
Como consecuencia de la guerra cristera vivida en México de 1926 a 1929, y a causa de los ataques esporádicos que perduraron durante varios años más; Chihuahua, obtuvo a su primer y único santo: Pedro de Jesús Maldonado, sacerdote asesinado en Santa Isabel y a quien se conmemora cada 11 de febrero.
Quien fuera presidente de México en ese entonces, Plutarco Elías Calles había prohibido la celebraciones litúrgicas en todo el país, hecho que conllevó a que los fieles y presbíteros vivieran los sacramentos escondidos entre los pueblos.
El 10 de febrero de 1937, miércoles de ceniza, el padre Maldonado fue arrestado junto con dos miembros de la Adoración Nocturna y tres jóvenes pertenecientes al coro y catequesis luego de oficiar una misa en un granero.
En un principio, amenazaron al padre de quemarlo vivo; sin embargo, no se atrevieron debido a la multitud que rodeaba al presbítero. Debido a esto, se llevaron a todos los detenidos a la Presidencia Municipal de Santa Isabel, lugar donde el padre fue golpeado por varias personas de gobierno que ya antes habían intentado matar al sacerdote.
Debido a la brutal golpiza que le propinaron con los rifles, el padre quedó con graves heridas sobre todo en la cabeza, ya que le fracturaron el cráneo con los rifles.
Luego de eso, fue arrastrado al segundo piso donde lo continuaron torturando, mientras que a las demás personas arrestadas las encerraron en otro cuarto.
El sacerdote había podido resguardar hostias consagradas que sobraron en la misa, por lo que los agresores le gritaban que soltara lo que llevaba en su pecho mientras gritaban blasfemias; al ver que nada de lo que hacían lograba que él dejara las hostias, razón por la que los verdugos optaron por cortarle los tejidos de la mano con un cuchillo sin importar que ya lo hubieran dejado sin dientes, con el cráneo fracturado, la cara desfigurada y con severas lesiones en el cuerpo. Ante esta última acción por parte de los agresores, las Hostias terminaron cayendo al suelo y fue hasta entonces que los hombres dejaron en paz al padre Maldonado.
En total, la tortura duró alrededor de 16 horas y fue a las 3 de la mañana del 11 de febrero que alguien llamó a una ambulancia y el Pedro de Jesús fue trasladado a la ciudad de Chihuahua al hospital Central.
Una hora más tarde, recibió en el nosocomio la Unción de los enfermos por parte de otro sacerdote, y al momento en que el médico le quitó la ropa, encontró una Hostia pegada a su brazo izquierdo y fue hasta el momento en que la desprendieron y se la entregaron al Obispo que el padre Maldonado sonrió y expiró.