Por atender COVID bajaron casi 50% diagnósticos de VIH; pacientes llegan tarde

En 2020 se hicieron solo 50.8% de las pruebas para la detección de VIH de las que se realizaron en 2019. También los diagnósticos cayeron a la mitad, lo que provocó que los pacientes llegaran más enfermos a recibir atención.

La pandemia revirtió la tendencia ascendente en el diagnóstico de casos de los últimos años: mientras en 2019 se diagnosticaron 17 mil 216 casos nuevos de VIH, para 2020 ese número disminuyó a 9 mil 220, según datos del Boletín Integral de Personas que viven con VIH del tercer trimestre de 2021 y los datos del Sistema de Vigilancia Epidemiológica de VIH, ambos de la Secretaría de Salud.

A nivel nacional, 6% de las mujeres y el 38% de los hombres que acudieron a recibir atención lo hizo en peligro de fase de Sida, como se le conoce, cuando el sistema inmunitario no puede luchar contra infecciones oportunistas que atacan al organismo y pueden provocar la muerte.

Para conocer el estado de las personas cuando van a iniciar tratamiento se hace un estudio conocido como CD4, que mide los linfocitos T4 en sangre o glóbulos blancos encargados de combatir las infecciones. Cuando un paciente tiene menos de 200 CD4 ya está en una posible fase de Sida.

Al segundo trimestre del año pasado, 587 mujeres y 3 mil 347 hombres que iban a ingresar a atención médica, presentaron recuentos de CD4 menores a 200.

Carlos Magis, epidemiólogo, doctor en Salud Pública y exdirector de Atención Integral del Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH/Sida (Censida), explica que quienes no saben que tiene VIH llegan tarde a recibir atención médica y “en Sida importa mucho el diagnóstico temprano porque de lo contrario empiezan las manifestaciones de enfermedades graves, como neumonías u otras”.

Magis recalca que si en 2020 se diagnosticaron la mitad de los pacientes esperados, entonces hubo alrededor de 8 mil personas que podrían haber llegado tarde a recibir su tratamiento.

En junio de 2020, “Héctor”, nombre ficticio para proteger su identidad, quiso hacerse una prueba de COVID en la clínica 2 del IMSS, en Monterrey, Nuevo León. Pero le dijeron que no había servicio de pruebas por la pandemia. Se la hizo en un particular. Salió positivo. Regresó al IMSS para ver si le daban el tratamiento, pero le dijeron lo mismo, que no había consultas porque todo estaba concentrado en COVID. Hasta noviembre le dieron la atención y el medicamento.

“Desde entonces solo he visto al médico una vez y no me han hecho estudios de la carga viral, hasta la fecha no me los han hecho. Ya llevo un año en tratamiento y no conozco mi carga viral. Tengo el acceso al tratamiento, pero no a estudios, ni al médico y la verdad estoy muy preocupado”, relata.

Con la recuperación de los servicios de salud y la baja de casos de COVID, los números de pruebas y nuevos diagnósticos han empezado a repuntar, pero todavía de forma insuficiente.

En el segundo trimestre del 2021 hubo un aumento en el número de test de VIH aplicados, de 36%: se hicieron 789 mil 552 pruebas, mientras que en el mismo periodo de 2020: 501 mil 868.

Hasta junio de este año se detectaron 6 mil 359 nuevos casos. En cuanto al estado inmunológico en el que ingresaron las personas a atención en la Secretaría de Salud, el 26.34% obtuvieron resultados de CD4 menores a 200, 146 mujeres (15.3%) y 810 hombres (84.7%).

Los factores de la caída en el diagnóstico y la atención La disminución en las pruebas, los diagnósticos tardíos y que las personas lleguen con su salud ya muy comprometida a buscar atención médica son los resultados de un conjunto de factores, explica Adrián Quiroz, presidente y representante legal de Salud, Derechos y Justicia A.C y vocal del Consejo Nacional para la Prevención y Control del Sida (Conasida).

“La caída no se le puede atribuir solo a que las personas llegaron tarde a buscar atención, es un conjunto de factores. En la primera parte de la pandemia muchos centros hospitalarios estaban cerrados y los médicos concentrados en atender COVID. Hasta las unidades de primer nivel estaban saturadas y esas son la puerta de entrada para garantizar el diagnóstico. No había consultas de especialidades. El inicio de los tratamientos fue muy lento y hubo retrasos por los problemas con la compra de medicamentos tanto en 2020 como en 2021”, señala Quiroz.

Activistas de organizaciones de la sociedad civil basadas en entidades como Ciudad de México, Quintana Roo, Veracruz, Nuevo León y Tamaulipas, a quienes entrevistó Animal Político, coinciden en esa conjunción de factores.

Rubén Maza, presidente y fundador de It Gets Better México, basada en Nuevo León y enfocada en los temas de derechos humanos, sexuales y reproductivos y en la prevención y detección del VIH, cuenta que durante los primeros meses de la pandemia, en el Centro de Atención para la Prevención y Atención del VIH/Sida y otras infecciones de transmisión sexual (Capacits) de Monterrey, que pertenece a la Secretaría de Salud, solo daban y resurtían recetas, y atendían urgencias, pero ni siquiera había acceso al centro.

“No dejaban ni entrar a la gente a la unidad, había una especie de barricada en la entrada, hecha con dos escritorios, ahí te daban o te tomaban la receta y volvían con el medicamento. Dos organizaciones estuvimos haciendo incidencia para abrir los servicios, anduvimos en el estira y afloje con las autoridades hasta julio de 2020, hasta entonces solo estuvieron abiertos farmacia y urgencias”.

