
La ex candidata a la dirigencia nacional del PAN, Adriana Dávila señaló que el Partido Acción Nacional que debería ser alternativa en medio de tanta crisis, polarización y desconfianza no puede permitirse reformas a medias.
Asegura que el mensaje que se envía en la asamblea nacional es tibio: continuidad maquillada, más que cambio verificable.
Tres mensajes claros pudieron haberse enviado.
El primero a los ciudadanos, que este partido no imita los vicios del poder, que se somete a controles más altos que los que exige afuera.
El segundo a la militancia, que su voto interno cuenta que sus derechos no dependen de la simpatía de una dirigencia.
Y el tercero a quienes aspiran, que las reglas son iguales para todos, sin atajos ni excepciones.
Mensajes que se diluyen porque las piezas clave quedaron fuera y cada ausencia pesa como una advertencia.
"Alianzas a espaldas de la militancia, se mantiene la discrecionalidad para pactar sin consulta. Se pidió un filtro 6 de 6, con sanciones claras, lo que quedó son alusiones ambiguas, una sola militancia con derechos plenos. En vez de igualdad, se abre la puerta a militancias de primera y de segunda. Procesos internos confiables. Se exigió voto secreto, debates obligatorios, auditoría independiente. Lo que se presentará y aprobará son reglas incompletas. Dirigencias de tiempo completo y alternancia de género real. Se pidió que no haya multiplicidad de cargos y alternancia de género simétrica. Y lo que quedó son privilegios intactos para quienes están y continúan al frente.
Segura que la reforma exhibe más continuidad que renovación.