El costo educativo del mundial 2026

El ateneo
José Andrés Hernández Contreras
Instagram: @joseherdez_

El reciente anuncio del Gobierno de México sobre el cierre adelantado del ciclo escolar 2025-2026 ha generado un debate necesario sobre las prioridades nacionales. La Secretaría de Educación Pública (SEP) ha formalizado que las clases concluirán el próximo 5 de junio, citando como motivos principales las intensas olas de calor y la logística requerida para el inicio de la Copa del Mundo de la FIFA. Si bien los eventos internacionales de gran escala son motivo de orgullo y proyección, siendo un escaparate a nivel mundial para presentar al país, la forma en que se están ajustando las instituciones fundamentales, como la educación, merece un análisis objetivo y pausado.

México sabe que será sede de este evento deportivo desde el año 2018 en el mundial de Rusia. Han transcurrido ocho años en los que el Estado tuvo la oportunidad de diseñar una estrategia de convivencia entre el calendario escolar y el certamen internacional. Sin embargo, la resolución de adelantar el fin de cursos a pocos días de la fecha de inauguración se percibe más como un decreto reactivo que como una política pública planeada. ¿Cortina de humo?, ¿estrategia de movilidad?, ¿no afecta en nada? La improvisación suele ser el síntoma de una coordinación que no logró materializar las adecuaciones necesarias en casi una década de espera.

Desde un punto de vista normativo, diversas organizaciones civiles y educativas han señalado que este recorte podría contravenir lo estipulado en la Ley General de Educación. Dicha ley establece con claridad que el calendario escolar debe contemplar un mínimo de 185 días y un máximo de 200 días efectivos de clase para garantizar el cumplimiento de los planes de estudio. Reducir el tiempo en las aulas bajo argumentos logísticos o climáticos no solo abre la puerta a posibles impugnaciones legales, sino que profundiza el riesgo de un rezago educativo en un país que aún lidia con las secuelas del confinamiento global.

Por otro lado, el argumento de la movilidad es innegable pero cuestionable en su origen. Las obras de infraestructura y remodelación en los alrededores de los estadios y vías principales en la Ciudad de México no han concluido, lo que ha generado cuellos de botella y problemas de tránsito significativos. Hay empleados en la CDMX que tienen que salir a las cuatro de la mañana para llegar a su trabajo a las siete. Es paradójico que se opte por retirar a los estudiantes de las calles para aliviar la presión vial en lugar de haber garantizado la entrega oportuna de las construcciones que debieron estar listas meses atrás. El costo de la demora en la obra pública no debería ser absorbido por el tiempo de aprendizaje de la niñez.

Es importante mantener una postura de equilibrio: nadie niega la magnitud de recibir un Mundial o la peligrosidad de las temperaturas extremas. Sin embargo, la planeación educativa debería ser el eje rector de cualquier sociedad que aspire al desarrollo. Si se conocía la temporalidad del torneo y se preveían cambios climáticos estacionales, las adecuaciones curriculares y de infraestructura escolar (como la climatización de aulas) debieron ser la prioridad desde hace años, evitando así decisiones drásticas de último minuto que alteran la vida de millones de familias.

La preocupación de los padres de familia y del sector educativo privado es legítima. Muchas escuelas ya tenían contratos de servicios y programas pedagógicos estructurados que ahora se ven truncados por una disposición administrativa que busca resolver en semanas lo que no se gestionó en años. La educación no debería ser una variable de ajuste ante la falta de previsión logística o los retrasos en las obras de movilidad.

Al final del día, el mensaje que se envía es confuso. Mientras la autoridad afirma que se busca "proteger a las comunidades", la realidad operativa sugiere que el sistema educativo está cediendo espacio ante la falta de una integración urbana y deportiva eficiente. La organización de un evento de clase mundial requiere, precisamente, una planeación de clase mundial, donde los derechos fundamentales de los menores no queden supeditados a la agenda de un torneo de fútbol.

Aún queda tiempo para reflexionar sobre cómo enfrentaremos futuros compromisos internacionales. México tiene la capacidad de ser un anfitrión excepcional sin necesidad de sacrificar días de formación académica. Lo que falta, y lo que este episodio pone de manifiesto, es una visión de Estado que coloque a la educación por encima de las adivinanzas de calendario y las urgencias de último minuto.

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Ahí les hablan a los "grafiteros políticos" 

A través de los grupos de Facebook, una persona señaló que le fueron a vandalizar las bardas con promoción de personajes políticos del PAN y Morena sin que ella haya otorgado autorización alguna.

La usuaria en redes identificada como "María Medina" expuso no sólo el abuso, el vandalismo y la contaminación, sino que todo esto se realizó con total ilegalidad.

"Quisiera saber con quién hablar o a dónde ir ya que pintaron mi barda sin autorización con propaganda de su partido", dijo.

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