
En un episodio que no pasó desapercibido en el ámbito político estatal, la senadora morenista Andrea Chávez Treviño y el alcalde panista de Chihuahua, Marco Bonilla Mendoza, compartieron este jueves el mismo vuelo de Aeroméxico rumbo a la capital del estado.
Aunque cada uno viajaba por motivos distintos Chávez con agenda en el Senado relacionada con las comparecencias del gabinete federal, y Bonilla tras participar en foros internacionales sobre desarrollo urbano el destino los sentó lado a lado en la misma fila del avión.
Lo que más llamó la atención no fue la coincidencia, sino el tono cordial con el que ambos, tradicionalmente enfrentados en el terreno político y protagonistas de agrias discusiones en redes sociales, fueron vistos conversando durante el trayecto.
Lejos de los reclamos y descalificaciones habituales, intercambiaron palabras en un ambiente que, según testigos, se percibió como “ameno y hasta respetuoso”.
¿Qué se dijeron? Nadie lo sabe con certeza, pero la escena abre la puerta a varias lecturas.
En un contexto político marcado por la polarización, el simple hecho de que dos adversarios acérrimos puedan sostener un diálogo sin estridencias no deja de ser revelador.
Algunos lo interpretan como un gesto de civilidad política; otros, como un recordatorio de que las diferencias que parecen irreconciliables en redes sociales, se matizan cuando los reflectores están apagados.
Ambos han sido considerados como posibles perfiles para la candidatura a la gubernatura del estado, cada uno en sus respectivos partidos.
Lo cierto es que, al menos a bordo de ese vuelo, Bonilla y Chávez demostraron que incluso los rivales políticos más férreos pueden compartir más que el mismo espacio aéreo.
Si de ese breve encuentro surgirá un puente de diálogo o se quedará en una anécdota de viaje, eso está por verse.