Gobierno federal da por terminado el decreto de regularización de autos “chocolate”

El Gobierno de México publicó en el Diario Oficial de la Federación (DOF), con fecha del 31 de diciembre de 2025, el decreto mediante el cual se abroga de manera definitiva el acuerdo que permitía la regularización de vehículos usados de procedencia extranjera, conocidos comúnmente como autos “chocolate”.

De acuerdo con el documento firmado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, el programa de regularización cumplió su objetivo, al brindar certeza jurídica a los propietarios de estos vehículos, fortalecer la seguridad pública y contribuir al ordenamiento del parque vehicular en el país.

Según cifras oficiales del Registro Público Vehicular, durante la vigencia del programa se regularizaron más de 2.9 millones de automóviles, lo que permitió identificar a sus propietarios y evitar el uso de unidades no registradas en la comisión de actos ilícitos.

El decreto señala que, una vez atendida la problemática que dio origen a este beneficio, ya no resulta necesario continuar otorgándolo, además de que su prolongación podría derivar en malas prácticas y alejarse del propósito original.

Con la publicación de este acuerdo, no habrá prórrogas ni nuevas etapas de regularización, y a partir de ahora cualquier importación definitiva de vehículos usados deberá realizarse conforme a la Ley Aduanera y demás disposiciones fiscales vigentes, sin esquemas extraordinarios.

El decreto entra en vigor el mismo día de su publicación en el DOF, con lo que se pone fin oficialmente al programa que estuvo activo en diversas entidades del país con alta población migrante en Estados Unidos y Canadá.

Tips al momento

La carretera donde manda el miedo

No fue una sorpresa, fue una confirmación, la vía corta a Parral cerró el año no con operativos, ni con detenciones, ni con resultados, sino con familias despojadas de sus vehículos a plena luz del día. 

Exactamente lo contrario a lo que se supone debe garantizar el Estado.

Días antes, la Fiscalía General del Estado habría emitido un mensaje dirigido a paisanos y viajeros que regresan de Estados Unidos durante la temporada decembrina: eviten circular por esta carretera, sobre todo de noche. 

El aviso, lejos de transmitir seguridad, reconocía implícitamente que la autoridad perdió el control de ese tramo carretero.

Pero la realidad fue todavía más cruda, los robos no ocurrieron de madrugada ni en la oscuridad, ocurrieron al mediodía, cuando el sol estaba en lo alto y el tránsito era constante. 

Entonces queda claro que el problema no es el horario, sino la impunidad.

Hoy la lógica oficial parece invertida: en lugar de perseguir a los criminales, se advierte a los ciudadanos que no transiten; en lugar de recuperar el territorio, se normaliza el abandono. 

¿El siguiente paso será pedirle a la gente que no viaje ni de día? ¿Cerrar carreteras para que los delincuentes operen con mayor comodidad?

Lo más grave es que no se trata de grupos invisibles, en la región es un secreto a voces quiénes operan, cómo lo hacen y por dónde se mueven. 

A ciencia cierta y a vista de todos las autoridades saben quiénes son, pero la respuesta sigue siendo el silencio, la omisión y el comunicado tibio.

Mientras tanto, la carretera corta a Parral ya no es solo una vía de comunicación, es un símbolo del Estado rebasado, donde el miedo dicta las reglas y el ciudadano carga con la responsabilidad de cuidarse solo.

Aquí no falla la advertencia. Falla el Estado.

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Pero la realidad fue todavía más cruda, los robos no ocurrieron de madrugada ni en la oscuridad, ocurrieron al mediodía, cuando el sol estaba en lo alto y el tránsito era constante. 

Entonces queda claro que el problema no es el horario, sino la impunidad.

Hoy la lógica oficial parece invertida: en lugar de perseguir a los criminales, se advierte a los ciudadanos que no transiten; en lugar de recuperar el territorio, se normaliza el abandono. 

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Lo más grave es que no se trata de grupos invisibles, en la región es un secreto a voces quiénes operan, cómo lo hacen y por dónde se mueven. 

A ciencia cierta y a vista de todos las autoridades saben quiénes son, pero la respuesta sigue siendo el silencio, la omisión y el comunicado tibio.

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Aquí no falla la advertencia. Falla el Estado.

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