
Hay plagas que no llegan con fiebre, sino con aplausos. No arrasan ciudades de inmediato, sino que primero seducen conciencias. Así ha operado el populismo: como una infección lenta que se disfraza de redención, pero que termina inevitablemente devorando las libertades desde dentro.
El populismo no distingue ideologías: muta, se adapta y se infiltra. Ha tomado forma en el autoritarismo carismático de Hugo Chávez y su herencia devastadora en Nicolás Maduro; en el discurso polarizante de Rafael Correa; en la narrativa de poder concentrado que hemos presenciado en México con Andrés Manuel López Obrador; y también en expresiones que, desde otra trinchera ideológica, han sacudido democracias como las de Donald Trump, Jair Bolsonaro o Javier Milei.
Se trata de una lógica de poder sin límites. De líderes que necesitan enemigos para sobrevivir, que desprecian las instituciones porque estorban a su voluntad, que reducen la complejidad del país a consignas y aplausos. El resultado es siempre el mismo: división, confrontación y una erosión permanente de las libertades.
México no ha sido la excepción. Hemos visto cómo el populismo promete justicia mientras concentra poder; cómo invoca al pueblo mientras debilita las reglas que lo protegen. Combatir al populismo no es una postura ideológica: es un acto de defensa. Es resistir contra la pérdida de libertades, contra la normalización del abuso, contra la tentación autoritaria que avanza disfrazada de voluntad popular.
Por eso nace mi libro Populismo Maldito, como una advertencia urgente. Como una guía para identificar, entender y resistir el avance de esta plaga que ha marcado a nuestro continente y que hoy amenaza con normalizar lo inaceptable.
Hoy más que nunca, la resistencia es un deber.
Por ello, anuncio la presentación de Populismo Maldito, una guía para resistir ante los embates populistas. Este próximo 7 de mayo a las 7 de la tarde en el Teatro de Cámara de la ciudad de Chihuahua. Un espacio para confrontar ideas, para entender ese gen populista y el por qué nuestro continente ha sido siempre tierra fértil para semejantes sátrapas.
Un encuentro de patriotas, de mujeres y hombres dispuestos a jugarse la piel en la defensa de su patria.
Porque el populismo no cae por sí solo. Se le enfrenta. Se le desenmascara. Se le derrota.
El populismo cree que puede reescribir la historia. Cree que puede domesticar conciencias. Cree que puede quedarse para siempre. Pero todos los regímenes que se construyen sobre la mentira terminan cayendo, caen porque hubo ciudadanos libres, porque hubo patriotas dispuestos a salir al combate y esa batalla —la más urgente de nuestro tiempo— la vamos a ganar.