Luisillo: Ad Astra

Una reflexión personal
Luis Villegas Montes
luvimo6608@gmail.com, luvimo6614@hotmail.com

Esta carta se iba a intitular: “Luis y yo” pero con el cuento del latín así se quedó y ni modo.

El fin de semana vi una película que quería ver desde hace semanas y, en segundo lugar, sirve de encabezado a estas líneas: Ad astra o, escrito en español: “Hacia las estrellas”.

Contársela me acarrearía una enorme serie de perjuicios empezando por confirmar esa vieja acusación (¡Ah, cómo me ha dolido!) de que cuando hablo de películas las spoileo: ¡No es cierto!

En fin, no le voy a contar nada que el título, o la imagen de Brad Pitt (ya está cascadito, oiga) con casco de astronauta y traje de ídem, no le sugieran: sí, se trata de una película del espacio que, para mayores datos, la crítica de cine la califica como de: “suspenso y ciencia ficción”; y que protagoniza el susodicho Pitt, y el más bien feíto, Tommy Lee Jones, con una aparición muy marginal de Donald Sutherland.

Vaya y véala porque, aunque trillado, el leitmotiv de la cinta es siempre maravilloso: cómo, en ese trajín que llamamos “vida”, nos vamos olvidando de las cosas realmente importantes; y, a veces, en ese afán de descubrir mundos o espacios, nos olvidamos de lo fundamental: hurgar y descubrirnos a nosotros mismos. Como siempre en estos casos, le sugiero que vaya al cine, adquiera una cajota de palomitas… y el refresco lo compre afuera.

Yo digo que me anticipé al mensaje de la película porque —dos días antes— procedí a hacerle los honores a ese hecho de vivir lo que en la vida importa verdaderamente: resulta que, el martes de la semana pasada, recibí una llamada de Luis Abraham, mi hijo el mayor quien, con esa voz cavernosa que tan bien conozco, con un gutural y ominoso “papá”, me emplazó a verlo. No habría sido tan grave el asunto si no hubiera agregado de inmediato: “necesitamos hablar”.

“¡En la madre!”, pensé; un “necesitamos hablar” de mi retoño provoca una inenarrable conmoción en mi interior seguida de escalofríos; se agita mi espíritu, se me dispersan las ideas, se me contrae el… alma; y si a eso le agrega usted que, muy a mi estilo, en ánimo preventivo retruco yo con un perentorio “¿para qué?” y él me replica con un (todavía más escueto): “personalmente”; no, entonces sí, un cataclismo súbito me embarga por dentro y hasta un conato de lágrimas asoma a mis ojos.

La verdad que eso me pasa por prejuicioso y hocicón porque no era nada del otro mundo y terminamos jugando billar y dominó. La sana costumbre que habíamos forjado años atrás, de vernos semana a semana a esos mismos menesteres, se truncó por no sé qué misteriosos contratiempos a los que es tan afecto él; y en esas estábamos, hasta el viernes, que fue cuando nos vimos, y convinimos en repetir, los jueves, esa cita tan necesaria, para reconciliarnos de la circunstancia de ser padre e hijo, con todas las desavenencias y complicaciones, encuentros y desencuentros, apremios y prórrogas —y afectos y ternuras— que tal condición nos depara.

Como sea, espero que sí, que nos veamos el jueves, por lo menos para la revancha, pues en el billar terminamos cuatro a uno, favor él; y en el dominó, después de dos manos, lo dejé con un orondo setenta a cero, que lo llevó a decir: “oye, como que cien puntos son muy poquitos”; pero no, porque después de eso no volví a ver la mía. El final estuvo de infarto porque poquito a poquito fui alcanzándolo, hasta que dio la vuelta la partida; y estábamos en un setenta a noventainueve (favor él); al que siguió otro setenta a noventainueve (porque con todas en contra me quedé sin fichas y le ahorqué la mula de ceros)… y ya después él me ahorcó a mí con un setenta a cientoveintitantos (no tuvo caso contar ya).

Por eso sí, Luis y yo: hasta las estrellas.

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Tips al momento

No ha lugar desafuero de magistrado

La Comisión Jurisdiccional por mayoría de sus integrantes votó  el dictamen que no ha lugar la declaración de procedencia en contra del magistrado Jorge Abraham Ramírez.

Al parecer la votación fue amplia con 4 a favor en no proceder con el desafuero y sólo un voto en contra, en este caso se dice que fue la diputada Georgina Bujanda.

Ahora lo que corresponde es la votación del pleno, la cual no queda claridad por las lagunas que tiene la misma Ley de Juicio Político, para empezar se dice que deberá ser la mitad más uno de la mayoría simple, es decir con que haya 18 diputados 10 pudieran definir al respecto.

Sin embargo de encontrarse la totalidad de los 33 diputados que ninguno se ausente o pida justificante para no meterse en problemas, será una votación bastante reñida.

Pero no queda claro si el dictamen es que no hay elementos para quitar el fuero y luego en el pleno dicen lo contrario qué pasa, se regresa a comisión o qué. Porque la ley establece que no se le puede someter a proceso por las mismas causas.

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