
Por Arq. Mario C. Contreras Figueroa, Bitácora Urbana
El concepto de la “ciudad de 15 minutos” se ha convertido en una de las expresiones más usadas del urbanismo contemporáneo. La idea fue formulada por el urbanista franco-colombiano Carlos Moreno, a partir del crono-urbanismo, y cobró fuerza internacional cuando París la incorporó a su agenda urbana hacia 2020. En términos simples, plantea que vivienda, educación básica, comercio, salud primaria, recreación, espacio público y servicios cotidianos estén disponibles a una distancia aproximada de quince minutos caminando, en bicicleta o mediante transporte de proximidad.
La ciudad de 15 minutos no significa recorrer toda la ciudad en ese tiempo ni eliminar el automóvil. Su sentido es práctico: reorganizar el territorio para que una parte importante de la vida diaria pueda resolverse cerca de la vivienda. Una ciudad que ya conocemos, porque así era antes Chihuahua.
El concepto debe entenderse como una herramienta técnica para revisar la estructura urbana existente. La expansión respondió durante décadas a necesidades reales de vivienda, actividad económica, movilidad e infraestructura. Sin embargo, también produjo una ciudad más extendida, con mayores costos de operación, traslados más largos y mayor dependencia del vehículo particular. El reto actual no es negar ese crecimiento, sino completar y ordenar la ciudad que ya existe.
Ese enfoque no debe plantearse como alternativa frente a las grandes obras de infraestructura. Las vialidades primarias, pasos superiores, transporte masivo, equipamientos regionales y obras estratégicas siguen siendo necesarias y deseables cuando responden a una visión integral. Ninguna ciudad puede funcionar sólo con intervenciones barriales. La infraestructura mayor debe mejorar la accesibilidad urbana e integrarse con barrios completos, caminables y servidos.
Una ciudad es eficiente cuando las personas pueden trasladarse menos, acceder con facilidad a los servicios, caminar con seguridad y combinar distintos modos de movilidad. Una obra vial puede ser útil y necesaria, pero su valor urbano aumenta cuando se integra con transporte público, banquetas continuas, cruces seguros, arbolado, usos mixtos y equipamientos cercanos.
Chihuahua conserva una ventaja importante: mantiene una escala relativamente manejable y una estructura urbana que todavía permite correcciones graduales. No es una metrópolis colapsada, imposible de ordenar. Su mancha urbana cuenta con barrios consolidados, corredores comerciales, equipamientos educativos, rutas de transporte y áreas de oportunidad que podrían articularse como subcentros funcionales. La clave está en entenderla como una red de barrios, corredores, servicios y espacios públicos.
Conviene excluir al Centro Histórico como ejemplo principal. No porque carezca de importancia, sino porque ahí el argumento resulta demasiado evidente: concentra patrimonio, comercio, equipamientos, servicios, transporte y una traza caminable. Su reto específico es recuperar población residente y vitalidad cotidiana. El verdadero desafío está en crear condiciones de cercanía donde vive la mayor parte de la población: al norte, al sur, al poniente y en corredores intermedios.
Chihuahua puede avanzar hacia una red de subcentros urbanos. Sectores como San Felipe, Panamericana, Santo Niño, Infonavit Nacional, Vistas Cerro Grande, Riberas de Sacramento y los corredores de Tecnológico, Vallarta, Universidad y La Cantera pueden analizarse como piezas de una estructura más equilibrada. Estas zonas ya cuentan, en distinta medida, con comercio, escuelas, equipamiento, transporte o espacios públicos que podrían fortalecerse.
La planeación debe preguntar qué le falta a cada zona para funcionar mejor. Algunas requieren banquetas seguras, arbolado y cruces peatonales útiles; otras, parques mejor mantenidos, comercio de proximidad, salud primaria, equipamiento comunitario o mayor frecuencia de transporte. En algunos sectores será necesario recuperar vacíos urbanos y predios subutilizados; en otros, permitir usos mixtos compatibles con la vivienda o mejorar la conexión entre colonias vecinas.
