
“Los negocios se deben involucrar en mejorar el mundo; de lo contrario, no deberían existir.” Richard Branson.
Un empresario no es simplemente alguien que dirige una compañía. Es una persona que asume riesgos, visualiza ideas y las convierte en oportunidades. Es el motor de la economía: invierte, innova y arriesga. Pero, esta figura parece cada vez más frágil, como una especie en peligro de extinción. Ante la incertidumbre financiera, política y las crecientes exigencias sociales, los empresarios luchan por sobrevivir en un entorno que pocas veces los favorece.
No es un camino para todos. Ser empresario exige alta tolerancia a la frustración, capacidad para soportar presión continua, enfrentar la falta de financiamiento, cumplir con una carga fiscal pesada y asumir sacrificios personales. Incluso, en algunos casos, arriesgarse a enfrentar consecuencias legales.
En los últimos años se ha construido la idea de que ser empresario está ligado a privilegios, evasión fiscal o cercanía con el poder. Esa idea ha generado una percepción de recelo hacia la iniciativa privada. El discurso confronta a “Ricos vs. Pueblo”, colocando al empresario como enemigo.
La verdad es que los empresarios no solo generan fuentes de trabajo que permiten ingreso y mejor calidad de vida. También sostienen gran parte del sistema social en México a través de sus aportaciones al IMSS, Infonavit y otras obligaciones. Además, cumplen con responsabilidades como el pago de liquidaciones, que funcionan como un seguro de desempleo para los trabajadores.
Si tener empresarios es una necesidad para mover la economía, ¿por qué no se les impulsa más?
El empresario que requiere nuestro país no es simplemente un generador de utilidades, sino un actor social, que entiende que su éxito se mide por el impacto que genera en la sociedad. México necesita empresarios que caminen de la mano de Dios, guiados por la fe y la justicia, que el entorno los apoye en lugar de frenarlos.”
Un país sin empresarios no tiene futuro. Necesitamos que se atrevan.
Por: Cesar de la Garza