Por: Oscar A. Viramontes Olivas
En las tardes de Chihuahua, cuando el viento baja por las lomas y el polvo parece recordar por sí solo el paso de la ciudad, la avenida de “La Cantera” no se siente como una simple línea de asfalto, se siente como una memoria viva, pues el arroyo que le dio origen, nace al oeste de la ciudad, cruza hacia el oriente, y fue canalizado para abrir paso a la Vialidad, terminando La Cantera para unirse al río Chuvíscar; no es un nombre caprichoso, sino un rastro geográfico vuelto ciudad, por eso, cuando el Ayuntamiento de Chihuahua aprobó el 22 de abril de 2026 el agregar el nombre del empresario “Víctor Cruz Russek” a esa vialidad, la noticia no tocó sólo un letrero, tocó una costura antigua del paisaje urbano.
El propio Municipio informó que la denominación quedaría como “Avenida de La Cantera ‘Víctor Cruz Russek’”, es decir, una adición, no una desaparición del nombre original, en este sentido, medios locales también reportaron que el cambio fue avalado por mayoría en el Cabildo y que el nombre histórico permanecería, en este sentido, empezaría la disputa moral, porque una avenida puede honrar a una persona, sí, pero no toda avenida debe renunciar a la memoria que la explica, por ello, La Cantera, no nació para celebrar a una persona, sino para nombrar un territorio, un cauce, una vocación de piedra y de agua. Cambiarla por completo, sería como pedirle al mapa que olvide el suelo que lo sostiene y en ese sentido, no parece justificado borrar el nombre histórico para sustituirlo por otro y menos que quede como algo “compuesto”, ¿tiene sentido?, aunque sí puede entenderse la intención de reconocer a una figura local mediante una denominación honorífica adicional ¿pero no existen un sinnúmero de calles o avenidas nuevas que pueden ser “bautizadas” con personajes con colores partidistas?
En Chihuahua, nombrar una calle no es, o no debería ser, un acto ligero; no es una ocurrencia, ni un gesto espontáneo del poder en turno, es, en el fondo, una decisión que atraviesa la memoria de la ciudad, porque cada nombre no sólo orienta, también narra, fija, conserva, por eso la ley intenta contener, aunque no siempre lo logre, la tentación de imponer nombres como si fueran sellos de época. El marco normativo del Ayuntamiento, establece que la nomenclatura urbana debe seguir reglas claras, el Reglamento de Desarrollo Urbano Sostenible del Municipio de Chihuahua, señala que corresponde a la autoridad municipal mantener la continuidad de los nombres en toda la extensión de una vialidad, evitando fragmentaciones innecesarias, dicho de otro modo, una calle u avenida, no debe cambiar de identidad a mitad de su trayecto como si su historia pudiera cortarse por tramos. La ciudad, según la norma, debe hablar con coherencia.
Pero la ley no se queda ahí, también exige que cualquier asignación o modificación de nombre esté sustentada; no basta con proponer, hay que justificar y cuando se trata de nuevas vialidades, los desarrolladores deben gestionar formalmente la aprobación del nombre, acompañándola de estudios, planos y argumentos, y cuando se pretende modificar un nombre ya existente, el margen se estrecha aún más, pues la norma indica que sólo puede hacerse por razones técnicas, como evitar duplicidades o ajustar el sistema urbano de ejes, es decir, NO POR CAPRICHO. Aquí aparece la primera grieta entre la ley y la realidad, porque, aunque el reglamento exige incluso estudios históricos y biográficos cuando se trata de nombres de personas, la interpretación de “mérito” o “relevancia” no siempre es clara. ¿Quién decide qué vida merece ser convertida en calle?, ¿qué peso tiene una trayectoria frente a siglos de memoria territorial? La ley pide documentos, la historia exige sensibilidad.
Existe también un requisito que parece querer poner un límite simbólico, pues, cuando se propone nombrar una calle en honor de una persona, ésta debe haber fallecido; es una forma de evitar homenajes apresurados, de dar tiempo a que la historia juzgue, sin embargo, incluso ese filtro no elimina la duda, porque la norma regula el procedimiento, pero no puede regular del todo la intención, y en medio de esa tensión, surge una práctica que intenta conciliar, no borrar, sino añadir, por ello, el Ayuntamiento de Chihuahua ha optado, en algunos casos, por incorporar nombres honoríficos sin eliminar el original, así, una avenida puede conservar su raíz histórica y, al mismo tiempo, cargar con un nuevo apellido. En apariencia, es una solución equilibrada, pero en el fondo deja una pregunta abierta: ¿sumar nombres es respetar la memoria o diluirla lentamente?
