
La Semana Santa es uno de los periodos más importantes para millones de fieles católicos en México. Dentro de esta conmemoración, el llamado Sábado de Gloria conocido formalmente como Sábado Santo ocupa un lugar especial por su profundo significado espiritual y las tradiciones que lo rodean en el país.
El Sábado Santo representa la vigilia previa a la resurrección de Jesucristo. De acuerdo con los evangelios, Jesús murió crucificado el Viernes Santo, por lo que este día simboliza el momento en que su cuerpo permanece en el sepulcro y, según la tradición, su descenso al lugar de los muertos antes de vencer a la muerte.
Para la Iglesia católica, se trata de una jornada de luto, recogimiento y reflexión. No se celebran misas durante el día, los templos permanecen en silencio y únicamente se permiten sacramentos como la confesión y la unción de los enfermos. Es un tiempo dedicado a meditar sobre el sacrificio de Cristo, así como el dolor de la Virgen María, pero también sobre la esperanza de la resurrección.
Aunque popularmente se le sigue llamando Sábado de Gloria, el nombre correcto es Sábado Santo. El término “de Gloria” proviene de una antigua tradición en la que la Vigilia Pascual se realizaba durante el día sábado, momento en el que repicaban las campanas anunciando la resurrección. Sin embargo, tras la reforma litúrgica impulsada por el papa Pío XII en 1955, esta celebración se trasladó a la noche. Posteriormente, Juan Pablo II reforzó el uso del nombre Sábado Santo para destacar su carácter de silencio y duelo.
Al caer la noche, se lleva a cabo la Vigilia Pascual, considerada la celebración más importante del calendario católico. Esta ceremonia marca el tránsito del luto a la alegría por la resurrección de Cristo y se divide en cuatro momentos: la bendición del fuego, la liturgia de la palabra, la liturgia bautismal y la liturgia eucarística.
En México, esta fecha combina el sentido religioso con diversas expresiones populares. En distintas comunidades aún se realizan procesiones, actos de fe, ayunos y momentos de oración en familia. Una de las tradiciones más conocidas es la de arrojarse agua, los llamados “cubetazos”, que tienen su origen en prácticas de purificación tras días de abstinencia.
Con el paso del tiempo, esta costumbre adquirió un carácter más festivo; sin embargo, en años recientes ha disminuido debido a la conciencia sobre el cuidado del agua y a las restricciones para evitar su desperdicio. Actualmente, muchas familias optan por actividades más moderadas, como reuniones o salidas recreativas.
El Sábado Santo es, en esencia, un momento de pausa: entre la muerte y la vida, entre el dolor y la esperanza. Más allá de las tradiciones, esta fecha invita a reflexionar, guardar silencio y renovar la fe en espera del mensaje central del cristianismo: la vida que vence a la muerte.
Durante el Sábado de Gloria, las personas acostumbra mojarse como forma de celebrar la víspera de la resurrección de Jesús, como una forma de purificar los pecados.
Para la Iglesia católica, el significado de mojarse se remonta a la Edad Media, época en la que se empezó a creer que el agua es un elemento de purificación. Tanto, que en ese entonces los fieles tenían prohibido bañarse en Semana Santa debido a que era considerado un pecado.
Durante el Sábado de Gloria hace reflexión sobre la pasión y fallecimiento de Jesús. Luego del duelo y luto por su muerte, se realiza la Vigilia Pascual, que recuerda su triunfo sobre la muerte.
Aunque muchos tienen agradables recuerdos de un mojado Sábado de Gloria en su colonia, hacerlo en la actualidad puede traer problemas, pues es considerado una falta cívica que deriva en multas o trabajo comunitario.
En este caso, el Gobierno de la Ciudad de México informó que las multas por el desperdicio de agua serán de entre 11 mil y 33 mil pesos. De igual manera, podrán enfrentar un arresto de 24 horas o trabajo comunitario. Esto debido a la crisis de agua que se han presentado en los últimos años.
Incluso habrán operativos especiales en las alcaldías: Iztapalapa, Tlalpan y Gustavo A. Madero.