Fallece mujer de 73 años herida en descarrilamiento del Tren Interoceánico: van 14 muertos

La Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) confirmó este jueves el fallecimiento de Hilda Alcántara Alvarado, una mujer de 73 años que resultó gravemente lesionada en el accidente ferroviario del Tren Interoceánico ocurrido el pasado 28 de diciembre en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Con esta muerte, el saldo de víctimas fatales asciende a 14, de acuerdo con informes oficiales de la Secretaría de Marina (Semar) y la propia CEAV.

El deceso se registró en el Hospital Regional de Alta Especialidad del IMSS Bienestar, donde la paciente recibía atención especializada tras ser trasladada desde la Clínica Hospital Tehuantepec del ISSSTE.

Alcántara Alvarado, originaria de la región y abuela de la niña Elena Solorza –quien también perdió la vida en el siniestro a los aproximadamente 6 años de edad–, fue una de las personas hospitalizadas con heridas graves tras el descarrilamiento. De acuerdo con el comunicado de la CEAV, la víctima recibió procedimientos quirúrgicos de urgencia y atención médica integral durante su estancia hospitalaria.

La institución expresó su "más sincera solidaridad" con la familia y reiteró su compromiso de brindar acompañamiento integral, incluyendo apoyo psicológico, legal y social, conforme a los protocolos establecidos en la Ley General de Víctimas.

El accidente del Tren Interoceánico, un proyecto insignia del gobierno federal que conecta los océanos Atlántico y Pacífico a través del Istmo de Tehuantepec, ocurrió cerca de la estación Nizanda en la Línea Z, dejando inicialmente 13 muertos y alrededor de 100 lesionados.

Las autoridades, incluyendo la Fiscalía General de la República (FGR), continúan investigando las causas, que podrían involucrar factores como exceso de velocidad o fallas en el mantenimiento de las vías.

Este suceso ha generado críticas sobre la seguridad de los megaproyectos ferroviarios en México, como el Tren Maya, y ha resaltado la necesidad de mayor transparencia en la operación de infraestructuras.

 

Con información de Proceso

Tips al momento

La carretera donde manda el miedo

No fue una sorpresa, fue una confirmación, la vía corta a Parral cerró el año no con operativos, ni con detenciones, ni con resultados, sino con familias despojadas de sus vehículos a plena luz del día. 

Exactamente lo contrario a lo que se supone debe garantizar el Estado.

Días antes, la Fiscalía General del Estado habría emitido un mensaje dirigido a paisanos y viajeros que regresan de Estados Unidos durante la temporada decembrina: eviten circular por esta carretera, sobre todo de noche. 

El aviso, lejos de transmitir seguridad, reconocía implícitamente que la autoridad perdió el control de ese tramo carretero.

Pero la realidad fue todavía más cruda, los robos no ocurrieron de madrugada ni en la oscuridad, ocurrieron al mediodía, cuando el sol estaba en lo alto y el tránsito era constante. 

Entonces queda claro que el problema no es el horario, sino la impunidad.

Hoy la lógica oficial parece invertida: en lugar de perseguir a los criminales, se advierte a los ciudadanos que no transiten; en lugar de recuperar el territorio, se normaliza el abandono. 

¿El siguiente paso será pedirle a la gente que no viaje ni de día? ¿Cerrar carreteras para que los delincuentes operen con mayor comodidad?

Lo más grave es que no se trata de grupos invisibles, en la región es un secreto a voces quiénes operan, cómo lo hacen y por dónde se mueven. 

A ciencia cierta y a vista de todos las autoridades saben quiénes son, pero la respuesta sigue siendo el silencio, la omisión y el comunicado tibio.

Mientras tanto, la carretera corta a Parral ya no es solo una vía de comunicación, es un símbolo del Estado rebasado, donde el miedo dicta las reglas y el ciudadano carga con la responsabilidad de cuidarse solo.

Aquí no falla la advertencia. Falla el Estado.

Tips al momento

La carretera donde manda el miedo

No fue una sorpresa, fue una confirmación, la vía corta a Parral cerró el año no con operativos, ni con detenciones, ni con resultados, sino con familias despojadas de sus vehículos a plena luz del día. 

Exactamente lo contrario a lo que se supone debe garantizar el Estado.

Días antes, la Fiscalía General del Estado habría emitido un mensaje dirigido a paisanos y viajeros que regresan de Estados Unidos durante la temporada decembrina: eviten circular por esta carretera, sobre todo de noche. 

El aviso, lejos de transmitir seguridad, reconocía implícitamente que la autoridad perdió el control de ese tramo carretero.

Pero la realidad fue todavía más cruda, los robos no ocurrieron de madrugada ni en la oscuridad, ocurrieron al mediodía, cuando el sol estaba en lo alto y el tránsito era constante. 

Entonces queda claro que el problema no es el horario, sino la impunidad.

Hoy la lógica oficial parece invertida: en lugar de perseguir a los criminales, se advierte a los ciudadanos que no transiten; en lugar de recuperar el territorio, se normaliza el abandono. 

¿El siguiente paso será pedirle a la gente que no viaje ni de día? ¿Cerrar carreteras para que los delincuentes operen con mayor comodidad?

Lo más grave es que no se trata de grupos invisibles, en la región es un secreto a voces quiénes operan, cómo lo hacen y por dónde se mueven. 

A ciencia cierta y a vista de todos las autoridades saben quiénes son, pero la respuesta sigue siendo el silencio, la omisión y el comunicado tibio.

Mientras tanto, la carretera corta a Parral ya no es solo una vía de comunicación, es un símbolo del Estado rebasado, donde el miedo dicta las reglas y el ciudadano carga con la responsabilidad de cuidarse solo.

Aquí no falla la advertencia. Falla el Estado.

Notas recientes