
M.A.R.H Salvador Acevedo Ortega
Docente universitario en la Universidad Autónoma de Chihuahua, Facultad de Economía Internacional e Ingeniería.
Hoy arranca el Mundial 2026. El Estadio Ciudad de México —presentado comercialmente como Estadio Banorte, porque hasta los nombres históricos tienen precio en esta época— albergará el partido inaugural de la Copa del Mundo más grande de la historia. Cuarenta y ocho selecciones, catorce sedes en tres países, cinco millones de turistas esperados y once mil millones de dólares de ingresos proyectados para la FIFA. Es una cifra que casi duplica los ingresos del ciclo anterior. Es, por cualquier métrica que se elija, el negocio deportivo más rentable que existe.
México bailará. México gritará. México se endeudará —seis de cada diez aficionados que asistirán a los partidos ya lo han hecho o planean hacerlo, según una encuesta publicada por El Universal dos días antes del primer silbatazo—. México exentará a la FIFA del pago de ISR e IVA. Y cuando termine julio, cuando las pantallas se apaguen y los presupuestos gubernamentales enfrenten la factura, la pregunta que nadie formula durante la fiesta se hará inevitable: ¿quién ganó verdaderamente este partido?
Los números del espectáculo: lo que dicen y lo que callan
Toda conversación honesta sobre el impacto económico del Mundial 2026 debe comenzar con un ejercicio de precisión que las cámaras empresariales y los gobiernos sede rara vez practican: distinguir entre proyección, estimación y realidad. En las últimas semanas, los números han circulado con la generosidad de quien vende un sueño.
LAS CIFRAS DEL MUNDIAL 2026 EN MÉXICO · Derrama estimada: entre 1,200 y 3,000 millones de dólares, según la fuente · Aportación al PIB: 0.13% a 0.15% (Moody's Analytics, IMEF, Banamex) · Empleos temporales generados: 105,000 · Partidos en México: 13 · Turistas esperados: más de 5 millones en las tres sedes · Ingresos de la FIFA en el ciclo 2023-2026: 11,000 millones de dólares
Las estimaciones de derrama oscilan entre 1,200 millones y 3,000 millones de dólares, según la fuente consultada. El IMEF la acota en su Ponencia 2026 entre 1,200 y 1,500 millones. Moody's Analytics la estima en un impacto de 0.14 puntos base al PIB. Banamex calcula 0.1 puntos porcentuales adicionales al crecimiento. La Liga MX habla de 3,000 millones. La CONCANACO proyecta 65,000 millones de pesos. Cada cifra es real. Cada cifra corresponde a metodologías distintas y a intereses distintos en el resultado.
Lo que ninguno de esos números incluye —con la honestidad que un experto de la Universidad Iberoamericana nombró explícitamente al ser entrevistado por Prensa IBERO— es la resta. «El verdadero cálculo no es cuánto se gana, sino cuánto se gana menos lo que se gasta». Los acuerdos firmados con la FIFA obligan a los gobiernos federal y locales a cubrir infraestructura, servicios y, lo más significativo, exenciones fiscales totales: la FIFA no paga ISR, no paga IVA y recibe transporte gratuito durante el torneo. Al mismo tiempo, la FIFA incrementó el precio de los boletos hasta tres veces en comparación con el Mundial anterior, sin destinar recursos proporcionales a la organización local. La cuenta del espectáculo la paga el erario. Las ganancias del espectáculo las administra Zurich.
Conveniente, cuando menos.
El aficionado mexicano: el más entusiasta y el peor protegido
El dato más revelador de la semana anterior al inicio del Mundial no llegó de los ministerios de economía ni de los institutos financieros. Llegó de una encuesta: seis de cada diez aficionados mexicanos que asistirán a los partidos del Mundial 2026 ya utilizaron crédito o planean utilizarlo para financiar su asistencia. El 31 por ciento difirió los boletos a mensualidades con tarjeta de crédito. El 25 por ciento los pagó con tarjeta a una sola exhibición. El seis por ciento solicitó un préstamo personal. Y el 43 por ciento de los asistentes reconoce que el evento podría generar nuevas deudas y complicar su situación económica. Lo admiten. Y van de todas formas.
Eso no es irracionalidad. Es algo más preciso y más interesante: es la expresión más visible del present bias que esta serie ha documentado extensamente en los artículos sobre economía conductual. El partido es hoy. La deuda es mañana. Y mañana, como siempre, susurra mientras hoy grita.
