
Comienza un nuevo año y con él llegan importantes retos para el empresariado mexicano. Uno de ellos es el incremento al salario mínimo, autorizado por la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI), que pasó de 278.80 a 315.04 pesos en el salario mínimo general, y de 419.88 a 440.87 pesos en la zona libre de la Frontera Norte. Representa incrementos de 13 % y 5 %, respectivamente, en beneficio de 8.5 millones de trabajadores.
La CONASAMI, integrada por representantes de trabajadores, empresarios y gobierno, se encarga de fijar el salario mínimo con base en variables como la inflación, el crecimiento económico y el poder adquisitivo de los trabajadores. En teoría, busca mantener un equilibrio entre intereses legítimos pero totalmente distintos: el trabajador aspira a preservar su poder adquisitivo y contar con condiciones laborales dignas; el empresario busca lograr ser competitivo y generar mayor riqueza; y el gobierno, por su parte, procura ofrecer certeza jurídica, acceso al crédito y condiciones de seguridad.
La inflación se estima en torno a 3.7 % en 2025, ligeramente menor a la registrada en 2024. El crecimiento económico oscila entre 0.5 y 1 %, un nivel bajo frente al de otros países de América Latina, mientras que la productividad laboral se mantiene en niveles modestos. Aunado a ello, 2025 registra la mayor pérdida de empresarios, con poco más de 24 mil empleadores menos registrados ante el IMSS.
Entonces, surge la pregunta obligada: ¿se está logrando realmente el equilibrio?
El trabajador cumple al desempeñar sus funciones de manera efectiva, proactiva y responsable. Por su parte, el empresario asume su responsabilidad y afronta el incremento al salario mínimo, que, cabe destacar, ha permitido recuperar más de 150 % del poder adquisitivo en los últimos siete años. Adicionalmente, supera incrementos en las cuotas al IMSS e Infonavit, lo que contribuye a mejorar la calidad de vida de sus colaboradores.
El ajuste salarial recae sobre el empresario y su sostenibilidad no depende únicamente de la voluntad o de los buenos deseos, sino requiere una estrategia que permita a las empresas crecer, invertir y generar mayor empleo formal.
Resulta indispensable crear condiciones que impulsen el crecimiento económico, garanticen un marco regulatorio claro, combatan la inseguridad, promuevan créditos accesibles y generen un entorno laboral favorable que fortalezca la productividad empresarial.
Por consiguiente, el debate no debería centrarse únicamente en el salario mínimo, sino en los factores económicos que deben acompañarlo. De no actuar de manera integral, el empresariado podría enfrentar un camino solitario. “Un equilibrio de dos patas nunca sostiene, falta la tercera para que la mesa no caiga”
Por: César de la Garza Licón
cesardelagarzalicon@gmail.com