Suicidio Infantil

por Alicia Soto

Correo: alysotoc@gmail.com

Facebook: @alysotopsicologa

No existe tema más indeseado, que aquel que antecede lo inevitable. Morir, es lo único que tenemos asegurado en la vida, el cómo y cuándo es la incógnita con la que la mayoría de las personas decidimos vivir; no obstante, para algunos la duda perpetua no es una opción y convierten el conocimiento en un consuelo para el dolor.

El suicidio es un tema viejo y desgastado, pero que paradójicamente  sigue vigente y dinámico. Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) cerca de 800,000 personas se suicidan cada año, es decir que hay una muerte a causa del suicidio cada 40 segundos aproximadamente. De hecho, en el 2015 era la segunda causa principal de defunción entre jóvenes de 15 a 29 años. 

Cabe destacar que los motivos y causas de la ideación y consumación suicida son individuales, pues lo que para algunos es un factor de riesgo, para otros no representa problema alguno. Además, no solo varían por las experiencias personales, si no que la cultura, la sociedad, la familia, las creencias religiosas y la edad son factores que juegan un papel importante.

Ahora bien, es posible clasificar las causas de este fenómeno en tres componentes principales:

  1. Los trastornos y alteraciones psicológicas  tales como la depresión, la bipolaridad, la esquizofrenia o más habituales como el alcoholismo y la drogadicción.
  2. Las crisis emocionales como las rupturas amorosas, los cambios hormonales, los problemas económicos, las enfermedades crónicas tales como el cáncer, inclusive podemos sumar la ciber-dependencia, a las crisis emocionales.
  3. Las experiencias negativas, como puede ser el caso de abusos sexuales, pérdidas de algún ser querido, víctimas de violencia, víctimas de algún desastre natural, discriminación como se da en el caso de las personas inmigrantes, homosexuales, indígenas o simplemente el bullying escolar.

Ahora bien, si hablar de suicidio en contexto general es un tema delicado, cuando se trata del suicidio infantil lo es aún más. Sin embargo, es de suma importancia que se tenga mayor consideración por el mismo, ya que aunque el suicidio en niños es raro, aumenta significativamente en la adolescencia.

Primeramente, se debe tener en consideración que los niños menores de 6 años tienen un concepto muy rudimentario de lo que es la muerte o el morir, por lo que resulta sumamente improbable que se participe activamente en la muerte, sin embargo conforme crecen, van teniendo encuentros más cercanos al tema, es cuando comienzan a asociar la muerte con la vejez y/o las enfermedades, pero llega un momento en que entienden perfectamente que la muerte es inevitable, incluso para ellos.

Paralelamente con el concepto de muerte se desarrolla el de suicidio.  Este aprendizaje se puede dar a través varios medios, por ejemplo los medios visuales, tales como video juegos o programas para adultos; a través de compañeros de la misma edad o de niños más grandes principalmente aquellos que han vivido una experiencia de suicido en su familia; también pueden escuchar conversaciones de adultos referente al tema, etc. Todo este bombardeo de información poco fiable, puede llegar a provocar que los niños tengan un concepto incoherente e irracional sobre la muerte.

Cuando un niño muere, puede llegar a ser muy difícil que se determine como suicidio, ya que la muerte de los niños suele estar relacionada con accidentes y/o negligencia; por tanto, aunque fuere intencional, se seguiría pensando que fue un accidente. En muchos otros casos, los padres podrían pensar que los deseos  de muerte de sus hijos, son meramente un llamado de atención, que tienden a ignorar.

Dentro de los factores de riesgo, que se pueden dar para que un niño tome la decisión de quitarse la vida, es el ambiente familiar. Es decir, en los casos de suicidio infantil, es frecuente que los padres padezcan alguna alteración psicológica, principalmente alcoholismo paterno y depresión materna. (Pérez Barrero, 2003)

En caso del alcoholismo, está por demás decir que afecta a toda la familia. Cuando hay un miembro de la familia que es alcohólico, los desórdenes conductuales, la violencia, los problemas económicos, etc. son experiencias comunes que viven los niños y el resto de la familia.  Mientras que cuando hay un miembro de familia con depresión -principalmente la madre- el pesimismo, la desesperanza, la sensación de soledad, la negligencia en las necesidades básicas  y afectivas del niño, son los factores que determinan el ambiente familiar.

Es en este punto, que me interesa rescatar que cuando un niño comete suicidio, no es necesariamente por un deseo de morir, si no su último recurso para escapar de un gran sufrimiento.

Como mencione anteriormente, no es sencillo diagnosticar la ideación suicida en una persona y mucho menos en el caso de los niños. Sin embargo, existen unas series de actitudes que nos pueden indicar que existe un potencial riesgo:

  • Trastornos del sueño, es decir, el niño comienza a dormir horas de más, o por el contrario pasa muchas horas de la noche despierto.
  • Trastornos alimentarios, sucede cuando el niño comienza a perder el apetito y pierde peso, o en su contraparte aumenta su ingesta de comida e incluso puede  llegar a tener sobre peso.
  • Aislamiento, ya sea de sus compañeros de escuela, de la familia o de la sociedad en general.
  • Pérdida de interés en actividades que anteriormente eran de su agrado (football, baile, televisión, jugar, etc.)
  • Absentismo escolar.
  • Actitudes agresivas, ya sean física o verbales.
  • Abuso de alcohol y de drogas.
  • Desinterés por su apariencia física o su higiene personal.
  • Comienzan a correr riesgos innecesarios, por ejemplo atravesar las calles sin precaución, subir a árboles o azoteas, para jugar, tratar de manipular el fuego, etc.
  • Comienzan a tener un interés notorio por la muerte: preguntan al respecto, ven videos, hacen suposiciones, etc.
  • Pueden dejar mensajes preocupantes por interés. Regularmente cuando una persona piensa en el suicidio, manda indirectas a través de las redes sociales, que develan baja autoestima, sentimientos de soledad, amenazas de arrepentimiento, etc.
  • Su rendimiento académico puede bajar drásticamente.
  • Finalmente su autoestima es evidentemente muy baja, aunada a una desvalorización constante.

En conclusión, se puede aseverar que una crisis suicida infantil surge de la relación del niño con su medio familiar y se manifiesta por una serie de señales en la conducta que se expresan, de manera general, en cambios de todo tipo. Es responsabilidad de los padres de familia, prestar atención a estos cambios. Lo que paras muchos progenitores, puede llegar a ser solo una llamada de atención, para otros puede ser la última oportunidad de poder intervenir.

por Alicia Soto

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