
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– La extradición del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, es el escenario menos costoso para la presidenta Claudia Sheinbaum, sobre todo después de la entrega a la justicia de Estados Unidos de los exfuncionarios sinaloenses Enrique Díaz Vega y el general Gerardo Mérida, asegura el especialista en gobernanza criminal Rodrigo Peña.
En entrevista con Proceso, el director del Departamento Regional de Relaciones Internacionales y Ciencia Política del Tec de Monterrey asegura que ese movimiento de los presuntos cómplices de Rocha Moya “cambia el juego” y coloca a la presidenta bajo una presión política creciente.
“Falta ver cómo los dos funcionarios que se entregaron, y los que lo puedan hacerlo más adelante, terminan aportando información; la idea es que las pruebas que solicitaba la presidenta (a Estados Unidos para extraditar al gobernador) ahí están”, advierte.
Peña considera que, en términos de agenda política, las entregas de Díaz Vega y del general Mérida –exsecretarios de Finanzas y de Seguridad, respectivamente, de Rocha Moya– “presiona todavía más a la presidenta y yo esperaría una reacción de ella, si no un giro, y que reconozca que hubo un cambio de timón” con la decisión de los dos exfuncionarios de ponerse en manos de la justicia estadunidense, según se conoció el viernes último.
En un acto en Yucatán el sábado pasado, Sheinbaum aseguró que ningún gobierno extranjero “le va a arrebatar la transformación al pueblo de México”, aunque sin referirse directamente a los excolaboradores del gobernador con licencia. También dijo que “ninguna persona que no sea honesta, que no sea honrada, puede esconderse bajo el halo de la transformación”.
La presidenta se ha sostenido en que faltan pruebas para detener y extraditar a Rocha Moya y que ya se las pidió a Estados Unidos, pero eso la hace lucir como una defensora a ultranza del gobernador, cuyos nexos con Los Chapitos han sido denunciados ampliamente por medios sinaloenses desde su elección en 2021, que fue impugnada sin éxito por la oposición por la abierta intervención de ese grupo del Cártel de Sinaloa.
Pese a esas denuncias y a los testimonios de decenas de candidatos, operadores políticos y testigos de mesa que fueron secuestrados por pistoleros de Los Chapitos, el expresidente Andrés Manuel López Obrador mantuvo su total apoyo al cuestionado político y hasta le alzó la mano cuando tres años después la fiscalía sinaloense hizo un montaje sobre el asesinato de Melesio Cuén, enemigo político de Rocha Moya.
Sheinbaum, quien viajó a Palenque tres días después de la solicitud de extradición de Rocha Moya, aunque dijo que no se reunió con el expresidente López Obrador, quien viven en su finca en ese municipio chiapaneco, ha negado de manera reiterada que Morena sea un partido corrupto y asociados con el crimen organizado.
Rodrigo Peña plantea, en cambio, que el asunto Rocha Moya “es la mejor monografía con la que contamos sobre cómo funciona la gobernanza criminal en México, que es exactamente lo que estamos apreciando en este caso: un fenómeno que involucra a políticos y criminales que están en coordinación”.
El doctor en ciencias sociales de la Universidad de Leiden en Holanda sostiene que, con la información disponible, que no es poca, se sabe que existía en Sinaloa un entendimiento, un pacto y una coordinación entre la gubernatura y Los Chapitos, y ambos eran partícipes de “una coproducción del ejercicio de gobernar” el estado.
Pero la coordinación, agrega, “no es solamente entre el grupo criminal y la gubernatura, sino entre la gubernatura y un poder federal”.
Y cuando Peña habla de “poder federal” se refiere, “sobre todo, al expresidente”, quien siempre hizo “una defensa abierta, explícita, grandilocuente, determinada” de Rocha Moya pese a todos los cuestionamientos y evidencias de sus vínculos con el crimen organizado.

El académico señala que esa reveladora defensa de López Obrador de un político tan cuestionado es una parte de la ecuación:
Y si por el otro lado tenemos este acuerdo, pacto, colaboración, lo que termina ocurriendo es la suma de intereses políticos por parte del gobierno federal y de Morena, abiertamente, y una suma de pretensiones electorales, de consolidación del proyecto, en el que Morena decidió aceptar perfiles, por decir lo menos, problemáticos.
