El SNTE en su 75 aniversario. Un comentario de valoración

Variables / Jacinto Gómez Pasillas

Sobre el aniversario 75 del sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) de manera muy esquemática repasaré con y para los compañeros maestros en servicio activo y jubilados, pero sobre todo los de reciente ingreso (menos de 10 años de servicio) como es la evolución de nuestro sindicato desde su inicio hasta su actual circunstancia.

El SNTE es por definición una “….agrupación nacional de trabajadores de la educación para….defensa y mejoramiento de sus intereses comunes”; integrada por trabajadores docentes y no docentes al servicio de la educación a nivel tanto federal; como estatal y/o municipal y Organismos Descentralizados y Desconcentrados, tanto en servicio activo como jubilados y pensionados. Entendiendo esos intereses comunes como los referidos no solo a su relación laboral con los diversos patrones sino también a su materia de trabajo como corresponsables de la educación Pública Nacional, con su carácter de profesionales de la educación.

Ese es un aspecto fundamental de la relevancia del Magisterio Nacional en su rol social y en su relación con el Estado pero sobre con la Sociedad.

Es de las organizaciones mas representativas del Sindicalismo Mexicano, no solo  cuantitativa sino cualitativamente pues agrupa a más de un millón, seiscientos mil agremiados.

Antes de la creación del SNTE los trabajadores de la educación estaban fragmentados en diferentes e incontables grupos que a nivel nacional y en la década de los años treintas y hasta 1943 existían sujetos a la influencia y patronazgo de diferentes intereses políticos e incluso religiosos.

Esta situación es el antecedente al momento histórico en que diversos colectivos magisteriales logran ponerse de acuerdo para celebrar (no sin dificultades) a fines de diciembre de 1943 el Congreso Fundacional  del SNTE, del cual surge su primera dirigencia con el destacado Profesor Luis Chávez Orozco como el primer Secretario General de la Organización sindical que se constituye en la representativa del Magisterio Nacional.

En este primer momento el Sindicato transita por su consolidación y fortalecimiento institucional, durante poco mas de una década hasta llegar  a la elección a principios de 1949 (en su II Congreso Nacional Ordinario) del Ing. Jesús Robles Martínez como Secretario General del Comité Ejecutivo Nacional quien establece una época  de afirmación institucional pero también de unión corporativa a los intereses del gobierno y grupos en el poder político , que se caracterizó  por la intromisión de estos en el manejo y decisiones internas del SNTE.

Este período de entreguismo duró hasta 1972, cuando con el apoyo del Presidente Luis Echeverría, un grupo político – sindical que asume el liderazgo  de todos los grupos  internos del SNTE en todo el país, detona el descontento contra la falta de representatividad y nula defensa a los derechos laborales y salariales  de los trabajadores de la educación en un movimiento que depone  al Robles Martinismo en Septiembre de 1972 e inicia con Eloy Benavides Salinas primero y luego con Carlos Jonguitud Barrios como Lider, una época que fue fructífera en logros salariales y prestacionales, pero que derivó a un endurecimiento de controles político-sindicales y marginación de disidencias, que provocó por cierto el surgimiento en 1979 y a partir de grupos de oposición interna en Chiapas y Oaxaca, de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación  (CNTE) que se constituyó desde entonces en una oposición radical antagónica a la dirigencia institucional del SNTE y con sus propias acciones y objetivos político-ideológicos, pero sin romper la unidad del SNTE como Organización Nacional unitaria  del Magisterio Nacional, lo cual –por encima de discrepancias- debe de reconocérseles, al margen de sus propios excesos y confrontaciones sociales.

La organización sindical del Magisterio Mexicano accede a una nueva etapa a partir de 1989 en que se cataliza la inconformidad creciente con la  atonía sindical de la Dirigencia Cupular y la decreciente defensoría laboral de esta hacia el magisterio de base, que combinada con la necesidad de legitimación política y social del Gobierno del Presidente Salinas para superar la crisis político-electoral del proceso en que fué electo, llevó a que este reconociera y apoyara la relegitimación de la cúpula del SNTE con el relevó de la recién electa dirigencia de este, y el acceso a la Secretaria  General del Comité  Ejecutivo Nacional de la Maestra Elba Esther Gordillo Morales, quien inicia una época de  liderazgo activo y de reactivación  del mejoramiento de los niveles salariales y prestacionales (deteriorados por las crisis económicas sucesivas), así como de revaloración social de los maestros y de su rol profesional como actores fundamentales del proceso educativo y del mejoramiento de la Calidad de la Educación (ahora “excelencia académica” o educativa). El balance de este periodo es positivo al margen de las descalificaciones y juicios interesados. Pero como en todo periodo de gobierno sindical el desgaste se dá por el lado del activismo político y la acumulación de fuerza y presencia ya no solo en su papel de líder sindical sino como aliada activa y sin sumisión a los grupos de poder gubernamental y político y con los grupos fácticos de poder partidista y social.

