
La Industria Manufacturera, Maquiladora y de Servicios de Exportación ha demostrado, durante casi 60 años de presencia en México, ser un sector cumplido con sus diversas obligaciones. Sus empresas se esfuerzan en cumplir con sus compromisos fiscales, aportando de manera significativa a la recaudación nacional; laborales, al registrar más de 2.5 millones de empleos formales en el IMSS; ambientales, adaptando sus procesos a normativas de sustentabilidad; y de comercio exterior, garantizando el flujo ordenado de mercancías en las cadenas globales de valor y el pago de aranceles. Este decidido compromiso los registra como el sector más importante de la economía mexicana.
Pero no solo es cumplimiento, generación de empleos y divisas, sino que ha sido un importante transmisor de metodologías para la implementación de sistemas de gestión de calidad, vitales para que esta industria cumpla con estándares globales y pueda entrar a varios mercados internacionales.
Durante estos años de presencia, este sector ha sido también detonante de grandes generaciones de ingenieros. En alguna ocasión destacamos la participación de algunos líderes que llegaron a ser vicepresidentes en importantes empresas de manufactura en Estados Unidos.
Es una industria que aporta en muchos sentidos; pero cuenta con una importante deuda moral con el industrial nacional. El tema es el incremento de la integración nacional, que de forma sencilla se entiende como un producto que cuenta con materiales, mano de obra o servicios del país. Es decir, comprar mayores insumos a empresas nacionales para el producto final de exportación. Digámoslo claro: la maquiladora en México depende mucho de la proveeduría del extranjero.
Una muestra del impacto económico que ya se genera en el país, es la derrama que producen las compras indirectas de las empresas IMMEX a pymes locales: papelerías, servicios de mantenimiento, seguridad y limpieza. “Son compras necesarias para operar, pero no forman parte del producto final”. Ahora bien, el verdadero desafío está en trasladar esa relación hacia la proveeduría directa: “insumos y componentes nacionales integrados en el producto final”. El beneficio sería mucho mayor y representaría un impulso decisivo para la industria mexicana.
Entonces: genera empleo, sí; es un sector cumplido con sus obligaciones, también; pero nos ha quedado a deber en la integración de proveeduría, totalmente. Pero ¿Tendremos responsabilidad nosotros de que la IMMEX tenga esta deuda con la industria nacional?
En China se exige a la empresa extranjera asociarse con empresas locales y comprar insumos nacionales, especialmente en manufactura y tecnología. También en India, los sectores de defensa, energía solar y telecomunicaciones buscan desarrollar su industria local obligando a usar componentes hechos en su país.
¿Qué nos ha faltado? En la otra mesa del café dirían que es culpa de la “maquila”, pero tal vez en esta ocasión sería decir algo distinto. La oportunidad ha estado ahí, pero no hemos estado listos para participar en esta liga.