
A ti ciudadano.
Francisco Madero conoció a dos figuras clave en su vida política durante los primeros años del siglo XX. La primera fue Arnold Krumm-Heller, a quien conoció en el Congreso Espiritista de 1906; la segunda, Félix Sommerfeld, un ingeniero de minas que llegó a Chihuahua en 1908 y que, en secreto, operaba como espía alemán. Ambos compartían con Madero una profunda convicción espiritista, lo que estrechó aún más sus lazos. En 1910, Krumm-Heller se convirtió en su médico personal.
La trayectoria de Sommerfeld era, sin embargo, mucho más compleja. Había servido en el ejército estadounidense, desertado al inicio de la guerra hispano-estadounidense y combatido contra los bóxers en China. A pesar de este pasado turbulento, Gustavo Madero —hermano del futuro presidente— le otorgó la jefatura del Servicio Secreto Mexicano, puesto al que Krumm-Heller se uniría tiempo después.
Desde esa posición de privilegio, Sommerfeld aprovechó para construir una extensa red de espionaje en territorio estadounidense, integrada por mexicoamericanos, mexicanos expatriados y agentes alemanes. Todo ello mientras seguía respondiendo a los intereses de Alemania.
Cuando Madero asumió la presidencia en 1911, Sommerfeld lo acompañó a la Ciudad de México. Más allá de la ideología, ambos compartían un estilo de vida austero: no bebían, no fumaban ni frecuentaban el juego.
Tras el derrocamiento del gobierno maderista en 1913, Sommerfeld no abandonó la lucha. Continuó activo apoyando a Venustiano Carranza y a Francisco Villa en su enfrentamiento contra Victoriano Huerta. Sin embargo, cuando Villa y Carranza rompieron alianza en noviembre de 1914, Sommerfeld optó por mantenerse al lado de Villa, convirtiéndose en su principal proveedor de armas desde Estados Unidos.
Por su parte, Arnold Krumm-Heller tomó un camino distinto al incorporarse a las filas del general Pablo González. Alcanzó el grado de coronel médico militar y asumió la dirección general de las Escuelas de Tropa. Su carrera también tuvo una dimensión diplomática destacada: representó a México como ministro en Suiza y Alemania hasta el término de la Primera Guerra Mundial.
Francisco Madero conoció a dos figuras clave en su vida política durante los primeros años del siglo XX. La primera fue Arnold Krumm-Heller, a quien conoció en el Congreso Espiritista de 1906; la segunda, Félix Sommerfeld, un ingeniero de minas que llegó a Chihuahua en 1908 y que, en secreto, operaba como espía alemán. Ambos compartían con Madero una profunda convicción espiritista, lo que estrechó aún más sus lazos. En 1910, Krumm-Heller se convirtió en su médico personal.
La trayectoria de Sommerfeld era, sin embargo, mucho más compleja. Había servido en el ejército estadounidense, desertado al inicio de la guerra hispano-estadounidense y combatido contra los bóxers en China. A pesar de este pasado turbulento, Gustavo Madero —hermano del futuro presidente— le otorgó la jefatura del Servicio Secreto Mexicano, puesto al que Krumm-Heller se uniría tiempo después.
Desde esa posición de privilegio, Sommerfeld aprovechó para construir una extensa red de espionaje en territorio estadounidense, integrada por mexicoamericanos, mexicanos expatriados y agentes alemanes. Todo ello mientras seguía respondiendo a los intereses de Alemania.
Cuando Madero asumió la presidencia en 1911, Sommerfeld lo acompañó a la Ciudad de México. Más allá de la ideología, ambos compartían un estilo de vida austero: no bebían, no fumaban ni frecuentaban el juego.
Tras el derrocamiento del gobierno maderista en 1913, Sommerfeld no abandonó la lucha. Continuó activo apoyando a Venustiano Carranza y a Francisco Villa en su enfrentamiento contra Victoriano Huerta. Sin embargo, cuando Villa y Carranza rompieron alianza en noviembre de 1914, Sommerfeld optó por mantenerse al lado de Villa, convirtiéndose en su principal proveedor de armas desde Estados Unidos.
Por su parte, Arnold Krumm-Heller tomó un camino distinto al incorporarse a las filas del general Pablo González. Alcanzó el grado de coronel médico militar y asumió la dirección general de las Escuelas de Tropa. Su carrera también tuvo una dimensión diplomática destacada: representó a México como ministro en Suiza y Alemania hasta el término de la Primera Guerra Mundial.
Por, Víctor Hugo Estala Banda.