En el Capasits de Monterrey, precisa Abel Quiroga, presidente de la organización de la sociedad civil Acodemis, “se hacían 5 mil o 6 mil pruebas anuales, en 2020 cayeron hasta mil, documentamos la cifra a través de Transparencia, ahorita en 2021 ya se duplicó ese número, pero esa no puede ser la meta, falta más”.

En el IMSS pasó lo mismo, dice Maza, solo les daban las recetas y los tratamientos, “no hubo consultas y todavía hay varias clínicas, la 2, la 4, la 25 y la 67 donde las dan de forma intermitente, incluso hay personas que tiene más de un año que no les hacen estudios de carga viral y CD4, cuando se los deben hacer cada seis meses. En el ISSSTE igual documentamos falta de atención médica e incluso desabasto de antirretrovirales”.

Raúl C tuvo una infección y fue, en abril de 2021, a hacerse la prueba de VIH a un laboratorio privado. Salió positivo. Hizo cita en la Clínica 14 del IMSS, en Cancún Quintana Roo, a través de la aplicación en línea que el Seguro tiene para esto, y se la dieron hasta después de más de un mes, el 9 de junio.

En la consulta le dijeron que necesitaban hacerle tres estudios de emergencia, que los pidiera para el día siguiente, le dieron cita solo para uno, una semana después. De los otros dos le decían que ya se había enviado la solicitud y había que esperar.

Prefirió darse de baja del IMSS, tenía un seguro de estudiante, y acudir mejor a un Capasits de la Secretaría de Salud. Ahí está tomando sus consultas y el tratamiento, pero las inició hasta este octubre, casi seis meses después de que le dieron su resultado positivo.

Hugo Pérez, coordinador de Unidos Ayudando por Cancún (Unayac) dice que ante la caída en los servicios de atención y diagnóstico en esa ciudad, las organizaciones de la sociedad civil siguieron haciendo las pruebas en sus centros comunitarios, pero la vinculación de los nuevos pacientes detectados con VIH a las instituciones de salud fue complicada.

“La persona tenía que sacar su cita para el Capasits vía una aplicación o en un número 800, y sí era lenta la atención, en lo que les hacían los estudios de carga viral y CD4, tardaban hasta tres meses para acceder al tratamiento, el doble de lo normal”.

Pérez dice que en lo que va de la pandemia él se encontró con alrededor de 10 casos de personas que ya estaban en fase de Sida, “eso no es común, incluso porque las mismas organizaciones hacemos mucha detención temprana, pero ahora por resguardo también tuvimos que parar el principio de la pandemia”.

El diagnóstico y prevención que hacen las organizaciones de la sociedad civil también se ha visto afectado por el cierre de recursos que les aportaba el gobierno federal, y que dejó de canalizarse casi desde el inicio de este gobierno a todas las organizaciones de la sociedad civil, quienes ahora deben buscar fondos municipales, estatales, internacionales o de la sociedad.

Ana Karen López Quintana, representante de Tamaulipas Diversidad Vidha Trans, habla de otro problema que generó la pandemia, dejó a muchas personas sin trabajo y por lo tanto sin seguridad social. “Alrededor de 25 personas que viven con VIH nos buscaron porque se quedaron sin empleo y no podían ya seguir con sus tratamientos en el IMSS, así que tuvimos que dialogar con Censida para que los integraran al Capasits de Tampico, pero hubo un lapso de tres o cuatro meses que se quedaron sin atención y sin medicamento y también tuvimos que intervenir para que reactivaran las pruebas de carga viral y CD4”.

López Quintana también señala que llegaron personas no diagnosticadas a tiempo que ya estaban en proceso de Sida. “Llegaban al hospital con infecciones oportunistas, con neumonías, y les decían, ah, es COVID, los internaban y fallecían ahí. Eran personas de San Luis Potosí y de otros estados que llegan aquí a Tamaulipas, unos 30 deben haber sido”.

En Veracruz, Celso Pérez Ruíz, presidente de la asociación civil Tendremos Alas confirma que allá también se cerraron las consultas y los primeros meses de la pandemia tampoco se hicieron pruebas, ni exámenes de carga viral y CD4, que son muy importantes para saber en qué estado se encuentra la persona que vive con VIH, antes y durante el tratamiento. “Ahora ya los servicios se han normalizado, pero seis meses estuvo todo cerrado, solo les daban el medicamento e incluso a veces no había”.

Raúl Caporal, codirector de Casa Frida Refugio LGBTTI en la CDMX resume que el impacto de la pandemia de COVID se presenta en el diagnóstico de nuevos casos, en el apego al tratamiento y en los estudios de seguimiento.

“De por sí ya había un problema de detección tardía, pero estaba contenido, porque los servicios de salud no son amigables para las poblaciones claves en VIH. Hay, por ejemplo, gente desplazada de sus lugares de origen y les piden el INE para acceder a los servicios médicos. Ya diagnosticados tienen que esperarse a hacer el trámite de sus documentos para acceder al tratamiento. Además los horarios de atención son reducidos y los centros de atención le quedan muy lejos a la mayoría”.

De acuerdo con las cifras definitivas sobre muertes durante el año pasado, que el jueves 28 de octubre hizo públicas el Inegi, en 2020, 4 mil 573 personas fallecieron a consecuencia de la enfermedad por VIH o alguna complicación generada por ella. La tasa de defunciones registradas por cada 100 mil habitantes fue de 3.6, mientras en 2019 fue de 4.2 y en 2018 de 4.0; es decir, aún no se registra un impacto en decesos, al menos no en estas cifras, por esta causa, debido a la interrupción en los servicios de salud.

Tomado de Vanguardia

Con información de Animal Político

Por: Redacción2

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