Tampoco son números pequeños los que se mueven. El gasto estimado por persona que asista al Mundial en México supera los 60,000 pesos cuando se suman boletos, transporte, hospedaje y consumo. Para una familia que decide vivir la experiencia completa de un partido en el Estadio Ciudad de México, la inversión puede equivaler a varios meses de ingreso. El presidente de la Ponencia IMEF 2026 lo señaló con una precisión que merece citarse: mientras en el Mundial que México organizó en 1986 un boleto promedio equivaldría a unos 700 pesos actuales, hoy los precios oscilan entre 10,000 y 100,000 pesos. El Mundial se democratizó en alcance global. Se elitizó en acceso económico local. Y el aficionado mexicano, con una tenacidad que, entre la admiración y la preocupación, encuentra la manera de estar presente de todas formas.
El fanatismo mexicano por el futbol es, entre todas sus dimensiones, también una decisión financiera tomada con el corazón antes que con la calculadora.
La psicología del fanatismo: lo que el fútbol hace al cerebro mexicano
Para entender por qué México celebra el Mundial con una intensidad que desafía la aritmética personal, conviene entender lo que el fútbol hace al cerebro humano, y hacerlo sin condescendencia. El profesor Víctor Manuel Rodríguez Molina, del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la UNAM, lo explica con precisión neurológica: el fútbol activa el circuito de recompensa del cerebro con una intensidad que pocos estímulos cotidianos igualan. Las endorfinas liberadas durante un gol producen sensaciones de placer real, medible, fisiológico. Y cuando esas mismas sustancias se ven interrumpidas abruptamente por una derrota, el cerebro migra a un estado primitivo dominado por la amígdala: enojo, frustración, agresividad.
El investigador Daniel Wann, de la Universidad Murray State, y sus colaboradores Norbert Branscombe y otros, documentaron en trabajos de referencia que el fanatismo deportivo proporciona algo que la teoría psicológica describe como identidad social: el éxito del equipo se experimenta como éxito propio, la victoria como vindicación personal, la pertenencia al grupo de aficionados como comunidad que reduce la soledad y eleva la autoestima. Robert Cialdini y su equipo acreditaron el fenómeno del BIRGing —basking in reflected glory, o regodearse en la gloria reflejada—: cuando el equipo gana, el fanático comparte activamente su asociación con él. Cuando pierde, el CORFing —cutting off reflected failure— lleva al distanciamiento temporal.
En México, este mecanismo tiene una dimensión adicional que la sociología local ha documentado reiteradamente: el fútbol funciona como uno de los pocos espacios donde la expresión emocional sin censura es culturalmente permitida a hombres adultos de cualquier clase social. La Gaceta de la UNAM citó al profesor Rodríguez Molina en términos que merecen reflexión: «Nuestro cerebro tiene un ámbito racional, pero al ver deportes, especialmente fútbol, afloran nuestras emociones sin censura. Si gritas, lloras, te enojas, nadie te va a criticar.» En un país donde la represión emocional masculina tiene costos de salud mental documentados y crecientes, el estadio ofrece una válvula que el sistema de salud no ofrece de otra manera. Eso no es trivial.
Lo que sí es preocupante es la dimensión patológica que el fanatismo puede adquirir. Brandon Mastromartino, psicólogo de la Universidad Estatal de San Diego especializado en el comportamiento de los fanáticos deportivos, documenta que el estrés generado por una derrota puede ser tan intenso como el de otros factores de vida cotidiana, con efectos que duran horas y que incluyen ansiedad, desánimo y, en casos de fanatismo intenso, episodios de agresividad. La UNAM ha señalado que la productividad laboral y el consumo de sustancias varía significativamente durante los períodos mundialistas. El ausentismo laboral, la irritabilidad postderrota y el agotamiento acumulado de semanas de ciclos emocionales intensos tienen costos que ninguna cámara empresarial incluye en sus proyecciones de derrama económica.
México es el país que más celebra el Mundial y el que menos se pregunta a quién le conviene que lo celebre así.
La FIFA y el modelo de negocio de la fiesta ajena
La FIFA proyecta ingresos de 11,000 millones de dólares en el ciclo económico 2023–2026. Esa cifra casi duplica la del ciclo anterior. Es el resultado de un modelo de negocio que merece describirse con la claridad que normalmente no recibe: la FIFA identifica países con alta densidad de fanáticos, negocia condiciones que transfieren los costos de organización a los gobiernos sede, exige exenciones fiscales totales, controla los derechos comerciales del evento con precisión milimétrica y se lleva la mayor parte del valor generado dejando a los países sede con la infraestructura, los costos operativos y, en los mejores casos, un beneficio turístico de mediano plazo.
