
Antes nos daban frijol con gorgojo. Hoy la realidad es peor, ya ni para el frijol les alcanza, puro gorgojo nos dejan.
México está viviendo un aumento de precios de los alimentos, es decir, lo mas básico y lo que todos los mexicanos pagamos. En ese sentido, el aumento que más preocupa es el de la tortilla, que ya supera los 30 pesos, una señal clara de que algo no está bien, porque justamente no estamos hablando de un lujo, estamos hablando de uno de los alimentos más importantes para millones de familias.
Cuando lo básico se vuelve caro o cuando lo necesario empieza a faltar, es cuando más se siente el golpe. Por eso muchos dicen que la subida de precios es el impuesto más injusto que existe. Nadie lo vota, el gobierno no lo anuncia, pero todos los mexicanos lo pagamos. Porque se paga en el mercado, en la tienda y en cada comida.
Y contrario a lo que muchos piensan, no es solamente por el mercado “neoliberal” ni por el “pasado corrupto”. Justamente es por consecuencia de decisiones en los ulitmos años, porque cuando se deja de apoyar al campo, cuando se abandona a quienes producen los alimentos, cuando se deja de invertir en lo que realmente importa, el resultado es menor producción y precios más altos.
Mientras tanto a nosotros nos toca hacer cuentas para ver cómo nos alcanza, y la respuesta del gobierno no es corregir el rumbo, sino pedirle a la gente que se ajuste. Que compre menos, que consuma menos, que se conforme con lo que hay. Como si el problema fueran los mexicanos y no quien toma las decisiones.
Por eso tiene tanto sentido esa idea que circuló hace poco en redes sociales, cuando el gobierno empieza a decirte cómo vivir con menos es porque ya dejó de pensar en cómo ayudarte a vivir mejor. Lo que estamos viendo, ya para sorpresa de unos pocos, es un gobierno que se acostumbró a administrar la escasez en lugar de combatirla. Un gobierno que normaliza que la gente tenga menos en vez de trabajar para que tenga más.
Y este problema no es solo economico, de hecho, ya habian brindado muchisimas señales, porque cuando el gobierno pierde de vista el valor de la vida digna, cuando se impulsan políticas que relativizan la vida misma, como el aborto o la eutanasia, queda claro que ya no hay interés en mejorar la vida de las personas, sino en que simplemente se acostumbren a vivir con menos.
México no necesita un gobierno que enseñe a resistir la pobreza. Necesita un gobierno que la combata. Que apoye al campo, que impulse la producción y que garantice que lo básico vuelva a ser accesible.
Porque el problema no es comer frijol. El problema es que cada vez cuesta más hacerlo. Y eso sí tiene responsables.