La existencia de un “Departamento de Nomenclatura” dentro de la administración municipal, confirma que este tema no es menor, por ello, nombrar implica ordenar la ciudad, pero también intervenir en su identidad, por eso, aunque el procedimiento esté regulado, la percepción pública puede volverse incierta. La gente no discute artículos del reglamento, discute lo que siente que se pierde, entonces, ¿pueden asignarse nombres de forma arbitraria?, legalmente, no. La norma exige justificación, documentación, coherencia y, en ciertos casos, consenso. Pero la arbitrariedad no siempre se presenta como desorden abierto, a veces se disfraza de formalidad cumplida; se siguen los pasos, se llenan los expedientes, se vota en Cabildo… y aun así, queda la sensación de que algo no encaja del todo. Ahí es donde entra la duda, no jurídica sino moral, porque una ciudad no sólo se gobierna con reglamentos, sino con memoria, y cuando el nombre de una calle cambia, o se le añade otro, no sólo se modifica un letrero, se toca una historia. La ley puede ordenar el proceso, pero no puede evitar la pregunta más incómoda: si lo que se hace, aun siendo legal, ¿es también justo?
Quienes se oponen no hablan sólo con nostalgia, hablan con un sentido de proporción histórica. El 22 de abril, activistas se manifestaron afuera del Palacio Municipal precisamente porque consideraron que el empresario Víctor Cruz Russek, no reunía méritos suficientes para ocupar el nombre de la avenida. Esa protesta no fue un berrinche aislado, fue la voz de quienes sienten que la ciudad no debe tratar su toponimia como si fuera una sala de trofeos en la que siempre cabe el nombre del poderoso más reciente, sin embargo, también existe el argumento contrario. El Ayuntamiento sostuvo que los nombres añadidos buscan reconocer a personas que contribuyeron al desarrollo económico, social y urbano de la capital.
Bajo esa lógica, Víctor Cruz Russek, descrito por la prensa como empresario automotriz y ganadero, representa una figura de relevancia pública reciente que podría merecer homenaje, visto así, la intención no sería destruir la memoria anterior, sino superponer una segunda capa de reconocimiento, pero la crónica de una ciudad enseña que no todo homenaje conviene a cualquier lugar; hay nombres que pertenecen al linaje del terreno, y otros que pertenecen al linaje de las personas. “La Cantera” pertenece al primero, es nombre nacido del cauce, del relieve, del barrio y de la historia material de Chihuahua; en ese sentido, quitarle el peso principal al nombre, sería una forma de amnesia urbana, no es una objeción sentimental, es una defensa de la continuidad histórica de la ciudad. Por ello, la defensa del cambio sólo podría sostenerse si la ciudad necesitara una señal inequívoca de gratitud hacia Cruz Russek, o si la vialidad careciera de una identidad anterior poderosa. Pero La Cantera ¡sí la tiene! Su nombre remite a una geografía reconocible, a un arroyo real, a una infraestructura que nació del mismo cauce, por eso, la mejor salida no parece ser la sustitución, sino la convivencia; mantener La Cantera como nombre principal y, si el Cabildo insiste en el reconocimiento, dejar el nombre honorífico como adición secundaria, esa fórmula respeta la historia sin impedir el homenaje, pero, aun así, ¿tiene caso? ...esta crónica continuará.
“Entre piedra y poder: la disputa por el nombre de La Cantera”, forman parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos. Si usted desea adquirir los libros sobre Crónicas Urbanas de Chihuahua: tomos I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII y IX, pueden llamar al cel. 614 148 85 03 y con gusto se los llevamos a domicilio o bien, adquiéralo en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111); La Luz del Día (Blas Cano De Los Ríos 401, San Felipe) y Bodega de Libros.
Fuentes: Archivo Histórico del Municipio de Chihuahua, Archivo General del Estado de Chihuahua (sección Historia Local) Hemeroteca Heraldo de Chihuahua, Correo de Chihuahua Fototeca /Archivo INAH Chihuahua.