Sheinbaum, indica, “hereda ese problema, como muchos otros, y entonces en algún punto se convierte en responsabilidad de Claudia”.
Por otra parte están las presiones de Estados Unidos, los amagos del presidente Donald Trump de una intervención y los avisos de funcionarios del Departamento de Justicia de que vienen más solicitudes de extradición de políticos asociados al narcotráfico.
El viernes último, el diario The New York Times publicó que hace unos días el vicefiscal general adjunto de Estados Unidos, Aakash Singh, instruyó a fiscales regionales a utilizar las leyes antiterroristas para perseguir a los funcionarios mexicanos cómplices del narcotráfico.
“Deberíamos triplicar el número de acusaciones contra funcionarios corruptos en México”, les dijo Singh.
También está en marcha la “revisión” del Departamento de Estado de los 53 consulados de México en Estados Unidos y en julio próximo comenzará la revisión del T-MEC, un acuerdo comercial fundamental para la economía mexicana.
De acuerdo con Peña, cualquier decisión que tome Sheinbaum sobre la solicitud de extradición de Rocha Moya tendrá “un alto costo” para ella y, probablemente, para el país.
Lo que más le preocupa al académico y profesor del Tec de Monterrey es que, con los acontecimientos de los últimos días, está “más latente” la posibilidad de una intervención militar directa de Estados Unidos en México.
Yo era escéptico de que pudiera ocurrir algo así, pero como se han ido dando las cosas, a mí sí me preocupa una posible intervención, sobre todo considerando el contexto político de Estados Unidos, donde hay elecciones legislativas en noviembre, y también tenemos a un Trump que está sediento de victorias o de medallitas porque las cosas con la guerra contra Irán no van a ir mucho mejor -asegura.
Desde que Washington pidió en extradición a Rocha Moya, Peña pensaba que el escenario menos costoso para Sheinbaum era entregarlo junto con el resto de los coacusados en la solicitud.

Ahora, con la entrega de Díaz Vega y el general Mérida a la justicia estadunidense, el académico señala que “se refuerza esa hipótesis” porque Estados Unidos cada vez tiene más fichas para desarmar el discurso soberanista y de defensa total a Rocha Moya de la presidenta.
De acuerdo con Peña, una gran pregunta es si Sheinbaum va a respetar “el pacto de impunidad” de Morena que le heredó López Obrador “o va a respetar el pacto de seguridad implícito” que ha establecido con Estados Unidos desde la llegada de Trump a su segundo mandato, en enero de 2025.
“Ese es el dilema que creo que tiene enfrente, y cualquier decisión va a tener consecuencias a escala comercial, político y económico, no solamente en el tema de seguridad”, explica.
Dice que otra pregunta crucial es si Sheinbaum va a mantener el estatus quo de la gobernanza criminal que golpea a los mexicanos en varias regiones del país, o si optará por combatirla.
Y señala que esa gobernanza “ya no se combate necesariamente como lo ha hecho hasta ahora Sheinbaum, con detenciones de los generadores de violencia y de objetivos prioritarios, sino se combate atacando el pacto de impunidad, lo que implica intervenir en élites políticas locales y la recomposición política del mapa político mexicano”.
Pero en términos de la disyuntiva que enfrenta la presidenta, Peña cree que Sheinbaum pagaría un costo menor si extradita a Rocha Moya y se enfrenta a López Obrador y a los narcopolíticos de su partido, que si opta por una confrontación con Trump.
“La veo con más capacidad de navegar por una posible ruptura con López Obrador, porque en la relación con Estados Unidos no veo espacio, y lo que sí veo si un clima de escalamiento y presiones muy pernicioso para la presidenta y para México”, asegura.
La continuación de la defensa a ultranza de Rocha Moya, asegura, puede provocar “una ruptura histórica con Estados Unidos, sobre todo en materia de seguridad”.
El académico considera, además, que con Sheinbaum hay que ser cautelosos y centrar el análisis “en lo que hace, y no tanto en lo que dice”.
Con información de Proceso.