Brasil invirtió aproximadamente 15,000 millones de dólares para organizar el Mundial 2014. Rusia destinó cerca de 11,700 millones de euros en 2018. Qatar redefinió el exceso con una cifra que los analistas estiman en más de 200,000 millones de dólares si se incluye toda la infraestructura construida. En todos los casos, los estudios posteriores cuestionaron si el retorno económico justificó la inversión pública. En Brasil, el Comité Popular da Copa documentó desplazamiento de comunidades, sobrecostos masivos y estadios que terminaron subutilizados. En Rusia, el análisis posterior de Oxford Economics concluyó que el impacto económico neto fue modesto frente a la inversión realizada.
El caso mexicano tiene la ventaja de ser, por comparación, moderado en inversión directa: la infraestructura existía y los estadios no se construyeron desde cero. Pero la exención fiscal total para la FIFA en un país donde el gasto social enfrenta restricciones presupuestarias permanentes introduce una pregunta que la coyuntura festiva hace difícil formular con la amplitud que merece: ¿qué habría ocurrido con los recursos que el erario destina a este evento si se hubieran invertido en salud, educación o infraestructura productiva permanente? No es una pregunta retórica. Es el costo de oportunidad del Mundial, y ningún gobierno sede tiene incentivos para calcularlo en público.
La inteligencia artificial y el Mundial: amplificación del fanatismo a escala
El Mundial 2026 será también la primera Copa del Mundo organizada en un ecosistema de inteligencia artificial plenamente maduro, y esa coincidencia no es trivial para el argumento de esta serie. Los algoritmos de recomendación de las plataformas digitales —ya documentados en artículos anteriores como sistemas diseñados para maximizar engagement— están perfectamente calibrados para amplificar la emoción de un evento como el Mundial. Cada video de un gol produce más interacción que cualquier contenido informativo. Cada derrota genera más reacciones que cualquier noticia política. Cada historia de orgullo nacional es exactamente el tipo de contenido emocional que los modelos de IA priorizan porque maximiza el tiempo en plataforma.
Lo que esto produce, en combinación con el present bias que la economía conductual documenta y con los patrones de fanatismo que la psicología deportiva describe, es un ambiente de intensificación emocional sin precedente histórico: millones de mexicanos que ya tienen predisposición al fanatismo futbolero, que ya toman decisiones financieras con el corazón en períodos mundialistas, ahora lo hacen dentro de un ecosistema tecnológico diseñado para mantenerlos en el máximo estado de activación emocional posible, las veinticuatro horas del día, durante cuarenta días seguidos. La publicidad de tarjetas de crédito, aplicaciones de crédito inmediato y plataformas de apuestas deportivas se mezclará con ese contenido con la eficiencia de quien sabe exactamente en qué estado emocional se encuentra el usuario.
El algoritmo no celebra el Mundial. El algoritmo trabaja durante el Mundial. La diferencia es que uno de los dos no tiene resaca el lunes.
El largo plazo que nadie menciona el día del partido
Una vez que el torneo termine, quedarán varias cosas. Quedarán las memorias, que son reales y valiosas. Quedarán los 105,000 empleos temporales, de los cuales la mayoría no tendrá continuidad. Quedará la infraestructura mejorada, que en las tres sedes mexicanas tiene valor económico genuino. Y quedarán las deudas contraídas por los aficionados que financiaron su participación en la fiesta.
El impacto de largo plazo del Mundial en la economía mexicana depende de una variable que las proyecciones optimistas maximizan y las críticas ignoran: el turismo de retorno. Si los aficionados extranjeros que visitaron México durante el Mundial regresan como turistas regulares en los años siguientes, si el posicionamiento de Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey como destinos internacionales se consolida, si la infraestructura mejorada atrae inversión permanente, el evento habrá producido un legado real. Si eso no ocurre, habrá sido, en términos netos, un evento de alto costo que aportó entre 0.13 y 0.15 puntos al PIB de un año de estancamiento.
La diferencia entre ambos escenarios no la determina la FIFA. No la determinan los algoritmos. La determinan las políticas de promoción turística, de desarrollo de infraestructura permanente y de aprovechamiento estratégico de la visibilidad que el evento genera. Eso requiere algo que los mundiales, por su propia naturaleza emocional, raramente producen en los países sede: planeación fría de largo plazo ejecutada mientras el fanatismo de corto plazo llena los estadios.
