
Hechos que la Historia Oficial Mexicana esconde celosamente
Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte y Villaseñor, comúnmente conocido como el cura Miguel Hidalgo, fue un personaje no tan religioso como uno pensaría de un sacerdote y mucho más malvado y perverso de lo que uno pensaría que pudiera ser un sacerdote; hace tiempo escribí un artículo acerca del lado oscuro de Hidalgo, donde se mencionan sus aficiones muy alejadas de la vida eclesiástica, de sus romances y lo mujeriego, jugador y bebedor que era; también acerca de sus excesos en la Guerra de Independencia; de sus robos y saqueos; de sus masacres y del trato no tan correcto que le brindaba a muchas personas.
Hidalgo es la máxima figura de nuestro país, no hay ningún otro héroe nacional por encima de él, es simplemente “El Padre de la Patria” y con eso se dice todo; la Historia Oficial lleva 215 años diciéndonos eso, que ya lo tenemos hasta en los genes y no es que no sea cierto, ni se trata de denostar su figura, se trata como aquí lo he dicho muchas veces acerca de nuestros héroes, se trata de presentarlos de carne y hueso, como realmente fueron; para no salirme del tema, le voy a poner el ejemplo del General Félix María Calleja del Rey, a quien la historia nos lo presenta como el cruel y desalmado militar que sí lo era, pero a él sí se le exhibe con toda su crudeza; ni defiendo ni ataco a ninguno, simplemente que la historia oficial mexicana esconde todos los defectos de sus héroes, de modo que cuando descubrimos algo negativo de ellos, de primera no lo creemos y después nos llevamos una decepción.
Sin embargo los historiadores no dejan de hurgar, escarbar e investigar en todos los hechos, esa es su función aunque la historia oficial no los acredite, sino que por lo general desacredita hechos que no quiere que salgan a la luz pública; aunque la parte oficial no lo reconozca, estos trabajos de historiografía, son divulgados por universidades, instituciones y organismos que aunque muchos de ellos dependen del gobierno, se manejan con autonomía; también medios de comunicación independientes están siempre prestos para la divulgación. En el caso del Cura Miguel Hidalgo y Costilla, los historiadores han seguido investigando, y han documentado más información sobre el cura Hidalgo; vamos a ver quién era al brazo ejecutor que se sabe tenía Hidalgo para deshacerse de gente no grata para él y para el Movimiento Insurgente.
Dos toreros, Marroquín y Luna
El 4 de enero de 1803 toma posesión el nuevo Virrey de la Nueva España, el Brigadier José Joaquín de Iturrigaray y Arióstegui de Gainza y Larrea; dentro de su comitiva venían dos toreros españoles, el rejoneador José Manuel Luna y el torero Agustín Marroquín, este último venía también como asesor de confianza del Virrey Iturrigaray. El rejoneador José Manuel Luna se dedicó a recorrer todo el virreinato haciendo presentaciones y corridas, mientras que Agustín Marroquín se avocó a su trabajo como asesor principal del Virrey, haciendo ocasionalmente corridas de toros.
Por aquellas épocas, se había establecido en la Nueva España el sacerdote peruano Fray Melchor de Talamantes y Baeza, quien venia proscrito y expulsado por el Virreinato del Perú debido a sus ideas libertarias; el Virrey Iturrigaray le ordena al Brigadier Calleja que le ponga vigilancia a Fray Melchor para evitar que propagara sus ideas entre los novohispanos. En cierta ocasión Calleja fue informado por su gente que habían visto al asesor del Virrey, al “Torero” Marroquín como todos lo conocían, con Fray Melchor de Talamantes, entonces Calleja decide redoblar la vigilancia, se dan cuenta que se hacen más frecuentes y duraderos los encuentros entre ambos personajes. Finalmente, Fray Melchor de Talamantes y Baeza, fue quien realmente prendería la mecha del Movimiento Insurgente.