Un elemento central es la mezcla ordenada de usos de suelo. Durante mucho tiempo se separó la vivienda del comercio, del trabajo, de la educación y de los servicios. Esa separación produjo zonas dormitorio, corredores saturados y viajes innecesarios. Un modelo más cercano debe permitir que pequeños comercios, servicios profesionales, guarderías, clínicas, cafeterías, mercados de barrio y espacios comunitarios se integren a la vida residencial con criterios claros de compatibilidad, horario, ruido, movilidad y seguridad.
La ciudad de 15 minutos también exige una política seria de banquetas. No hay ciudad cercana sin caminabilidad. Y no hay caminabilidad con banquetas angostas, rotas, invadidas, sin sombra o interrumpidas por accesos vehiculares. La banqueta debe asumirse como infraestructura básica de movilidad, salud y accesibilidad universal. Para niños, adultos mayores, personas con discapacidad y peatones cotidianos, una banqueta continua, sombreada y segura puede mejorar de manera directa la vida diaria.
El transporte público completa esta lógica. Una ciudad cercana no supone que todos caminen siempre, sino que la vida diaria pueda resolverse mediante una combinación razonable de caminata, bicicleta, transporte público y automóvil, cuando sea necesario. En Chihuahua, el transporte debe fortalecer su frecuencia, legibilidad, limpieza, seguridad y conexión entre subcentros urbanos. Un sistema útil debe enlazar barrios, escuelas, centros de trabajo, zonas comerciales y equipamientos.
El espacio público es la otra pieza estructural. Parques, plazas, camellones, corredores peatonales y equipamientos barriales no son adornos; son infraestructura social. Una colonia con parque activo, sombra, iluminación, cruces seguros y servicios cercanos sostiene mejor la vida comunitaria. La ciudad de 15 minutos no depende sólo de distancias, sino de la calidad del recorrido y de la posibilidad real de usar el espacio urbano con seguridad y comodidad.
Aplicar este modelo en Chihuahua requiere una estrategia gradual, medible y territorializada. El primer paso sería identificar polígonos prioritarios dentro de la mancha urbana consolidada y evaluar, con indicadores objetivos, qué servicios existen a una distancia caminable razonable. Después podrían orientarse inversiones, incentivos normativos y proyectos de mejoramiento urbano hacia esas áreas. La meta no sería declarar que toda la ciudad ya es de 15 minutos, sino construir avances verificables.
Consolidar ciudad puede ser tan importante como seguir ampliando infraestructura. Significa ocupar vacíos urbanos, reciclar predios subutilizados, rehabilitar corredores, permitir usos mixtos bien regulados, mejorar calles secundarias, consolidar centralidades barriales y acercar servicios. Es una estrategia menos visible que una gran obra, pero cercana a la experiencia diaria de las personas. Además, puede reducir costos públicos, mejorar el aprovechamiento de la infraestructura existente y fortalecer la cohesión social.
La ciudad de 15 minutos no debe convertirse en una moda ni en una consigna. Debe asumirse como una metodología para evaluar si la ciudad funciona para sus habitantes. Si una familia puede comprar lo básico, llevar a sus hijos a la escuela, caminar a un parque, tomar transporte público y resolver servicios cotidianos cerca de su vivienda, la ciudad está cumpliendo. Si todo exige automóvil, gasto, distancia y tiempo, la ciudad traslada sus ineficiencias a la vida cotidiana.
Chihuahua tiene condiciones para construir una ciudad más cercana sin renunciar a la infraestructura mayor que requiere una capital dinámica. La modernidad urbana estará en hacer que sus barrios funcionen mejor, que sus calles sean más caminables, que sus servicios estén más cerca, que sus obras estratégicas estén bien integradas y que sus habitantes dependan menos de traslados largos para resolver lo ordinario. En eso consiste una ciudad cercana: en devolver la vida cotidiana al alcance de las personas.
Y Chihuahua tiene todo para logarlo.