho ocurrido al exterior del bar La 4 vuelve a colocar sobre la mesa un tema que incomoda, pero que no puede ignorarse: el actuar de servidores públicos encargados de la seguridad que, lejos de conducirse con responsabilidad, terminan involucrados en hechos de violencia mientras se encontraban en un entorno de consumo de alcohol.

De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

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