
Por: Regidora Isela Martínez Díaz
Coordinadora de la Fracción Edilicia del PAN en el H. Ayuntamiento de Chihuahua
Presidenta de la Comisión de Participación Ciudadana y Sociedad Civil Organizada
El desmantelamiento del que ha sido señalado como el narcolaboratorio más grande encontrado en la sierra de Chihuahua, parece haber tocado fibras sensibles en Morena. La reacción que provocó en este partido ha sido desproporcionada, errática pero, sobre todo, profundamente reveladora.
Desde el centro del país, el oficialismo activó de inmediato el discurso del nacionalismo y la soberanía tras darse a conocer la presunta participación de cuatro extranjeros vinculados a agencias estadounidenses en el operativo. A partir de ahí vino el escándalo: acusaciones de traición a la patria, ataques contra nuestra Gobernadora y hasta llamados a un juicio político.
Resulta irónico que aquellos que hoy se rasgan las vestiduras, son los mismos que guardan silencio frente a personajes de su propio movimiento señalados internacionalmente por presuntos vínculos con el narcotráfico, pues en el México de la “Cuarta Transformación”, pareciera que todo funciona al revés: se persigue a quien combate al crimen y se protege a quienes generan sospechas.
La fallida marcha de Morena en Chihuahua dejó claro que el respaldo ciudadano no les alcanzó y ahora buscan escalar la confrontación recabando firmas para promover un juicio político en contra de Maru Campos.
Es justamente ahí donde Morena terminó por quitarse la máscara, porque ya no se trata solamente de utilizar las conferencias mañaneras como plataforma partidista o de generar distractores absurdos, como polemizar sobre los logos de las patrullas de la policía municipal, para evitar hablar de los problemas nacionales y de los señalamientos sobre gobiernos emanados de su movimiento. Ahora también utilizan abiertamente la estructura gubernamental para operar políticamente.
Los llamados Servidores de la Nación, servidores públicos federales deberían atender a la ciudadanía sin distinción alguna, son señalados como parte de una estrategia de movilización política para recolectar firmas contra la Gobernadora de Chihuahua a cambio de apoyos. Es claro que la estructura encabezada por Ariadna Montiel vuelve a quedar bajo cuestionamiento por el uso faccioso de programas y recursos públicos.
La pregunta es inevitable: ¿de qué tamaño es el miedo? Porque cuando un gobierno entra en desesperación, deja de cuidar las formas y Morena ya ni siquiera intenta disimular. Como bien lo dijo la Gobernadora Maru Campos: no conocen Chihuahua y se están equivocando rotundamente.
Aquí la gente sabe distinguir entre justicia y persecución política; entre seguridad y propaganda; entre gobernar y operar electoralmente desde el poder.
Hoy las máscaras han caído y eso, tarde o temprano, les va a costar caro.