Cuando el Virrey es informado, sintió que era una traición de Marroquín, a quien encaró, le reclamó y entre gritos lo destituyó como asesor; el General Calleja ordena por cuenta propia, sea arrestado y encarcelado, ahí en prisión, Calleja ordena sea golpeado hasta saber qué información aporta; el Virrey desconocía que Calleja lo tenía encerrado, le ordena que lo libere y lo eche a la calle, orden que Calleja obedeció al pie de la letra, pues el Torero Marroquín fue arrojado a la calle, frente a toda la gente que pasaba.
Torero, bandido y estafador
Tras estos penosos sucesos, el Torero Marroquín se sintió verdaderamente despreciado y maltratado por sus propios compatriotas españoles, a quienes les empieza a tomar un odio y un rencor profundo; Marroquín decide dedicarse al toreo y busca a su amigo el rejoneador José Manuel Luna, quien ya tenía muy buen cartel y triunfaba en la Nueva España; Luna lo lleva con el Cura Miguel Hidalgo y Costilla y aquí el asunto comienza a tornarse interesante, resulta que el Torero Marroquín y el Cura Hidalgo ya se conocían, habían coincidido en las pláticas de Fray Melchor de Talamantes junto con Morelos, Aldama y otros que más delante serían líderes insurgentes.
El Padre Miguel Hidalgo y Costilla era un clérigo en extremo “sui géneris”, pues lo mismo se le veía oficiando la misa que celebrando un bautizo o casando a un par de enamorados, pero también se le podía ver en la cantina, bebiendo, jugando y apostando, así como enamorando y acostándose con mujeres, de preferencia le gustaban las casadas; pero también el Cura Hidalgo poseía múltiples propiedades, entre ellas tres haciendas ganaderas, “El Jaripeo”, “Santa Rosa” y “San Nicolás”, ubicadas en Queréndaro, Epunguiato y Tzingareo, Michoacán, la primera dedicada a la crianza de caballos para jaripeo y charrería, en las otras criaba ganado de lidia, reses bravas de alta calidad para las corridas de toros, por lo que además Hidalgo también era empresario taurino; con todo esto, Hidalgo contrata al torero Agustín Marroquín para una serie de corridas junto a un grupo de toreros novohispanos que ya trabajaban con Hidalgo, la figura estelar era José Manuel Luna el rejoneador.
En la inauguración de la Basílica del Santuario de Guadalupe en San Luis Potosí, el Padre Miguel Hidalgo se encargó de oficiar la misa inaugural, así como organizar la gran corrida de toros para celebrar el magno acontecimiento; en el palco de honor, Hidalgo había invitado a sentarse junto a él al General Félix María Calleja (aún no eran enemigos, pues no se había descubierto la conspiración) y al Intendente Manuel Merino; al partir plaza los toreros y hacer el paseíllo, cuál no sería la sorpresa de Calleja al ver como primer espada al Torero Marroquín; Calleja no dijo nada, pero de inmediato le manda informar al Virrey Iturrigaray, cuya reacción fue demasiado visceral, ordenó vetar a José Manuel Luna y Agustín Marroquín, impidiendo se presentaran en cualquier lugar del Virreinato de la Nueva España.
De nuevo el Virrey le cerraba la puerta a Marroquín quien ya no lo pensó más y decide asestarle un golpe al Virrey, asaltando un cargamento de oro y plata proveniente de las minas de Acámbaro, Guanajuato; el golpe iba directo a la Corona Española y al bolsillo del Virrey, quien se quedaba con un porcentaje de cada cargamento; el Virrey los declara fuera de la ley en todo el territorio de la Nueva España, ordenando que donde fueran detenidos, le fueran entregados al General Calleja; los dos toreros responden secuestrando a tres importantes figuras y amigos muy allegados del Virrey Iturrigaray, al Coronel Diego García Conde, al Intendente de Michoacán Manuel Merino y a Don Diego Rul; por varios días los tuvieron secuestrados, hasta que son descubiertos y liberados los cautivos, Luna y Marroquín logran huir; a partir de ahí se separan y Luna se desaparece por un buen tiempo, mientras que el Torero Marroquín, al saberse proscrito, puesto fuera de la ley y reclamado como delincuente, termina por sumergirse en el mundo del crimen y la delincuencia; se dedica un tiempo como estafador y tahúr, para después formar su propia banda de asaltantes.
