
Durante años, la izquierda entendió algo que la política moderna ya no se trata solamente de gobernar, sino de construir causas emocionales. Por eso Morena y muchos movimientos de izquierda crecieron prometiéndole a cada sector exactamente lo que quería escuchar.
A los trabajadores: “van a trabajar menos y vivir mejor”.
A los jóvenes: “el sistema está contra ustedes”.
A las mujeres: “nosotros sí vamos a protegerlas”.
A los movimientos feministas: “ahora sí tendrán justicia”.
A la comunidad LGBT: “nosotros representamos la libertad”.
A todos los mexicanos: “vamos a acabar con la corrupción”.
El problema es que cuando pasaron de la protesta al gobierno, la realidad los rebasó, porque hablar de feminismo es mucho más fácil que garantizar seguridad para las mujeres en un país donde siguen desapareciendo y siendo asesinadas miles cada año.
Hablar de inclusión LGBT es mucho más sencillo que construir un sistema de salud funcional, generar empleos o garantizar educación de calidad.
Hablar de “derechos para todos” podrá sonar bonito, pero mientras tanto millones de mexicanos siguen sin poder ejercer el derecho más básico que es el vivir tranquilos y con oportunidades.
La izquierda descubrió que las modas generan aplausos inmediatos, presión mediática y superioridad moral. Y por eso muchas veces prefiere concentrarse en debates simbólicos mientras los problemas centrales siguen creciendo.
No porque el desarrollo no importe. A mi parecer, claro que importa. El problema aparece cuando un gobierno convierte esos temas en herramienta política para distraer de lo esencial.
Porque mientras el debate público gira alrededor del lenguaje inclusivo, sobre si se debe de decir mujer o trans o persone, o cualquier cosa que no sea el sentido común, asi como las guerras culturales, el crimen organizado crece, el sistema de salud se deteriora, la economía esta mas estancada en la historia del mexico moderno y la corrupción solamente cambia de manos.
Y ahí está la gran contradicción de la izquierda moderna, ellos prometieron gobernar para el pueblo, pero terminaron gobernando para las minorias que pretenden controlar las narrativas a costa de las necesidades urgentes de nuestro País. Construyeron un movimiento basado en emociones, molestia y promesas simplemenye imposibles. Y durante mucho tiempo millones de personas compraron esa idea porque era simplemente atractiva.
Por eso Morena ya perdió su popularidad, porque no tiene resultados. Y cada vez más mexicanos empiezan a descubrir que una cosa es luchar por causas desde la oposición y otra muy distinta es saber gobernar cuando tienes el poder.