
La guerra en Oriente Medio continuaba en múltiples frentes el lunes: Estados Unidos e Israel atacaron objetivos militares en la capital iraní, Israel intensificaba su campaña contra combatientes de Hezbollah en Líbano e Irán respondía con un ataque con drones que obligó al cierre temporal del aeropuerto de Dubái.
Los temores a una crisis energética mundial persistían, aun cuando un pequeño número de barcos pasaba por el estrecho de Ormuz, una vía marítima vital por donde normalmente se transporta una quinta parte del petróleo mundial.
Los ataques iraníes contra buques comerciales en y alrededor del estrecho —e incluso la sola amenaza de esos ataques— han ralentizado el transporte marítimo allí. Eso ha elevado drásticamente el precio del petróleo y ha puesto presión sobre Washington para hacer algo que alivie el golpe que están sintiendo los consumidores y la economía mundial.
El crudo Brent, el referente internacional, se mantuvo por encima de los 100 dólares por barril el lunes. El presidente Donald Trump dijo que ha exigido a media docena de países que envíen buques de guerra a fin de mantener abierto el estrecho de Ormuz. Pero hasta ahora sus llamados no han obtenido compromisos.
El ministro iraní de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, dijo sobre el estrecho: “Desde nuestra perspectiva está abierto” — sólo que no para Estados Unidos, Israel y sus aliados. En redes sociales, Araghchi también calificó de “delirantes” las afirmaciones de que su país podría estar buscando un fin negociado de la guerra. Señaló que Irán no buscaba ni una “tregua ni conversaciones”.
Desde que Estados Unidos e Israel atacaron a Irán hace más de dos semanas, Teherán ha estado disparando con regularidad drones y misiles hacia Israel, hacia bases estadounidenses en la región y a la infraestructura energética de los países árabes del golfo Pérsico.
Con información de Proceso