Atracos, asesinatos y captura
A partir de aquí, el Torero Marroquín se convirtió en un verdadero dolor de muelas para el Virreinato, le había declarado la guerra al Virrey Iturrigaray; el Torero y su banda asolaban caminos, pueblos y haciendas, Marroquín atacaba principalmente objetivos del gobierno virreinal, como cargamentos de oro y plata, envíos de dinero para pago de nóminas, cargamentos militares de armas, municiones y equipamiento, edificios públicos, las diligencias de correos, fortificaciones militares y comandancias de policía; muy pocas veces se metía con la población, su principal objetivo era dañar al Virreinato y al Virrey y enriquecerse a costa de ellos
Otro problema que generaba el Torero Marroquín era el alto índice de asesinatos que cometía contra españoles, motivado por el odio y resentimiento que adquirió en contra de su propia gente; como resultado, los españoles radicados en la Nueva España exigieron su captura y ejecución ante el terror desatado por el temible personaje, de quien se rumoraba ya poseía una gran fortuna producto de todas sus trapacerías.
La zona de operación del bandolero se centraba en Zacatecas, San Luis Potosí, Guanajuato, Querétaro y Michoacán, era donde estaba la producción minera de oro y plata; ocasionalmente hacía incursiones a las minas de Pachuca, hasta que un día de 1807 se le ocurrió ir a robarse un cargamento que venía de Guadalajara a la Ciudad de México; oro y plata provenientes de la región minera de Bolaños en Jalisco, la carga venía custodiada ni más ni menos que por el General Manuel de Flon y Conde de la Cadena, el segundo, el brazo derecho del General Félix María Calleja; por otra parte, ni Marroquín ni sus bandidos conocían la región, pues nunca habían incursionado por Guadalajara…y ese fue su error.
El General de Flon lleva prisionero a Marroquín a Guadalajara, mientras Calleja le ordena que le den doscientos azotes y que lo encarcelen hasta el momento en que él vaya para Guadalajara por él.
Guerra de Independencia, Marroquín brazo ejecutor y sicario de Hidalgo
En 1810 el Cura Hidalgo proclama el Grito de Dolores, iniciando con ello la Guerra de Independencia, un período de once años que nos liberaría del dominio español; para ese entonces, el Torero Marroquín ya tenía tres años encarcelado y miles de azotes sobre su espalda, ya que Calleja cada vez que se acordaba de él, ordenaba azotarlo, ya era incontenible el odio que Marroquín había acumulado contra sus propios españoles, él pensaba que iba a morir en la prisión, hasta que su viejo amigo Hidalgo se acordó de él.
Hidalgo le ordena a su lugarteniente en Guadalajara, José Antonio de los Santos Torres Mendoza más conocido como “El Amo” Torres, que libere al Torero Marroquín y se lo envíe a Guanajuato; Torres libera a todos los presos de Guadalajara y lis incorpora al Ejército Insurgente, enviando al Torero Marroquín con Hidalgo que estaba tomando Guanajuato, ahí se reencuentran e Hidalgo le dice que lo necesita para que le ayude con los molestos y odiosos españoles y para “otros menesteres”; por su parte, Marroquín le jura lealtad y le asegura que por los españoles no se preocupe, que él se encargaría de ellos.
Y así es, el Intendente Riaño de Guanajuato se había negado a entregar la plaza, concentrando a todos los españoles y sus familias en la Alhóndiga de Granaditas, una vez que El Pípila voló la puerta, Marroquín asesina al Intendente Riaño, entonces Hidalgo le ordena que se deshaga de todos los españoles ahí dentro, Marroquín, fiel ejecutor de las órdenes de Hidalgo azuza a la turba insurgente provocando una espantosa masacre, que hasta algunos líderes como Ignacio Allende, Juan Aldama, Ignacio Camargo y Mariano Jiménez comenzaron a dudar deHidalgo y su proceder, así como de la presencia de Marroquín en el movimiento.
