
Como bien sabemos, la Reforma Electoral viene en camino. La oposición habla acerca de una reforma regresiva y el oficialismo de una reforma que apuesta a una mejor democracia. Se han hecho varias consultas en distintos estados en los cuales han alzado la voz varios sectores. Sociedad civil, políticos, académicos, especialistas en la materia, y demás, lo cual me da mucho gusto. No se conocerá el carácter y el fondo de esta reforma hasta las primeras semanas de febrero, por lo que toca esperar…
Dado la naturaleza de esta sección, escribo para hacer un recuento acerca de lo que el sistema electoral le debe a los jóvenes, y qué condiciones podría mejorar esta reforma. La legislación electoral obliga a los partidos políticos a postular por lo menos 25 candidaturas jóvenes para la Cámara de Diputados. 20 de estos tienen que jugarla en su distrito, es decir, por mayoría relativa. Para evitar que se les envíe a distritos perdidos, se establece que compitan en zonas con competitividad media o alta para su partido. Es decir, “distritos ganables” para el partido. Las otras 5 deben de ir en la pluri, una candidatura por cada lista de las 5 circunscripciones. Todo esto es lo mínimo. Cabe destacar que para el Senado no hay una cuota de jóvenes.
¿Este sistema garantiza que haya una verdadera representación juvenil? En la elección del 2024 los jóvenes representaban el 27% de la lista nominal; es decir, 26 millones de votantes. ¿Cuántos jóvenes llegaron a la Cámara baja? Llegaron solamente 23 legisladores. De representar a uno de cada 4 votantes, no alcanzaron ni el 5% de la Cámara.
Siendo muy críticos con estos datos, las políticas de acción afirmativa no son muy eficaces al parecer, en lo que a los jóvenes respecta. Y de hecho, la representación de este grupo etario bajó comparándola con la de las últimas 6 legislaturas. La actual acción afirmativa juvenil es insuficiente y mal diseñada para garantizar representación real.
Con todos estos datos anteriores, sería interesante replantear las cuotas de acción afirmativa, y sobre todo el régimen interior de los partidos. Al estar al frente de una Reforma Electoral inminente, sería muy positivo que el Legislativo plantee una solución a este problema de representatividad. No basta que se quede en el discurso el apoyar a este grupo etario por parte de los 3 órdenes de gobierno; o hasta dentro de los partidos políticos, pero eso no le compete a este artículo. Lo que sí le compete son las reglas electorales que no facilitan la llegada de cuadros frescos al Congreso. Si pudimos llegar a tener un Congreso paritario, ¿por qué no un Congreso que se aproxime a representar a los votantes primerizos?
Abriendo esta discusión pueden surgir distintas propuestas, con diversas opiniones de estas. No sería un misterio el resultado que tendríamos al subir la cuota de jóvenes compitiendo por la vía de mayoría relativa. O aún mejor, el aumentar los espacios de este grupo en las listas de representación proporcional. Sería muy descabellado el proponer aquí el número de candidaturas que deberían de ser el mínimo para las juventudes. A sabiendas de que esto parte de cosas más complejas que superan a esta columna.
Por último, me gustaría hacer un llamado a los liderazgos de las fuerzas partidistas. Es muy positivo el que se creen constantemente escuelas de formación política o de cuadros. El problema surge cuando en los mismos partidos no le dan su lugar a los jóvenes. Recordando siempre que la acción afirmativa es para apoyar a aquellos grupos a los que históricamente no les ha sido fácil llegar.