
Mucha reticencia ha causado la iniciativa de reforma electoral presentada por la Presidenta Claudia Sheinbaum al Congreso de la Unión, incluso desde antes que se conociera puntualmente el contenido de la misma.
Habría que comenzar señalando que la propuesta obedece, desde sus orígenes, a un legítimo reclamo en relación con el elevado gasto que representa la democracia en nuestro país; tanto en el financiamiento otorgado a los partidos políticos, como en los gastos operativos de las autoridades electorales. Es por ello que la propuesta contempla recortes muy pertinentes en estos rubros.
El ahorro significativo se traduce indudablemente en mayores recursos para generar bien público en otras áreas prioritarias para la sociedad.
El punto que más revuelo ha causado se encuentra en los cambios relativos a la representación proporcional en el Congreso de la Unión. Por una parte, se plantea eliminar a los senadores plurinominales y, por otra, redistribuir las 200 curules de la Cámara de Diputados que actualmente no se eligen de manera directa en los distritos electorales. Estas se asignarían ahora a los llamados “mejores perdedores” de cada distrito, así como mediante una boleta destinada a elegir perfiles por cada circunscripción electoral, atendiendo a reglas de paridad de género.
¿Qué implica lo anterior? En teoría las “pluris” buscaban la diversidad en la representación de todas las fuerzas políticas al interior del Congreso, en la práctica y con el tiempo estas posiciones se volvieron meras fichas de cambio en donde las cúpulas partidistas filtraban perfiles de toda índole, incluyendo a impresentables, solo para cumplir favores y caprichos políticos, así como asegurar su continuidad en el entorno público dejando la representatividad en un segundo término.
En ese sentido, cada diputación y cada senaduría se ganará de frente a la ciudadanía como lo marca una verdadera democracia; a través de propuestas, quemando suela en territorio y dando la cara y el nombre a la gente para conseguir el voto
Esta decisión empuja a que ahora cada partido, incluido el oficialista, depure sus cuadros internos y promueva la candidatura de figuras realmente cercanas a la gente y con una trayectoria impecable, con la intención de que ello se traduzca en un voto en la urna.
Con esto en mente, uno puede comprender el revuelo generado, ya que se tocan fibras (no solo en los bolsillos sino en el poder) de distintos grupos que a través de décadas han lucrado y perpetuado su presencia en el sistema a través de las viejas reglas de juego vigente, sobrellevando su existencia como simples mercenarios del momento político.
Podemos anticipar resistencia, pero más allá del resultado, la iniciativa servirá para retirar máscaras y vendas a distintos actores políticos; por lo pronto la Dra. Sheinbaum ha cumplido su palabra al presentar una iniciativa necesaria y sana para el contexto democrático que vive el país, una que mueve el tapete y sacude las telarañas de viejas costumbres políticas.
La Nación le demandará a aquellos que buscan conservar sus privilegios, tal como juraron al tomar protesta.