El Torero Marroquín se encargó de meter en la mente colectiva de las masas el sentimiento anti español exacerbado, de modo que a una voz de él se desencadenara la masacre; después de Guanajuato, el Cura Hidalgo marchó hacia Morelia, en cada poblado, ranchería o hacienda que había en el trayecto, Marroquín se deshacía de los españoles que encontraba y se encargaba por ordenes de Hidalgo, de asesinar a las autoridades que se negaran a colaborar con la independencia; así llegaron a Morelia, en donde mientras Marroquín y una turba de insurgentes reunieron a todos los españoles asesinándolos a golpes, pedradas y machetazos, en todas esas masacres iban hombres, mujeres, ancianos, niños y hasta bebés; mientras Marroquín cumplía con sus órdenes, Hidalgo saqueaba la Arquidiócesis de Valladolid (Morelia), la más grande de la Nueva España, de donde se robó 400 mil pesos.
Tras lo sucedido en Valladolid (Morelia), el Rejoneador José Manuel Luna, quien estaba bajo el mando del General Ignacio Allende, busca a Marroquín para alertarlo de que su jefe Allende, Camargo, Jiménez y Aldama estaban hablando con el Cura José María Morelos acerca de las masacres de Marroquín por órdenes de Hidalgo, ya que eso no estaba en el código militar que ellos manejaban; mientras, Hidalgo marchaba sobre Guadalajara.
La masacre de Guadalajara
En Nueva Galicia (Guadalajara), el Amo Torres ya tenía control de la ciudad y esperaba la llegada de Hidalgo, quien venía desde Morelia arrasando poblados; según narran las crónicas de la época, en Guadalajara el Cura Hidalgo perdió completamente la brújula, se sintió y se vistió como si fuera un rey y adoptó poses de monarca; sin embargo,el hecho que marcó y terminó por manchar al Cura Hidalgo y describirlo tal como lo que era fue el siguiente:
En Guadalajara vivían alrededor de 700 españoles, al entrar Hidalgo en la ciudad, el Torero Marroquín y su gente aprehendieron y encerraron a 650 españoles, según crónicas de José María Luis Mora y de Lucas Alamán, historiadores de aquella época, el Torero Marroquín habría alardeado diciendo “estos españoles conocerán a un verdadero matador”, y según estos historiadores por las noches Marroquín sacaba grupos de cuarenta españoles, se los llevaba a las barrancas de Oblatos (justo donde hoy está el enorme Complejo de Seguridad Pública de Guadalajara) y haciendo gala de sadismo, crueldad y odio mezclado con sus artes taurinas despachaba españoles, seres humanos al estilo taurino, como si fuera una cruel corrida de toros pero con humanos; se cuenta que primero les clavaba las banderillas, las personas brincaban y se retorcián de dolor, después los “toreaba” con unos cuantos capotazos, para enseguida descubrir la espada y el estoque, infligiéndoles severas heridas, rematando su horrible “faena” asestándoles la puntilla en la nuca, para finalmente ser arrojados a la barranca; algunos, los que corrieron con más suerte, fueron degollados. Así, de cuarenta españoles por noche, el Torero Marroquín, en sádico festín asesinó a 650 personas, todos ellos españoles.
Calleja, Marroquín, Aldama, ¿traiciones?
