
Por: Oscar A. Viramontes Olivas
En las faldas del Cerro Grande de Chihuahua, se yergue una casona blanca de techos altos y nueve cuartos, hoy semiderruida y cubiertos de escombros y donde en las primeras décadas del siglo XX, aquella vivienda, rodeada de extensas huertas y atravesada por arroyos naturales, albergaba a una familia de agricultores inmigrantes, dedicados al riego y cultivo, aprovechando un manantial del cerro “un ojo de agua” que brotaba en la cumbre y otro en la ladera poniente, para mantener un oasis vegetal en medio de la aridez semidesértica; los descendientes de esa familia oriental, impusieron un aire muy particular al lugar, según relatos, adornaron la fachada con banderas rojas y ornamentos “de estética oriental”, hasta convertirlo en algo parecido a un pequeño “templo chino”
Este toque exótico en la arquitectura contrastaba con las casitas de adobe circundantes y alimentó el nombre con que pronto sería conocida: “La Casa de los Chinos”, de hecho, fue así como los locales comenzaron a referirse con un término ya discriminatorio al hogar de aquella familia inmigrante; en ese tiempo, la casa de construcción sencilla pero robusta, era centro de una pequeña finca agrícola que proveía verduras y frutas a la ciudad, ilustrando el papel de los migrantes chinos como “agricultores expertos” que cultivaban las huertas periféricas de la ciudad de Chihuahua; con el paso del tiempo la casa perdió puertas y ventanas, pero conservaba aun restos de sus antiguos ornamentos asiáticos, en la primera mitad del siglo XX, la familia china que habitaba la mansión, vivió allí hasta que estalló la Revolución Mexicana y a finales de 1913 y principios de 1914, se desató en el norte de México un fuerte sentimiento nacionalista con políticas xenófobas por parte de Francisco Villa, entonces gobernador de Chihuahua, quien promulgó decretos que afectaron a inmigrantes, en su Manifiesto a la Nación de agosto de 1914 prohibió a chinos y estadounidenses poseer tierras.
Aunque pocos años después ordenó protegerlos para mantener la producción alimentaria, los efectos sociales fueron violentos; se sabe que miles de chinos fueron expulsados o huyeron de la zona ante las agresiones y en ese ambiente de odio, la casa de Villa Juárez quedó deshabitada bajo sospecha y para los vecinos, la única explicación plausible era que los “chinos” habían sufrido un destino trágico, de hecho, la versión más difundida afirma que durante algún enfrentamiento revolucionario o asalto, la familia fue atacada violentamente y según la leyenda de la región, los bandidos o soldados villistas sacaron del inmueble a los chinos y los asesinaron sin piedad, para después colgar sus cadáveres de los naranjos que ellos mismos habían sembrado. Los relatos dicen: “Una familia de agricultores chinos… fueron brutalmente masacrados… colgaron los cuerpos inertes de las víctimas… de los árboles de la propiedad”. Esta imagen macabra donde los cuerpos oscilando entre las ramas, como advertencia racista, circuló de boca en boca y marcó para siempre el lugar.
Aunque ningún documento histórico oficial confirma esos hechos, la historia quedó grabada en la memoria local, pues el sitio fue llamado entonces la “Casa de los Chinos”, más por esa versión trágica que por el origen real de sus ocupantes, y empezó a murmullarse que el viento helado por las noches traía lamentos y susurros que provenían del antiguo patio. Con el tiempo, el inmueble se popularizó con otro nombre: “la Casa Matusita”, ese apodo no proviene de nada en Chihuahua, sino de un mito legendario peruano, donde en Lima, Perú, existe una casa muy famosa por su supuesta maldición llamada “Matusita”, célebre en historias de fantasmas latinoamericanas, en cambio, los chihuahuenses adoptaron el mote como sinónimo de lugar embrujado y donde el antiguo fotógrafo y guía turístico, Adrián Berrios, señala que “la cultura popular de Chihuahua, adoptó el nombre para designar a su propia casa encantada”. Así, el sobrenombre “Matusita”, anteriormente ajeno a estas tierras, acabó ligado a la Casa de los Chinos; aun así, entre los lugareños, perdura el relato de los oriundos, un emigrado de Rusia que compró el sitio en los años 50, resumió la tragedia así: “Los chinos partieron con su memoria”, tratando de decir que fueron quitados de ahí, y en el habla popular, se suele contar el episodio con dramatismo: “Dijeron que sólo lograron ver sangrar a los nuestros, cuando vinieron a matarlos”.
