Liberalismo: Falsa Libertad

Consilium Culturæ
Sergio Iván Bolio Mejía
Twitter: @SergioBolioMX
sboliomvm@gmail.com

Desde hace más de dos siglos se repite en nuestras plazas, parlamentos y tribunas una consigna seductora: que el liberalismo es sinónimo de libertad. Muchos cristianos, quizá de buena fe, han terminado por aceptar esta afirmación como si fuese evidente. Sin embargo, basta examinar la historia y la Doctrina de la Iglesia para descubrir que se trata de una grave confusión. Lo que hoy se presenta como libertad política suele degenerar en algo muy distinto: el libertinaje moral y la negación del orden querido por Dios.

La Doctrina Católica jamás ha despreciado la libertad; antes bien, la ha defendido con nobleza. Pero la ha entendido como lo enseñaron los santos doctores. Para Santo Tomás de Aquino, la libertad no consiste en hacer cuanto se quiere, sino en elegir el bien conforme a la recta razón iluminada por la ley de Dios. La voluntad humana es libre precisamente porque puede adherirse a la verdad; cuando se separa de ella, se degrada.

Este principio fue explicado con admirable claridad por el Sumo Pontífice León XIII en su Encíclica Libertas Praestantissimum; allí enseña que la verdadera libertad está subordinada a la verdad y al orden moral querido por Dios. Cuando el hombre pretende emanciparse de esta ley superior, no se vuelve más libre: se vuelve esclavo de sus errores y pasiones. Lo que hoy se proclama como “derecho absoluto” suele ser, en realidad, licencia para el mal.

De igual modo, en Immortale Dei, el mismo Sumo Pontífice recordó que el poder civil no nace de la mera voluntad humana ni de pactos circunstanciales, sino que tiene su origen último en Dios. Cuando los liberales expulsaron a Dios de la vida pública y proclamaron la neutralidad religiosa del Estado, comenzaron a sembrar la crisis moral que hoy padecen nuestras repúblicas.

No es casual que, en este terreno desprovisto de fundamento espiritual, hayan prosperado ideologías que prometen falsas liberaciones. El comunismo ofrece igualdad a costa de la libertad y de la propiedad legítima; el sionismo ha pretendido justificar proyectos de poder bajo discursos de emancipación histórica; y el liberalismo sirve de terreno fértil donde cada doctrina busca imponer su voluntad desligada de la ley natural. Tres rostros distintos de una misma enfermedad: la negación del orden querido por Dios.

Frente a tales confusiones, los católicos no estamos llamados a la resignación, sino al testimonio. Así lo entendieron mártires y defensores de la fe como Santo Tomás Moro, San Ignacio de Antioquía y, en nuestra propia tierra, el valiente Beato Anacleto González Flores. Ellos comprendieron que la política no puede separarse de la moral ni del señorío de Cristo.

De ahí que el católico consciente deba examinar con prudencia a quién entrega su apoyo. No basta que un partido invoque la palabra “libertad”; es preciso preguntar qué entiende por ella. Si esa libertad significa expulsar a Dios de las leyes, relativizar la verdad o disolver la familia, entonces no es libertad cristiana, sino licencia disfrazada.

La tarea que se impone a los fieles es clara: dejar de sostener sistemas que combaten el orden natural y trabajar, con prudencia y firmeza, por restaurar el Reinado Social de Cristo en las conciencias, en las instituciones y en la vida pública. Allí donde Cristo Reina, la libertad no se destruye; se purifica, se eleva y encuentra su verdadera dignidad.

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Planchado en la SEGOB

Para algunos, debería ser un escándalo que se cocinen en las oficinas de la SEGOB los acuerdos legislativos, lo que implica una invasión y sometimiento al poder Ejecutivo.

Así ocurrió con el llamado "Plan B" de la Ley Maduro. 

Fueron más de 12 horas de negociaciones en la Secretaría de Gobernación, entre Morena el Partido del Trabajo (PT) y del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) 

Las gestiones para alcanzar el acuerdo fueron encabezadas por la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, con la participación de la consejera jurídica de la Presidencia, Esthela Damián, y del coordinador general de Política y Gobierno de la Presidencia, Arturo Zaldívar.

El Plan B: incluye:1. Recortes a Congresos locales 2. Recortes a los Ayuntamientos 3. Someter a consulta temas electorales 4. Adelantar la revocación de mandato para 2027

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