Uno de sus errores fue invertir la relación del magisterio organizado con los sectores gubernamental y político-partidista, al dejar de ser un gremio manipulable, de relativa docilidad a los intereses políticos externos, y atento a las consignas del poder presidencial; y pasar a ser una organización relativamente autónoma, cuestionadora de políticas públicas (aunque fuera con afán colaborativo) y con creciente capacidad de acompañamiento a grupos de activismo social y político no necesariamente afines a la administración gubernamental en sus diferentes niveles.

Esto sin contar con los excesos de ambición y protagonismo, y algunas actitudes contestatarias en los procesos electorales de 2012, que aunados a la disposición de recursos sindicales para fines personales que le imputaron; dieran pretexto más que razón para que el nuevo gobierno aplicara (en 2013) un golpe de estado al SNTE deponiéndola y encarcelándola para forzar la “elección” a modo de un nuevo dirigente que permitiera y atendiera a la aplicación de la llamada “Reforma Educativa” de 2013, orquestada en el paquete de las denominadas “Reformas Estructurales” con el CONSENSO CUPULAR de las dirigencias partidistas y el visto bueno de los grupos principales de poder económico.

Lo que siguió es historia conocida con los efectos perjudiciales para la Educación Pública y la conversión de los trabajadores de la educación de responsables del quehacer educativo a culpables de todas las fallas y defectos del Sistema Educativo, y la agresión sistemática a sus prestaciones y derechos laborales.

Se podrá estar de acuerdo o en desacuerdo al respecto, pero hay que recordar que la inmensa mayoría de los cuadros de dirigencia, activistas y militantes de base (“institucionales” o “disidentes”), participamos en  las marchas multitudinarias en todas las capitales de los estados del país convocadas a principios de 2013 por el  CEN del SNTE para reclamar se modificaran los aspectos negativos de la “Reforma Educativa” del gobierno entrante. Esto fue lo que alarmó a la cúpula gobernante recién iniciada y la decidió a aplicar el golpe de fuerza, formalmente contra la cabeza del CEN pero en el fondo para ejemplificar y desarticular al SNTE en su autonomía política y poder aplicar sin obstáculos sus designios de “Políticas del Gobierno”.

En la coyuntura presente las cosas han cambiado, pero preocupa a muchos (incluyendo el que escribe) que con los nuevos rumbos de la vida nacional, y una vez que ahora si inició ya  una “verdadera Reforma Educativa” enfocada no al prejuicio político-administrativo ni al afectación laboral y social, sino a una Reforma Académica y Equidad Educativa y Social a través de “la nueva escuela mexicana” del siglo XXI; el SNTE como la Organización Sindical representativa del Magisterio Nacional y como una de las Instituciones paradigmáticas del Sindicalismo Mexicano, recupere, fortalezca y preserve su fortaleza y plena representatividad, a través del ejercicio de su autónoma y carácter unitario, así como de su capacidad de gestoría y defensa de “los intereses comunes” del Magisterio Nacional.

En suma que sea la Institución gremial PROACTIVA y CORRESPONSABLE en su materia de trabajo y en las tareas de mejoramiento social en torno a las comunidades educativas; y para ello que sea aliada, razonada y razonable de los gobiernos en las tareas educativas y sociales, sin ser hueste o turba de ningún nivel de gobierno.

Recordemos al respecto que un gremio como el nuestro, tan plural y diverso, no debe ser por tanto ni contestarío, ni sumiso, ni conformista.

El SNTE somos todos sus agremiados y es de todos. Sus dirigentes de todos los niveles desde Nacional hasta Representante de Escuela o Centro de Trabajo, pasando por Dirigentes Seccionales y Delegacionales, así como todos sus miembros (en activo o jubilados y pensionados) estamos obligados al pleno ejercicio de nuestros derechos y obligaciones; pero quienes ejercen transitoriamente cualquier nivel de dirigencia tienen una mayor obligación en la gestoría y defensa de los agremiados para exigir, reclamar y/o demandar respeto, atención y solución ágil y expedita a los problemas que cada trabajador presente por su conducto y que lo afecten en sus prestaciones o derechos laborales.

