¿Todavía es México un Estado de derecho? I de II partes

Una reflexión personal/Luis Villegas
luvimo6608@gmail.com, luvimo6614@hotmail.com

Se trata, querámoslo o no, de un asunto de definiciones.

Carlos Ruiz del Castillo, en su Manual de Derecho Político, citado por Porrúa Pérez, indica cuáles son las características del Estado de derecho; en su opinión, la primera de ellas es que el Estado esté dotado de una Constitución que ordene simultáneamente el poder y la libertad, “señalando una órbita estricta a las facultades de los gobernantes en su relación con los gobernados”.[1]

En segundo lugar, el mismo autor señala  que la segunda característica del Estado de derecho es: “Una repartición y un equilibrio fundamental de poderes[…] en cuanto significa el reparto de las atribuciones del poder público en la serie de estructuras definidas por la Constitución para su ejercicio”;[2] y agrega en ese mismo sentido: “Los argumentos expuestos por Montesquieu en su célebre doctrina de la división de poderes, con las modificaciones necesarias que la doctrina y la vida política posterior le hicieron perfeccionándola, proporciona un sistema magnífico para llevar a cabo con mayor soltura y eficacia las funciones cada vez más complejas del Estado moderno”.[3]

Por lo que hace a los partidos políticos, apunta Porrúa que los partidos políticos, para cumplir su cometido democrático, deben quedar sujetos a una reglamentación que establezca, entre otras cosas: “La necesidad igualmente que los estatutos constitutivos de esos partidos, no contengan principios destructores de las instituciones democráticas y, en consecuencia, del Estado de Derecho característico de la civilización occidental, con las estructuras básicas del mismo”.[4]

Finalmente, en tratándose de libertad de expresión y garantías individuales, el Estado de derecho debe garantizar una opinión pública cuya virtualidad no se agota en la constitución de órganos legales y en las facultades de elegir representantes, “sino que actúa como ambiente y se manifiesta espontáneamente a través de conductos que la Constitución mantiene en vigor y protege, en garantía de los ciudadanos, prensa, etc., es decir, régimen de derechos o garantías individuales en general”.[5]

En resumen y como ya se vio, en un sentido general, el Estado de Derecho puede definirse como el sistema político en que se hallan definidos los límites formales para el ejercicio del poder, sí, pero no basta una descripción meramente formal en la Constitución para que el Estado de derecho exista, pues es necesario  también:

  1. Un equilibrio fundamental (entiéndase real) de poderes que proporcione un sistema para llevar a cabo con mayor soltura y eficacia las funciones cada vez más complejas del Estado moderno;

 

  1. Que los actores políticos, en sus postulados o con su quehacer no erosionen ese marco de seguridad y libertades mediante la adopción de principios destructores de las instituciones democráticas, y

 

  1. Que como marco refrandatario de ese estatus,  se garantice la libertad de expresión y, en general, se refuerce el marco protector de todos los derechos individuales.

Establecidas las premisas anteriores, podemos afirmar categóricamente que no, México no es ya, un Estado de Derecho, ¿las razones? Las razones, aunque saltan a la vista, la examinaremos en la siguiente entrega.

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Luis Villegas Montes

luvimo6608@gmail.com     luvimo6614@hotmail.com

 

 

[1] PORRÚA PÉRREZ, Francisco. Teoría del Estado, 39.ª edición, Porrúa, México, 2005, p. 510. Énfasis añadido.

[2] Ibídem., p. 511. Énfasis añadido.

[3] Ídem. Énfasis añadido.

[4] Ibídem., p. 513. Énfasis añadido.

[5] Ibídem., p. 514. Énfasis añadido.

Tips al momento

México bajo epidemia del Sarampión frente al Mundial de Fútbol 

México enfrenta una epidemia crítica de sarampión que comenzó en Chihuahua el 14 de febrero y a un año con presencia en los 32 estados y el mayor número de casos en América.

Esto es consecuencia directa de casi dos décadas de abandono en las políticas de vacunación, además que hace tres sexenios, millones de mexicanos, entre niños, adolescentes y adultos dejaron de vacunarse.

Fueron en los gobiernos del PAN, PRI y Morena en que se dejaron de aplicar 22.5 millones de dosis, cayendo por debajo del 95% de cobertura requerido.

A esto se le suma la desaparición de las Semanas Nacionales de Salud y la escasez de biológicos que permitieron que un brote inicial en Chihuahua.

Se advierte una escalada por la  movilidad masiva por la próxima Copa Mundial de Fútbol, coloca al país en una situación de vulnerabilidad internacional, bajo la vigilancia de organismos como la OPS.

Actualmente hay siete mil 131 casos y 24 defunciones por sarampión, cifra que lo coloca como la nación con más casos y muertes de sarampión en América.

 


Guerra de bardas de los "grafiteros políticos"

La pinta de bardas con promoción personalizada de personajes políticos sigue saturando el Estado, en un adelantado proceso electoral de destapes simulados, donde la imagen urbana de las ciudades se ha visto ya muy contaminada visualmente,

Esta promoción ya ha escalado a una "guerra de grafiteros políticos", quienes bajo el mando de la languidecida legislación electoral han hecho y desecho a su antojo con las bardas, ya no sólo en avenidas de mayor concurrencia, sino también dentro de las colonias.

No sólo es la expresión "barda que ven, barda de vandalizan", sino que pintan sobre las que ya están rayadas para tapar la promoción de rivales, sino que ahora se yuxtaponen para contrastar estilos, colores, mensajes, originalidad o limitaciones.

Ya no sólo son las de Amor por Chihuahua de Ariadna Montiel, las de Cruzando Chihuahua de Cruz Pérez Cuéllar, Rafa Loera, Alfredo Chávez con su nombre o A Darle Chihuahua bajo la excusa de la casa de enlace, sino que ahora hasta personificadas como las recientes de Alan Falomir promocionando "el Cabrito" con la imagen de un chivo con lentes.

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