A estas alturas los mandos de la insurgencia estaban muy molestos con los procedimientos de Hidalgo y las atrocidades de Marroquín, incluso planeaban envenenar a Hidalgo, cuando les llega la información de que el General Calleja viene a Guadalajara a sofocar el movimiento; Hidalgo le encarga a Marroquin ir a vigilar a Calleja y asesinarlo antes de que lleguen a Guadalajara; de manera simultánea el Rejoneador Luna, quien estaba bajo las órdenes de Ignacio Allende le comenta a Marroquín que éstos están muy molestos con Hidalgo y que Juan Aldama ha propuesto envenenarlo a él; en este entramado sucedieron varias cosas de las que no se han podido comprobar completamente, veamos:
El General Félix María Calleja llega a las afueras de Zapotlanejo, Jalisco, al lugar conocido como Puente de Calderón con un ejército de 7,500 hombres y 10 cañones a enfrentarse al Ejército Insurgente del Cura Hidalgo con 100 mil hombres y 95 cañones; se sabe que como estratega militar Hidalgo era malísimo, pero aún así, nadie se explica cómo es que 7,500 hombres derrotaron estrepitosa y vergonzosamente a 100 mil; hay menciones de que Marroquín en vez de asesinar a Calleja habría hecho un trato con él, en donde Marroqúin y toda su gente a cargo se habrían pasado del lado de Calleja, junto con 25 cañones, además le traería vivo al General Juan Aldama; a cambio, Calleja le otorgaría el perdón y lo dejaría vivir su vida. Nada de eso está históricamente comprobado, sólo que la Batalla de Puente de Calderón fue una inexplicable y muy dolorosa derrota para la insurgencia.
Calleja: estocada final y puntilla a este grupo de insurgentes
La derrota de la Batalla de Puente de Calderón fue vergonzosa y muy dolorosa para el Movimiento Insurgente, tanto que el Cura Miguel Hidalgo fue destituido como máximo líder, quedando en su lugar un Consejo de Guerra formado por los Generales Ignacio Allende, Ignacio Camargo, Juan Aldama y Mariano Jiménez, además con la incorporación del Cura José María Morelos y los Generales Nicolás Bravo e Ignacio López Rayón; el Cura Miguel Hidalgo quedó bajo la figura de asesor del Consejo, para los asuntos de carácter político. Todos ellos huyeron con vida de ahí, y comenzaron a reagruparse y a reconformar el Movimiento Insurgente, Sin embargo Calleja tenía un as bajo la manga y les preparaba una muy desagradable sorpresa.
El General Manuel de Flon y Conde de la Cadena le informa al General Calleja que la cúpula insurgente se ha reagrupado y están buscando comprar armas en Estados Unidos, es entonces que Calleja tiende la trampa; envía al Capitán Ignacio Elizondo, quien aparentaba ser insurgente, por lo que le tenían confianza; además era sabido de las conexiones políticas y económicas de la familia Elizondo en Texas; el Capitán Elizondo se ofreció a llevar a toda la cúpula insurgente a San Antonio de Béjar, Texas para conseguirles armas muy baratas; los insurgentes aceptan y Elizondo los cita para verse el 21 de marzo de 1811 en las Norias de Acatita de Baján, Coahuila, para llevarlos hasta
San Antonio de Béjar por las armas, pero no hubo viaje, ante su sorpresa al llegar el Capitán Elizondo y su gente, los capturó a todos, llevándolos a Chihuahua por órdenes de Calleja, quien estaba feliz, pues en la trampa habían caído Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Ignacio Camargo, Juan Aldama, Mariano Jiménez, Juan Bautista Carrasci y el Torero Marroquín, además de una pequeña escolta que llevaban. A todos se les proporcionó un trato digno, excepto al Torero Marroquín, quien por instrucciones de Calleja fue sometido a los azotes y torturas. Todos ellos fueron fusilados el 10 de mayo de 1811 en la Ciudad de Chihuahua; Calleja ordenó colgar sus cabezas en las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato; la cabeza del Torero Marroquín se la llevó Calleja a la Ciudad de México, aunque ya no estaba el Virrey Iturrigaray, se le entregó como trofeo al Virrey Francisco Xavier Venegas de Saavedra y Rodríguez de Arenzana como trofeo por la afrenta que Marroquín le había hecho al Virreinato, a la Corona Española y a la figura del Virrey.
Le recomiendo en cualquier oportunidad, sumergirse en la historia de México, es algo muy interesante y enriquecedor.
Referencias Bibliográficas:
+ elperiodicodesaltillo.com
+ históricas.unam.mx
+ lostorosdanyquitan.com
+ x.com
+ ahtm.wordpress.com
+ escaleradelexito.com
+ es.wikipedia.org