
Por, Estela Valles Baeza
Solemos festejar de manera especial a nuestros niños en este último día 30 de abril, incluso nos felicitamos los mayorcitos por el “niño que todos llevamos dentro”. Ciertamente que la mayoría quisiéramos volver a esa etapa de la vida, sobre todo, cuando fue satisfactoria.
En este día especialmente no nos queda nada mal recordar: Que un niño representará siempre, esperanza, alegría, motivación para esforzarnos por ser mejores y sobre todo, tomar la firme decisión de darnos. De morir un poco a nosotros mismos por el bien de alguien más.
Un niño representa un proyecto nuevo a largo plazo. Un proyecto lleno de sorpresas y de retos, sobre todo; retos que nos llevan a crecer y madurar. Porque ya no seremos los mismos, si nos atrevemos con valentía a acompañar a esos pequeños a crecer. A crecer en todos los aspectos de su vida; físico, intelectual y moralmente, pero sobre todo espiritual. Así como colaborar a que sean capaces de integrarse sanamente en su propia familia y en la sociedad.
Ese acompañamiento se transforma en un crecimiento no sólo de esos niños, sino también de nosotros mismos, porque ya no se vive sólo para sí mismo, sino se contempla el misterio del otro, que representa a un ser único que viene a aportar a todos, nuevas cosas, que no pudimos ni imaginar cuando lo vimos llegar.
Qué difícil es respetar su individualidad, sin querer imponer nuestras propias preferencias para su destino. En el acompañar con respeto se van descubriendo los dones tan especiales que aporta cada pequeño. Y buena encomienda es guiarlo y facilitarle todo lo que requiere, para que esas dotes se desarrollen lo mejor posible. Para que llegue a ser una persona de bien para sí mismo y para los demás. Para que logre la plenitud de su desarrollo en todos los ámbitos de su vida.
Sí, ciertamente todo ésto es un reto que se puede asumir o evadir, podemos o no, intervenir o participar en el acompañamiento de esa nueva vida. Pero de eso depende, que a través de los años, nos sintamos realizados conjuntamente, o vacíos e insatisfechos.
Qué bien está ofrecer fiestas, regalos y dulces en este día tan especial para los pequeñines. Mejor es, ofrecer tiempo, respeto y dedicación continua, para que esos pequeños puedan crecer y desarrollarse y que siempre puedan decir a los demás: “Felicidades por ese niño que todos llevamos dentro”.
Con referencia a la Convención sobre los Derechos del Niño aprobado por la ONU el 20 de noviembre de 1989 quiero poner especial atención en este artículo:
Artículo 6
1. Los Estados Partes reconocen que todo niño tiene el derecho intrínseco a la vida.
2. Los Estados Partes garantizarán en la máxima medida posible la supervivencia y el desarrollo del niño.
Si quieres ampliar más sobre esta Convención, te dejo el link, para que con calma puedas leerlo:
https://www.ohchr.org/es/instruments-mechanisms/instruments/convention-rights-child