El respeto entre funcionarios de educación y representantes sindicales y representados, es un marco recíproco en el trato. Ni el representante sindical debe invadir funciones de la autoridad educativa ni el funcionario invadir o afectar la legitima representación sindical y menos propiciar el trato individual y excluyente (“te resuelvo a Ti, no al Sindicato”).

En otro aspecto de la vida sindical, la Reforma Laboral abre la vía para que el SNTE, como todos los sindicatos, obligadamente renueve y profundice su vida democrática.

El SNTE a diferencia de otros sindicatos ya tiene el voto secreto en sus procesos de renovación de dirigencia, le falta hacerlo libre, secreto  y directo para los procesos electorales de todos los niveles y pasar de los procesos de elección indirecta (a través de delegados) a los procesos de elección directa no solo para representantes de escuelas o Comités Delegacionales, sino para los niveles de Comité Ejecutivo Seccional y Comité Ejecutivo Nacional.

Es perfectamente viable y congruente con un Sindicalismo del Siglo XXI.

Pero esto requiere sin duda plena madurez y civilidad de todos: dirigentes y miembros de base, coincidentes (con una dirigencia) y disidentes, sin injerencias externas ni manipulaciones internas.

Las dirigencias actuales del SNTE, desde nacional hasta seccionales están en la obligación de ser incluyentes, abiertas a la pluralidad y divergencia de posiciones, alejándose   de la tentación de ser juez y parte.

Los dirigentes de grupos de participación sindical (llámense Institucionales, Coordinadora, Maestros por México, etc.) están en la obligación de ser corresponsables sin prejuicio para los procesos electorales internos que habrá en el futuro inmediato, ni prejuicios para las actuales dirigencias.

El problema será que la necesaria reforma y adecuación de los Estatutos de la Organización, propicie un gran acuerdo de todas las partes o grupos de participación sindical, que no vaya a ser un acto unilateral o excluyente por la cúpula del SNTE, o que algún grupo disidente alegue que las nuevas prácticas electorales del Sindicato apliquen para los demás pero no para ellos.

Se va a requerir un gran acuerdo de voluntades en que por encima de intereses personales o de grupo prive el interés superior de salvaguardar la Institución y se sacudan prejuicios y prácticas tradicionales (de simulación).

Los militantes de base habrán de tener presente que las discrepancias a nivel local o seccional debieran dejarse aparte y el respeto mutuo prive sobre las descalificaciones y el prejuicio.

Se tiene que ver la transición democrática interna por encima de los desgastes o desafectos hacia algún o algunos dirigentes. Los dirigentes en funciones son legítimos a la luz de las disposiciones estatutarias vigentes.

Puede cuestionarse o estar de acuerdo en aciertos y errores, pero lo relevante estará en como cada quién desde su punto de participación coadyuve al proceso de transformación.

En fin, algo también esencial para todos los agremiados: la pertenencia al SNTE (como en todos los sindicatos hacia el futuro) va a ser por afiliación voluntaria y esta implica derechos y obligaciones. Sindicalmente, como en todos ámbitos, la prestación de un derecho conlleva una contraprestación  y están referidas ambas al carácter de miembro activo del Sindicato, independientemente del rol laboral.

Se puede renunciar a la afiliación y esto implica derecho y obligación, pero no solo a una parte de lo que significa la afiliación (o membresía).

Los compañeros de nuevo ingreso al magisterio deben tener presente que el Sindicato es en suma la representación legítima y legal del gremio al que se han incorporado.

Es falso que un gobierno o patrón, cualquiera que sea, respete y proteja al trabajador por sí mismo, por eso surgieron los llamados sindicatos blancos y el trabajador sin gremio está sujeto al capricho, arbitrio o juicio (¿prejuicio?) de los funcionarios en turno y a su “buena voluntad”.

El ingreso al magisterio es y seguirá siendo, independientemente de la vía por la que se ingresa, el principio de una larga vida profesional en la cual, como en cualquier actividad pero más en la nuestra, cada quien valdrá por sí mismo y por los demás, con los demás y ubicado siempre dentro de colectivos en círculos  crecientes (escuela, zona y delegación, región, nivel educativo, etc.) en todos los cuales habrá de ser interactivo e interdependiente.

A estos comentarios esquemáticos habrá que seguir ampliando y compartiendo reflexiones.

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