Cuatro jóvenes salen ilesos tras aparatosa volcadura en las curvas del Perico

Una volcadura registrada en las conocidas curvas del Perico, sobre la carretera a Juárez, dejó como saldo únicamente daños materiales, luego de que los cuatro jóvenes que viajaban en el vehículo resultaran ilesos.
 

El percance ocurrió a la altura del kilómetro 4, cuando el conductor de un automóvil Volkswagen Gol de color blanco perdió el control de la unidad al circular presuntamente a exceso de velocidad, lo que provocó que el vehículo saliera del camino y terminara volcado sobre el toldo.
 

De acuerdo con los primeros reportes, los ocupantes del automóvil regresaban del parque recreativo Diver Splash cuando ocurrió el accidente.

Automovilistas que pasaban por el lugar localizaron a un bombero sobre la carretera Panamericana y le informaron sobre la volcadura, por lo que el elemento acudió a brindar apoyo.
 

Minutos después arribaron paramédicos de Rescate Urbano de la Cruz Roja, quienes revisaron a los jóvenes en el lugar, determinando que no presentaban lesiones de consideración, por lo que no fue necesario su traslado a un hospital.
 

Autoridades informaron que se esperaba la llegada de personal de la Guardia Nacional para llevar a cabo el peritaje correspondiente y deslindar responsabilidades, mientras el vehículo fue retirado del sitio.

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América Rangel crítica imágenes del AIFA y desata debate político

La diputada América Rangel criticó públicamente las imágenes del AIFA difundidas por Claudia Sheinbaum, señalando que, aunque pueden parecer motivo de burla, en realidad reflejan una situación “muy grave”.


Rangel acusó que cuando una figura de alto nivel difunde información que considera falsa, no se trata solo de comunicación, sino de manipulación. Además, advirtió que tolerar este tipo de prácticas implica aceptar que el poder puede mentir sin consecuencias.


Finalmente, hizo un llamado a no normalizar estos hechos, subrayando que no deben permitirse dentro de la vida pública.


Entre la placa y la copa: cuando la autoridad olvida el uniforme

La información que continúa surgiendo sobre el zafarrancho ocurrido al exterior del bar La 4 vuelve a colocar sobre la mesa un tema que incomoda, pero que no puede ignorarse: el actuar de servidores públicos encargados de la seguridad que, lejos de conducirse con responsabilidad, terminan involucrados en hechos de violencia mientras se encontraban en un entorno de consumo de alcohol.

De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

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