Hoy es un día de fiesta genuina. El fútbol es, en sus mejores momentos, uno de los pocos fenómenos capaces de producir cohesión social real en un país que la necesita. La emoción colectiva de un gol tiene un valor que ninguna hoja de cálculo captura adecuadamente. Y México, que organizó su primer Mundial hace más de medio siglo y ahora señala convertirse en el único país en recibir tres, tiene razones genuinas para celebrar.
Pero celebrar con inteligencia es también una forma de respeto a lo que se celebra. Entender quién financia la fiesta, quién se lleva el mayor beneficio de ella, qué quedará cuando terminen los fuegos artificiales y cómo las decisiones económicas que se toman durante cuarenta días de euforia afectan los siguientes cuarenta meses: eso no es pesimismo. Es el pensamiento crítico que esta serie lleva veinticuatro artículos argumentando que Chihuahua, México y cualquier sociedad que quiera convertir sus oportunidades en desarrollo real necesita aplicar, incluso —y especialmente— cuando el estadio está lleno y el grito de gol acaba de sacudir las tribunas.
Disfrute el partido. Cuide su cartera. Y cuando el árbitro pite el final, pregúntese quién resultó verdaderamente campeón.
La fiesta más cara no siempre es la que tiene más luces. A veces es la que tiene la cuenta más larga al día siguiente.
FUENTES Y REFERENCIAS
Amexi. (2026, 8 de junio). México y el Mundial 2026: impacto económico menor al esperado. Ponencia IMEF 2026. https://amexi.com.mx/economia-y-negocios/mexico-y-el-mundial-2026-impacto-economico-menor-al-esperado/
Branscombe, N. R., & Wann, D. L. (1992). Role of identification with a group, arousal, categorization processes, and self-esteem in sport spectator aggression. Human Relations, 45(10), 1013–1033. https://doi.org/10.1177/001872679204501001
Cialdini, R. B., Borden, R. J., Thorne, A., Walker, M. R., Freeman, S., & Sloan, L. R. (1976). Basking in reflected glory: Three (football) field studies. Journal of Personality and Social Psychology, 34(3), 366–375. https://doi.org/10.1037/0022-3514.34.3.366
El Financiero. (2026, 10 de junio). Mundial 2026 dejará ‘pobre’ derrama económica a México: Moody’s estima aporte de 0.14 puntos al PIB. https://www.elfinanciero.com.mx/economia/2026/06/10/mundial-2026-dejara-pobre-derrama-economica-a-mexico-moodys-estima-aporte-de-014-puntos-al-pib/
El Imparcial. (2025, 21 de diciembre). Altos costos del Mundial 2026 en México los asumirá el erario público mientras la FIFA no pagará impuestos. https://www.elimparcial.com/deporte/2025/12/21/altos-costos-del-mundial-2026-en-mexico/
El Universal. (2026, 9 de junio). Mundial 2026: 6 de cada 10 asistentes se endeudarán, según encuesta; gasto por persona superará 60 mil pesos. https://www.eluniversal.com.mx/cartera/mundial-2026-6-de-cada-10-asistentes-se-endeudaran/
Expansión. (2026, 4 de junio). ¿Cuánto aportará el Mundial 2026 al PIB? El impacto real de los 3,000 mdd que se esperan de derrama económica. https://expansion.mx/economia/2026/06/04/mexico-gana-mas-futbol-que-mundial-2026-impacto-economico
Infobae México. (2026, 4 de junio). Cuánto dinero deja el Mundial 2026 en México: impacto económico por sector y ciudad sede. https://www.infobae.com/mexico/deportes/2026/06/04/cuanto-dinero-deja-el-mundial-2026-en-mexico-impacto-economico-por-sector-y-ciudad-sede/
Prensa IBERO. (2026, 10 de abril). Mundial 2026: ¿Costo o beneficio para México? Experto IBERO analiza su impacto económico. https://prensa.ibero.mx/es-MX/nota/mundial-2026-costo-o-beneficio-para-mexico-experto-ibero-analiza-su-impacto-economico
UNAM Global. (2026, junio). Los efectos psicológicos de ver futbol. https://unamglobal.unam.mx/global_revista/los-efectos-psicologicos-de-ver-futbol/
Wann, D. L. (2006). Understanding the positive social psychological benefits of sport team identification: The team identification–social psychological health model. Group Dynamics: Theory, Research, and Practice, 10(4), 272–296. https://doi.org/10.1037/1089-2699.10.4.272