
Por, Dra. Velia Carolina Osuna Galindo - Investigadora X México en el CIMAV
En la actualidad, después de la pandemia COVID 19, se ha observado un incremento en el diagnóstico de los trastornos del neurodesarrollo en niños en edad escolar. Principalmente se ha observado un aumento significativo en los últimos años, en el diagnóstico del Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), posicionándolo como el trastorno del neurodesarrollo con mayor prevalencia. La organización mundial de la salud (OMS) estima que cerca del 8.8% de la población infantil lo presenta, no obstante, en estudios recientes realizados por Centro de Control y Prevención de enfermedades se ha reportado que 11.4% de niños tienen TDAH con una tendencia a incrementar hasta 3 veces este porcentaje en los siguientes años. En adultos es uno de los trastornos más comunes, con una prevalencia del 4.4%.
El TDAH se manifiesta de manera prematura en el desarrollo infantil, el cual se caracterizan principalmente por niveles de inatención, hiperactividad e impulsividad que afectan directamente en el desenvolvimiento personal, social y académico del niño.
El diagnóstico oportuno del TDAH constituye un desafío relevante en el ámbito de la salud y la educación. Aunque sus primeras manifestaciones clínicas suelen aparecer en la etapa preescolar (3–6 años) o mediante retrasos en el desarrollo, una proporción significativa de casos se identifica hasta la adolescencia o la edad adulta.
Esta detección tardía limita la implementación de intervenciones medica, neurológica y terapéuticamente en etapas tempranas y oportunas, lo que repercute de directamente en el desempeño académico, el desarrollo cognitivo y en la conducta de los niños. En particular, la persistencia de síntomas de inatención, hiperactividad e impulsividad incide directamente en el aprendizaje y en la adaptación social, incrementando el riesgo de rezago educativo y dificultades psicosociales.
Se ha reportado que las personas con TDAH tienen cerca de un 35 %, de probabilidad de desarrollar problemas de salud mental, como depresión, ansiedad y conductas suicidas. Estas últimas resultan particularmente preocupantes debido al aumento sostenido en las tasas de suicidio en México, que han registrado un incremento aproximado del 48 %, alcanzando una tasa actual de 6.8 por cada 100 mil habitantes. Este fenómeno posiciona al suicidio como una de las principales causas de muerte en el país.
Este panorama evidencia la necesidad de fortalecer la detección temprana, intervención oportuna y atención integral, a fin de reducir los riesgos y mitigar el impacto en la salud pública.
En este contexto, resulta fundamental promover un diagnóstico preciso en etapas tempranas del TDAH, lo que permitiría implementar un abordaje médico, neurológico y terapéutico integral. La intervención oportuna favorece la plasticidad neuronal durante la infancia, contribuyendo a la mejora de los procesos de atención, la disminución de la hiperactividad y el fortalecimiento de habilidades sociales y académicas, así como a la prevención de comorbilidades en salud mental, como la ansiedad y la depresión.
Actualmente no se dispone de pruebas de laboratorio específicas para la detección temprana del TDAH, por lo que el diagnóstico se basa principalmente en evaluaciones neuropsicológicas de carácter cualitativo, susceptibles a imprecisiones y confusión con otras comorbilidades. Lo que retrasa el diagnóstico o lo hace de manera tardía, reduciendo la eficacia de las intervenciones tempranas.
Diversos estudios han reportado alteraciones en las concentraciones plasmáticas de distintos neurotransmisores, como la dopamina y la serotonina, en individuos con TDAH. En este sentido en el Centro de Investigación en Materiales Avanzados, se han estado realizando investigaciones y desarrollando sensores basados en puntos cuánticos de carbono los cuales presentan la capacidad de detectar dopamina en concentraciones bajas con alta sensibilidad, los cuales los hace como potenciales sensores para el diagnóstico del TDAH en etapa temprana.
La SECIHTI en 2025 ha aprobado el proyecto PEE-2025-G-598 “Desarrollo de biosensores de andamios de PEDOT microporos y Puntos cuánticos de carbono para la detección de neurotransmisores asociados al Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad para su diagnóstico en etapa temprana”, en eje estratégico 3 de Investigación para el diagnóstico, tratamiento y control de las enfermedades con mayor prevalencia en el tema : Salud mental y suicido adolescente.
Con los recursos aprobados en este proyecto se han adquirido los materiales y equipamiento necesarios para continuar con el desarrollo de sensores de neurotransmisores que son potentes biomarcadores para la detección en edades tempranas del TDAH. contribuyendo en la construcción de una agenda nacional enfocada en el mejorar la salud y bienestar de la población infantil que padece TDAH, a fin de proporcionar un diagnóstico temprano y por ende un abordaje multidisciplinario desde lo medico neurológico, terapéutico y psicopedagógico durante la primera infancia que brinde las herramientas necesarias para mejorar la calidad de vida de los niños priorizando la prevención de problemas de salud mental como la depresión, ansiedad y conductas suicidas durante la adolescencia y en su etapa adulta de la población con TDAH.