Otro elemento del mito chihuahuense es el “ojo de agua” situado cerca de la casa, aquella fuente natural (un pequeño manantial) que servía, según el relato local, para el riego de la finca; se cree que hasta Villa conocía ese manantial y la tradición dice que, los revolucionarios usaron ese lugar para ocultar riquezas; existe además, la leyenda de un tesoro revolucionario enterrado en las entrañas del Cerro Grande, de hecho, los historiadores del folclore mencionan que, “el mismo Centauro del Norte… utilizaba este lugar como ‘caja fuerte’ para ocultar sus botines de guerra”. Cuentan que aventureros de la conquista española, también escondieron metales preciosos bajo enormes rocas, y que 300 kilos de oro puro reposarían sin descubrir bajo el cerro. Aunque jamás aparecieron verdaderas pruebas, esas historias atraen a buscadores de tesoros hasta hoy, sin embargo, algunos han cavado junto al manantial y en las cuevas cercanas, dañando aún más lo poco que quedaba de la antigua casona, convencidos de que allí Villa enterró su fortuna, tal entusiasmo por el tesoro, sólo alimenta el aura mítica del lugar, y refuerza la idea de que “la Casa Matusita” guarda secretos prohibidos.
Con los años, la propiedad cayó en el abandono total; el tiempo y el vandalismo reciente han destrozado lo que la Revolución no alcanzó; hoy sólo quedan muros desconchados, cañerías perforadas y basura regada por doquier. Varias fuentes señalan que en 2025 y 2026, la zona volvió a las noticias, ya que, senderistas y vecinos reportaron hallazgos macabros cerca de la casona, por ejemplo, en marzo de 2025, la policía halló en una troca cercana un cráneo y una columna vertebral humanos, presuntamente arrastrados hasta allí por la fauna local después de largo tiempo enterrados. Ese mismo día, la Fiscalía confirmó haber ubicado restos óseos completos en un punto del cerro, lo cual, reavivó el temor de los habitantes y en junio de 2025, otro caminante encontró una osamenta en estado muy avanzado cerca de la casa, la escena del hallazgo fue acordonada como posible escena de un crimen.
Estos sucesos recientes, aunque explicables en términos forenses, han teñido de dolor la leyenda, ahora, la Casa de los Chinos es vista no sólo como sitio embrujado, sino como “lugar lúgubre y peligroso” en el imaginario urbano. A pesar de su historia trágica, la Casa de los Chinos sigue siendo un monumento no declarado pero presente en la memoria colectiva; representa la resiliencia de la migración china que alimentó a Chihuahua hace un siglo, sin embargo, los escasos documentos notariales revisados en los archivos estatales indican que la propiedad estuvo registrada a nombre de extranjeros solo hasta 1914, cuando debieron abandonarla o perderla. Posteriormente pasó de mano en mano, siempre en el olvido de las autoridades, hoy, como señala un cronista local: “Lo que el tiempo no destruyó, lo destruyó la desidia; las paredes agrietadas y el techo desplomado, son la crónica silenciosa de esas vidas truncadas”. En un intento por rescatar su legado, historiadores y arquitectos, han usado inteligencia artificial para reconstruir virtualmente cómo pudo haber sido la finca original; en esas recreaciones, se ven corredores adintelados y jardines prolijos bajo la sombra del cerro; remembranzas fugaces de un pasado, donde la Casa de los Chinos fue una huella de cultura asiática y esfuerzo agrícola en Chihuahua. En síntesis, la leyenda de la Casa de los Chinos conjuga la realidad de la migración y la violencia xenófoba con el dramatismo del relato popular…esta crónica continuara.
“La Casa de los Chinos”: entre memoria, tragedia y leyenda en el Cerro Grande”, forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos. Si desea la colección de libros “Los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua”, tomos del I al XIII, adquiéralos en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111) y si está interesado en los libros, mande un WhatsApp al 614 148 85 03 y con gusto le brindamos información.