
La presencia de militares patrullando las calles es una imagen tristemente habitual en Culiacán. Más todavía desde septiembre del 2024, cuando dio inicio la guerra intestina en el Cartel de Sinaloa. Pero el despliegue del Ejército en la capital del Estado era todavía más abrumador este jueves, un día después de la explosiva denuncia del Departamento de Justicia contra el gobernador, Rubén Rocha Moya, y otros nueve altos funcionarios por vínculos con el narcotráfico. Rondines con soldados con la cara cubierta y la mano en las ametralladoras, retenes en avenidas principales, parques y hasta en la casa del gobernador, en un exclusivo barrio residencial de la capital. Rocha, tal y como anunció cuando estalló el escándalo, ha seguido con su agenda diaria habitual y, tras presentar por la mañana unos fertilizantes en un pueblo del oeste rural del Estado, afirmó ante la prensa “no tener miedo a nada”.
El despliegue militar no ha podido evitar que, en pleno momento de alarma, se ejecutara otro asesinato con el sello del crimen organizado. A primera hora de este jueves, Homar Salas, el líder del Sindicato de Trabajadores del Ayuntamiento de Culiacán, fue abatido a tiros junto a su escolta cuando sacaba el coche del garaje de su casa, en otro barrio céntrico. Salas había ganado unas polémicas elecciones sindicales en febrero, plagadas de una estrategia de cacicazgos que dibujan una turbia red con nombres de peso que no han sido puestos de manera pública en la mira de Washington, pero que arrastran una larga historia de conexiones con el crimen organizado.
El caso más relevante es el de Sergio Torres Félix, diputado local por Movimiento Ciudadano, quien el 28 de enero pasado fue asesinado a balazos y a la fecha sigue sin saberse ni los motivos ni tampoco la identidad de sus agresores. Torres Félix era primo de José Manuel Torres Félix, ‘El Ondeado’, quien fue brazo derecho de Ismael El Mayo Zambada. Torres Félix, un veterano priista que saltó del barco los últimos años, conservaba el control en la sombra del sindicato, desde que fuera alcalde de Culiacán (2014-2016). Trabajadores sindicalizados han señalado de manera anónima que Torres operó en las elecciones internas para mantener el control y colocar a Salas, su alfil, presionando para que el resto de los candidatos declinaran días antes de la elección. Salas ganó y, apenas un mes después, fue asesinado.

El sindicato es una influyente base de operaciones políticas dentro de un ayuntamiento dirigido por el alcalde Juan de Dios Gámez, también en la lista de imputados del Departamento de Justicia por, según la acusación, dejar vía libre a Los Chapitos, una de las dos facciones en pugna, a cambio de sobornos.
No hay paz para Sinaloa. Por los pasillos del Congreso estatal, la conmoción por el asesinato del líder sindical se sumaba al terremoto provocado un día antes por la denuncia de un fiscal de Nueva York, que ha solicitado a las autoridades mexicanas la detención de los acusados y su extradición al otro lado de la frontera. El grupo morenista en el Estado dio una rueda de prensa refrendando la postura oficial del Gobierno federal, que apunta a una campaña política contra el morenismo y exige más pruebas antes de que la Fiscalía General de la República comience su propia investigación. “Expresamos nuestro respaldo firme e institucional al gobernador, así como a todos y todas las integrantes de nuestro movimiento”.
Antes, Rocha insistió en su inocencia desde el municipio de Navolato, a unos 30 kilómetros de la capital, aunque sus declaraciones no encajaron del todo con la primera versión que dio tras conocerse el escándalo. El miércoles, el gobernador aseguró que había hablado con la presidenta, Claudia Sheinbaum, y aventuró que “no pasaría nada”. Al día siguiente, frente a un pequeño grupo de periodistas locales, afirmó que no, que lo único que supo de Sheinbaum fue lo que vio por televisión en la conferencia matutina, donde la presidenta salió en su defensa. Descartó que fuera a renunciar a su cargo y añadió en tono jocoso que “el que nada teme, lo pasa bien”.

Guardando los equilibrios, la presidenta desplegó en su conferencia varias líneas defensivas como un primer golpe para ganar tiempo. Desde acusar al embajador estadounidense, Ronald Johnson, un halcón de la CIA y exboina verde, de “actitudes injerencistas” como respuesta a unas declaraciones donde el embajador decía que “la corrupción que facilita el crimen organizado será investigada y procesada”, hasta aludir a los prejuicios que atraviesan a Sinaloa, cuna de los grandes traficantes históricos de México.
Con información de El País.