
Hay una línea que ningún gobierno democrático debería cruzar: la de disponer del dinero de los trabajadores como si fuera patrimonio personal del poder. Hoy, el régimen de Morena la ha rebasado sin pudor.
Mientras millones de familias mexicanas batallan para llegar a fin de mes, mientras hospitales carecen de insumos, escuelas se caen a pedazos y productores sobreviven con apoyos mínimos, el régimen de Morena envía 800 toneladas de alimentos a Cuba bajo el disfraz de una supuesta “ayuda humanitaria”.
¿Humanitaria para quién? ¿Para el pueblo cubano o para sostener a la dictadura más sanguinaria de nuestro continente?
Porque no nos engañemos: esto no es solidaridad. Esto es propaganda. Esto es complicidad. Esto es usar el dinero de los mexicanos para apuntalar a una dictadura.
No es un hecho aislado, Morena ha regalado miles de millones de pesos en petróleo, alimentos, insumos, médicos, libros de texto y recursos públicos a la dictadura cubana. Lo ha hecho en silencio, sin rendir cuentas, sin consultar a nadie, sin respetar a quienes pagan impuestos. Lo ha hecho como si México fuera su caja chica ideológica.
Mientras en Chihuahua faltan carreteras. Mientras en Juárez faltan medicamentos. Mientras en la sierra faltan oportunidades. Pero sobra dinero para exportar lealtades políticas. Sobra dinero para sostener una narrativa romántica sobre regímenes fracasados.
Si la presidenta de México quiere ser solidaria con la dictadura cubana, está en su derecho personal. Que done su salario, que venda su patrimonio, que use su dinero, pero no el nuestro.
No el de los obreros, no el de los campesinos, no el de las madres trabajadoras, no el de los emprendedores, no el de los jóvenes que apenas sobreviven.
Los impuestos no son una herramienta ideológica. No son una chequera para proyectos políticos internacionales, no son un botín para satisfacer nostalgias revolucionarias, son el esfuerzo de millones de mexicanos que se levantan todos los días a trabajar y ese esfuerzo merece respeto.
Morena ha confundido el poder con impunidad. Ha confundido la política exterior con militancia partidista. Hoy usan la “ayuda humanitaria” como coartada y mañana usarán cualquier pretexto.
Presidenta, si quiere ser solidaria, hágalo con lo suyo, con nuestros impuestos, no.