Se perfila Marcela Herrera para presidenta del Poder Judicial en Chihuahua

 

La Mtra. Marcela Herrera Sandoval encabeza las preferencias electorales en la elección de las magistraturas electorales locales, lo que la perfila como la próxima presidenta del Poder Judicial en Chihuahua.

Marcela Herrera Sandoval, es Licenciada en Derecho con Maestra en Administración Pública, ambos por la Universidad Autónoma de Chihuahua.

Ella ha fungido como Directora de Planeación y Desarrollo Institucional de la UACH, Directora de Profesiones, Directora de Planeación y Evaluación, Titular Jurídico del Registro Civil, Catedrática de la Facultad de Derecho y Parte de un despacho jurídico, "Despacho Portillo & Asoc”.

Con corte del 04/06/2025 a las 11:43 horas, suman 1094 casillas capturadas de un total de 3504, lo que representa un 31.22%

Marcela Herrera encabeza la votación con 32,560 por la magistratura familiar; seguida de Yamil Athie con 29,613 por la magistratura civil; en tercera posición aparece Debbie León Chacón 27,988; en cuarta posición de votos Margarita Félix Sierra con 27,131; y en quinta posición Rafael Corral con 25,851.

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La diputada América Rangel criticó públicamente las imágenes del AIFA difundidas por Claudia Sheinbaum, señalando que, aunque pueden parecer motivo de burla, en realidad reflejan una situación “muy grave”.


Rangel acusó que cuando una figura de alto nivel difunde información que considera falsa, no se trata solo de comunicación, sino de manipulación. Además, advirtió que tolerar este tipo de prácticas implica aceptar que el poder puede mentir sin consecuencias.


Finalmente, hizo un llamado a no normalizar estos hechos, subrayando que no deben permitirse dentro de la vida pública.


Entre la placa y la copa: cuando la autoridad olvida el uniforme

La información que continúa surgiendo sobre el zafarrancho ocurrido al exterior del bar La 4 vuelve a colocar sobre la mesa un tema que incomoda, pero que no puede ignorarse: el actuar de servidores públicos encargados de la seguridad que, lejos de conducirse con responsabilidad, terminan involucrados en hechos de violencia mientras se encontraban en un entorno de consumo de alcohol.

De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

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