
"El poder no cambia a las personas, solo revela quiénes son." – José Mujica, ex presidente de Uruguay.
Aún está por definirse a detalle el proceso para elegir precandidatos y candidatos a alcalde, diputado local y gobernador, y ya se percibe que la contienda inició. Basta con levantar la mirada y observar la cantidad de espectaculares de los interesados en llegar a la contienda, representar a su partido, y, con suerte, ser elegidos.
En política no existe la suerte; para llegar a obtener la candidatura, se requiere ir construyendo una sólida estructura territorial, contar con posicionamiento, narrativa y, por supuesto, con la fortuna de tener buen “padrino” como respaldo.
De los interesados actuales podemos deducir que traen gran respaldo, ya que la mayoría exhibe un número considerable de espectaculares, no solo en la ciudad, sino en todo el estado, buscando generar ese posicionamiento y la percepción de que son los ganadores.
Identificamos perfiles muy distintos entre los “suspirantes”: desde quienes hicieron bien la tarea en la administración que concluye, hasta aquellos que ya han “quemado suela”, mostrando un colmillo adquirido en campañas pasadas que raya en la experiencia de veteranos.
¿Y qué estamos viendo actualmente? Una precampaña donde aún no se puede solicitar el voto, pero sí posicionar el nombre, la imagen y la narrativa. Nada de propuestas ni debates, solo imagen. Algunos están construyendo percepción, otros midiendo terreno y algunos, simplemente, tratando de no quedarse fuera de la conversación.
¿Entonces hacen lo correcto? Sin solicitar el voto, navegan en una línea gris; desde el punto de vista político es totalmente lógico. Quiere competir y debe posicionarse, pero donde hace ruido es desde el punto de vista ciudadano.
Aunque sea legal y sea comprensible el desear por un cargo de elección popular, se puede caer en un exceso de promoción, inequidad y poca claridad, específicamente en la procedencia de los recursos.
No podemos olvidar el verdadero fin de este proceso y es claro que no consiste en llenar la ciudad de espectaculares ni aparecer en gran cantidad de entrevistas. El tema es que llegue al poder el mejor en toma decisiones que mejoren la vida de la gente.
El tema es que al preocuparse más en parecer que en ser, y deja de prepararse, ahí es donde se pierde rumbo. Porque no se trata solo de quién logra la candidatura, sino de quién tiene la capacidad para ejercerla.
Por, César De la Garza Licón.