
A ti ciudadano.
Por, Víctor Hugo Estala Banda
Ocosingo es el único Barrio Mágico que tiene como escenario la Selva Lacandona. Enclavado entre las tierras altas de Chiapas, este pueblo se descubre por capas: arqueología monumental, gastronomía con historia propia, una calle peatonal que cobra vida de noche y, al fondo de todo, la naturaleza más densa y salvaje del sur de México.
En 2023, el Andador Guadalupano de Ocosingo recibió el nombramiento de Barrio Mágico por parte de la Secretaría de Turismo, convirtiéndose en el primero del estado de Chiapas. El reconocimiento llegó tarde, porque la magia aquí ha existido durante siglos.
El nombre viene del tzeltal Okosinko, «lugar del ocote», por los pinos resinosos que cubren las laderas del valle. Antes de la llegada de los españoles, Ocosingo fue un asentamiento tzeltal importante. A mediados del siglo XVI, Fray Pedro de Lorenzo trasladó hasta aquí numerosos pueblos de la selva, y la ciudad creció con rapidez hasta convertirse en la cabecera que conocemos hoy.
El municipio de Ocosingo es el más extenso de Chiapas y buena parte de su territorio está cubierto por la Selva Lacandona, reconocida como el segundo lugar con mayor diversidad de flora y fauna silvestre en el país. Dentro de sus límites se encuentran la Reserva de la Biosfera Lacan-Tun, el Área de Protección de Flora y Fauna Chan-Kin, y tres de los sitios mayas más importantes de México: Toniná, en el valle de Ocosingo, y Bonampak y Yaxchilán, internados en la selva a orillas del río Usumacinta.
La calle peatonal que le valió el nombramiento a Ocosingo es el Andador Guadalupano, que merece recorrerse de día y de noche porque son dos experiencias completamente distintas. De día, las fachadas de colores, los murales, los restaurantes con cocina regional y las tiendas de artesanías construyen un ambiente tranquilo y propio de pueblo chiapaneco. De noche, las luces que adornan el andador lo transforman en otro lugar.
En la misma plaza central, dos edificios que valen la pena: el templo y convento de San Jacinto de Polonia, construido en 1569 con una mezcla de influencias barrocas y neoclásicas, y el palacio municipal, una joya de arquitectura porfirista en el corazón del pueblo.
A 10 kilómetros al este de la ciudad se encuentra la razón por la que muchos viajeros se desvían hacia Ocosingo en primer lugar. Toniná es una zona arqueológica maya que carga con una historia de guerra y poder poco conocida fuera de los círculos especializados.
La acrópolis de Toniná es una montaña artificial construida sobre una cordillera de arcilla, forrada con siete enormes plataformas escalonadas sobre las que se erigieron templos y palacios. El conjunto alcanza los 75 metros de altura, lo que la convierte en la pirámide más alta de toda Mesoamérica, por encima de Chichén Itzá y de la Pirámide del Sol en Teotihuacán.
260 escalones separan la base de la cima. Desde arriba, el valle de Ocosingo y la selva que lo rodea se despliegan en una vista que justifica el esfuerzo.
Toniná fue un estado guerrero que en su época de esplendor sometió a Palenque y dejó constancia de ello en sus relieves y estelas. El Templo de los Prisioneros exhibe inscripciones de cautivos de guerra. El juego de pelota es uno de los mejor conservados de la región. El museo de sitio, inaugurado en 2000, resguarda figuras de piedra, cerámica y piezas que reconstruyen la cosmovisión de quien habitó este lugar.
Si hay un producto que define a Ocosingo en la mesa, es el queso de bola. Su origen se remonta a 1927, en el rancho Laltic, donde productores locales encontraron una manera de aprovechar la abundante leche de la región. Hay una leyenda popular que habla de una mujer que había vivido años en Holanda y quiso recrear el queso Edam al llegar a México. El resultado, supuestamente, fue algo completamente distinto y mejor.
El queso de bola tiene una estructura doble: en el interior, una pasta de queso doble crema, suave y ligeramente agria; en el exterior, una corteza de queso descremado que se añade después de 21 días de maduración. Gracias al clima de Ocosingo, no requiere refrigeración, lo que facilitó su distribución por décadas antes de que existieran cadenas de frío.
La pirámide más alta de Mesoamérica, un queso de leyenda y la puerta a la Selva Lacandona. ¡Así es Ocosingo!