
Juan de Dios Loya, empresario del sector gasolinero, advirtió que mantener la gasolina en 24 pesos por litro, como lo ha establecido la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, podría volverse insostenible si persiste el aumento en los precios del petróleo derivado del conflicto entre Estados Unidos e Irán.
Explicó que el precio actual del combustible en México se sostiene gracias a la intervención del gobierno federal, que subsidia indirectamente a Pemex para evitar incrementos que afectarían directamente a los consumidores.
“Anteriormente, con la administración federal de López Obrador se ajustaba el IEPS para que no subieran los precios de los combustibles. Actualmente, el gobierno ha buscado otra manera de apoyar a Pemex para que no incremente sus precios. Esto es soportable hasta cierto punto, pero si la guerra continúa por largo tiempo, el problema podría agravarse y no será fácil sostener el precio actual”, señaló.
Manifestó que la volatilidad de los precios internacionales del petróleo representa un factor determinante en la estabilidad de los costos del combustible. A pesar de que la demanda mundial de gasolina suele disminuir en la temporada de verano, la escalada de los precios del crudo podría impactar directamente en el bolsillo de los consumidores mexicanos.
“Si sigue subiendo el petróleo, eso va a impactar poderosamente en el precio de las gasolinas. Esperemos que se solucione, por el bien del gobierno y de la sociedad”, agregó.
Advirtió que la prolongación del conflicto geopolítico podría generar un escenario económico complicado, afectando tanto a la industria petrolera como a la economía nacional en general. Recordó que la intervención gubernamental es temporal y tiene un límite de sostenibilidad, por lo que los subsidios actuales podrían no ser suficientes si los precios internacionales siguen su tendencia alcista.
Cabe mencionar que, expertos en economía coinciden en que los precios de los combustibles están fuertemente correlacionados con los precios internacionales del petróleo, y que cualquier perturbación en el mercado global, como tensiones entre grandes productores o conflictos geopolíticos, puede traducirse en incrementos significativos en el costo para los consumidores.