Cientos de feligreses se dieron cita en la Catedral Metropolitana, donde el Arzobispo de Chihuahua, Constancio Miranda Weckmann, oficio la celebración del Domingo de Ramos, marcando formalmente el inicio de la Semana Mayor.
La liturgia, recordó la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén. Durante la celebración, el Arzobispo encabezó la tradicional procesión y bendición de las palmas, un acto que simboliza la aclamación del pueblo judío al Mesías.
Siguiendo el Evangelio según San Mateo, los asistentes alzaron sus ramos mientras recordaban las palabras bíblicas, "¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!".
Este domingo representa el umbral hacia los días más sagrados del calendario cristiano, y se invitó a la comunidad chihuahuense a vivir estos días en reflexión y acompañar el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo.
Con este acto, la Arquidiócesis de Chihuahua arranca el programa de actividades de Semana Santa.

El encuentro entre México y Portugal terminó en un auténtico caos logístico, previo al mundial.
La organización del Estadio Banorte mostró graves deficiencias que dejaron a cientos de aficionados fuera del inmueble incluso después de iniciado el encuentro.
Las filas en los accesos continuaban avanzando a cuentagotas, los asistentes denunciaron una espera de hasta tres horas para poder ingresar, logrando cruzar los torniquetes apenas al llegar el medio tiempo.
El desorden puso en riesgo la integridad de los elementos de la policía, quienes se vieron superados por la aglomeración y la molestia de la gente.
En las primeras filas la visibilidad fue nula, impidiendo que los espectadores pudieran seguir las acciones del partido.
Asimismo, se reportó una saturación peligrosa en la parte alta de las tribunas, con una gran cantidad de personas paradas en los pasillos ante la falta de control en el aforo.

El encuentro entre México y Portugal terminó en un auténtico caos logístico, previo al mundial.
La organización del Estadio Banorte mostró graves deficiencias que dejaron a cientos de aficionados fuera del inmueble incluso después de iniciado el encuentro.
Las filas en los accesos continuaban avanzando a cuentagotas, los asistentes denunciaron una espera de hasta tres horas para poder ingresar, logrando cruzar los torniquetes apenas al llegar el medio tiempo.
El desorden puso en riesgo la integridad de los elementos de la policía, quienes se vieron superados por la aglomeración y la molestia de la gente.
En las primeras filas la visibilidad fue nula, impidiendo que los espectadores pudieran seguir las acciones del partido.
Asimismo, se reportó una saturación peligrosa en la parte alta de las tribunas, con una gran cantidad de personas paradas en los pasillos ante la falta de control en el aforo.
