
El año 2026 comenzó con noticias significativas para la comunidad internacional: la detención, extracción y traslado del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, resultado de una intervención militar que ha generado un amplio debate en diversos foros locales e internacionales.
La actuación precisa, unilateral y quirúrgica hacia Venezuela sorprendió al mundo, rompiendo las normas del derecho internacional que Estados Unidos, principalmente, delineó al término de la Segunda Guerra Mundial.
En su discurso tras la detención, Donald Trump evitó mencionar términos como democracia, libertad o derechos humanos, subrayando su verdadero interés: apoderarse del petróleo venezolano, relegando la captura de Maduro a un segundo plano.
La Doctrina Monroe ha cobrado nuevamente relevancia. Esta política exterior, establecida por James Monroe en 1823, advierte a las potencias europeas sobre la colonización e intervención en América, bajo el lema "América para los americanos".
Con la presentación de la Nueva Estrategia de Seguridad Nacional, un documento de noviembre de 2025 que define los objetivos y prioridades de Estados Unidos, se declara abiertamente la aplicación de la Doctrina Monroe para restablecer la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y “proteger nuestro territorio nacional y nuestro acceso a geografías clave en la región”.
Este documento aborda temas de seguridad nacional, incluyendo energética, cibernética, económica, militar y alimentaria. Esto representa un cambio de paradigma donde el Estado-Nación se convierte en el sujeto principal, en lugar del individuo, y reconfigura el mapa geopolítico no solo en América, sino también en otras partes del mundo.
Las advertencias directas que el país del norte ha dirigido a la presidenta de México, especialmente en relación con la lucha contra el narcotráfico y, más recientemente, en torno a la entrega injustificada de petróleo a Cuba, dejan en claro sus pretensiones.
Estados Unidos ha mostrado sus intenciones y ha planteado sus objetivos. México ya debería estar analizando, delineando y reconsiderando su nueva relación con el país vecino ante este cambio de época. No con ello se entienda la sumisión, sino, una estrategia soberana de estado, con un plan de acción y no de reacción.