4T, T de AMLO

Diacrítico Chihuahua | 4T, T de AMLO

Jorge Camacho Peñaloza

@Camacho_Jorge

 

La 4T es algo menos que una transformación si nos atenemos a los hechos. Y si digo que es algo más que una transformación es porque hasta ahora tiene visos de ser una simulación. Si transformar es hacer cambiar de forma a una persona o cosa (DRAE), no parece que el actual Gobierno de la República vaya a cambiar nada de fondo salvo cuando le convenga a sus intereses. La 4T, en realidad, es la T de AMLO, en que lo de menos es el interés del país y lo de más el de su muñidor.

A primera vista hay un serio conflicto de intereses porque no parece que los de Andrés Manuel sean los del país al que de todas formas somete. México no está cambiando, en el mejor de los casos hay un proceso de sustitución que de momento no afecta a la vida cotidiana de los mexicanos. El México de repuesto que ofrece López Obrador es un México de palabra, ese México que diariamente cartografía con detalle en sus conferencias de la mañana.

La 4T consiste en decir que el México de hoy es distinto al de ayer y, por lo tanto, mejor, por el hecho de que lo dice López Obrador. Lo peor es que la mayoría de mexicanos lo cree así sin considerar que la violencia aumenta día con día, la corrupción campa a sus anchas, la opacidad de los miembros del Gabinete es costumbre, la impunidad es norma de conducta. Pero nada de esto importa porque AMLO dice que no es así, que las cosas ya han cambiado, que no hay corrupción y mucho menos impunidad, que, a pesar de que los integrantes del Gobierno tienen que hacer la 3 de 3, basta con tener la intención de hacerla para haberla hecho.

No duda en afirmar que no es lo mismo que Jiménez Espriu tenga un departamento en Estados Unidos a que lo tenga cualquier miembro del Gobierno de Peña Nieto, por la sencilla razón de que si Jiménez Espriu lo tiene es porque lo ha adquirido de manera honrada porque lo dice AMLO. La T de AMLO se antoja vertiginosa. Basta con señalar sin pruebas, acusar sin evidencias, manchar sin comprobaciones a rivales políticos para exhibir el calado de la transformación. Es suficiente con señalar con el dedo para que el nuevo México se haga realidad y sustituya al viejo México en que Rioboó era el empresario de cabecera de AMLO; en que Jiménez Espriu presuntamente amañaba licitaciones; en que Olga Sánchez Cordero había comparado un departamento en Houston o en que su notaría trabajaba para Romero Deschamps; en que Carlos Ímaz y René Bejarano llenaban bolsas con dinero de Carlos Ahumada en nombre del Gobierno de la Ciudad de México de AMLO.

Pero resulta que ese no es el viejo México, sino el de Salinas, Zedillo, Fox y Calderón. López Obrador excede sus funciones al acusar sin pruebas. Más flagrante es que Manuel Barlett irrumpa en una conferencia hablando de ética o de conflicto de intereses o de honestidad. La T de AMLO son palabras y, por el momento, sólo palabras. Quizás soy demasiado severo. Sí que ha hecho cosas: modificar la Constitución a su antojo para que se parezca al México que desea, lo que no son más que palabras; proponer una terna para la Fiscalía General integrada por tres cuates; postular para la Suprema Corte de Justicia otra terna con otras tres compañeras de MORENA; suprimir todo tipo de órganos reguladores independientes; amenazar a asociaciones de la sociedad civil; amedrentar a medios de comunicación; entregarle al ejército la construcción y operación del nuevo aeropuerto de Santa Lucía; anunciar la Guardia Nacional; darle a la SNTE lo que pide; paralizar las maquiladoras en Matamoros; echar a la calle a miles de personas; cambiar una Mafia del poder por otra Mafia del poder.

Mientras, la inseguridad y la violencia no tienen freno, la corrupción no se enfrenta y no se habla de impunidad. Estoy siendo injusto: la corrupción ya ha desaparecido porque así lo ha dicho AMLO y, por lo tanto, no tiene caso hablar de impunidad.

            La 4T es la T de AMLO, un México de palabras en que todos viviremos felices y contentos, aunque pobres y austeros porque eso significa ser bueno. Un México en que todos, a excepción de AMLO, seremos pueblo. El único inconveniente es que amanece cada mañana. Este reparo a lo mejor lo resuelve Andrés Manuel diciendo que nunca más amanecerá porque siempre viviremos en un incesante anochecer. Se decía en la campaña de 2006 que “López Obrador es un peligro para México”. Más bien “México es un peligro para López Obrador”.

 

Diacrítico Chihuahua | 4T, T de AMLO

Jorge Camacho Peñaloza

@Camacho_Jorge

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