Hace 25 años

Columna | Manifesto

Alejandro Domínguez

@AlexDmgz

El pasado 23 de marzo se cumplió un cuarto de siglo del homicidio de Luis Donaldo Colosio Murrieta; de aquel año a la fecha se han presentado acontecimientos que reflejan de manera clara que las aspiraciones planteadas en el discurso de aquel 3 de marzo de 1994 en el monumento a la revolución aún siguen presentes.

No podemos dejar del lado los hechos que la historia registra en esa época; veníamos de un sexenio catalogado por muchos, nacionales y extranjeros, como un Gobierno reformista, existiendo el reconocimiento por parte de la comunidad internacional a los avances que México registraba; reducción de la deuda externa caótica que presentaba el país, haciendo uso de la enajenación de algunos bienes de la nación para ello; tal fue el caso de las aerolíneas, los bancos, el uso de los aeropuertos y los puertos marítimos, entre otros; la posibilidad que se les dio a los ejidatarios de disponer de sus parcelas, es decir, poder ejercer el dominio pleno de las mismas; todo ello, se sumaba a un sexenio que parecía ser de los más exitosos, que viniendo del señalamiento de falta de legitimidad en la forma en que se arribo al poder, se logró construir con mecanismos de intervención social, como el programa solidaridad, en las comunidades del país.

Los hechos previos al destape de Luis Donaldo Colosio parecían un magnifico antecedente, que un gobierno logrará consolidarse en el ánimo popular y en la agenda internacional permitían al gran elector definir sin problema la sucesión presidencial; sin embargo, los problemas se fueron presentando a partir de esos momentos, el denominado berrinche de un colaborador eficaz, negociador nato y hombre cercano al Presidente Salinas, Manuel Camacho Solis, marcaban un parteaguas en los ritos de los destapes, rebelarse al poder presidencial, reclamando la definición del candidato era algo que marcaria un nuevo tiempo en la política nacional.

Sumemos los hechos de Chiapas, la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio, el crecimiento de las organizaciones criminales vinculadas el narcotráfico; pues el escenario, como se ha descrito en películas, series televisivas y documentales, no era ya el mejor después del destape de Luis Donaldo Colosio.

Colosio se atrevió a decir lo que en privado se decía, decir lo que algunos pensaban; hablar como candidato oficial de la desigualdad, de la impunidad, de la falta de actuación con probidad de los funcionarios públicos, hablar de un México distinto al que durante cinco años se había vendido a la sociedad mexicana, era algo impensable, algo que no se estilaba decir.

Sin embargo, se atrevió a decir las realidades que se presentaban en la sociedad; realidades que aún siguen presentes en la agenda nacional; la seguridad ha dado innumerables tumbos en las estrategias diseñadas en los últimos 25 años; no se ha logrado consolidar una eficiente fuerza policial que combata a los grupos delictivos; el narcotráfico se convirtió en una gran industria que ha controlado aspectos de la vida social, económica y política del país; la democracia, con pequeños avances, pero con múltiples carencias en la manera de construir oportunidades entre la sociedad; los órganos jurisdiccionales pretendiendo ser avasallados por los poderes ejecutivos estatales y por el federal en los casos que son de interés del Gobernante en turno y no necesariamente de la sociedad en su conjunto; la corrupción en niveles altos y con señalamientos en las más altas esferas del poder; aunado a la falta de crecimiento en los salarios y a la falta del consolidación de un proceso de educación eficaz para la sociedad.

El mensaje a la cúpula y a la militancia del PRI también sigue muy vigente, no se puede pensar que por ser los “herederos de la revolución” se esta legitimado para estar en el poder; no se puede pensar que el PRI es la única voz que debe escucharse en la agenda política nacional; no se puede permitir que un grupo de notables mantenga el control del Partido; esos conceptos aún no se han dejado de lado en el PRI; el mensaje de que el futuro de México solo se entendía si el PRI desapareciera, es algo que se vuelve a escuchar en los medios, en las mesas de café y entre algunos actores políticos.

Así pues, a 25 años de distancia algunas cosas siguen igual, otras han cambiado para quedar igual; y los cambios objetivos son los menos, aunque existen, no son los mayores; y digo que hay cambios para quedar igual porque actores de lo mas cuestionados de la época de las múltiples devaluaciones, de la intolerancia, de la falta de libertad de prensa, de la sumisión de los poderes públicos, están ahora en el Gobierno Federal, y no creo que el cambio de actitud sea la dinámica de estos personajes.

De Luis Donaldo Colosio se seguirá hablando en los próximos meses, la desclasificación de los documentos de la investigación, las series televisivas que surgen, la petición de reapertura del caso y la tentación de algunos funcionarios federales por figurar con este tema, van a dar nota en los próximos meses; pero las preguntas siguen siendo las mismas; ¿Quién mando matar a Colosio?; ¿Sería un magnifico presidente?; ¿estaría mejor México si él hubiera Gobernador?; ¿hubiera hecho desaparecer al PRI?

 

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