Malú Block: la mirada que abrió caminos al arte mexicano

Entre sorbos y suspiros
Jéssica Valdez

Ana Malú Block Cabrera ha sido, durante décadas, uno de los corazones más constantes del arte moderno y contemporáneo en México. Desde la histórica Galería Juan Martín —uno de los espacios más antiguos e influyentes del país— impulsó generaciones completas de creadores. Bajo su mirada, la galería abrió caminos para la fotografía y la escultura, y se convirtió en casa para artistas como Francisco Toledo, Manuel Felguérez, Graciela Iturbide, Manuel Álvarez Bravo y tantos otros que encontraron ahí una plataforma para crecer.

Su trabajo no solo sostuvo un lugar físico; sostuvo una época. Cuando la galería cerró su sede en Polanco y se transformó, Malú volvió a demostrar lo que siempre ha sido: una mujer capaz de reinventarse, de mover el arte hacia adelante, de mantener viva una tradición sin dejar de abrir paso a lo nuevo.

Su experiencia abarca la curaduría, la gestión cultural y la promoción incansable del talento mexicano. A través de ella, la Galería Juan Martín se convirtió en un puente entre generaciones, disciplinas y sensibilidades.

Ese es el legado público de Malú: una vida entera al servicio del arte, creando espacios donde otros pudieran florecer. Una presencia discreta pero decisiva en la historia creativa del país.

Pero mi historia con Malú empezó de otra manera.

Yo no sabía quién era ella la primera vez que me rodeó el amor de su familia.

Primero conocí los corazones que vienen de ella: personas sensibles, talentosas, profundamente humanas. Una familia de mujeres fuertes, trabajadoras, espectaculares; de hombres brillantes y nobles. Una familia que difícilmente podría tener esa calidad humana si no hubiera crecido bajo el ejemplo de una mujer como Malú.

Cuando conocí su hogar sentí que había entrado en un mundo suspendido en el tiempo.

No era solo una casa: era un museo vivo. Una historia que se respira en los muros, en las texturas, en las conversaciones y en los silencios. Las fotografías de Malú me dejaron pasmada. No era una mirada… eran muchas miradas contenidas en una mujer que supo ver la belleza antes de que existiera lenguaje para nombrarla.

Malú tiene 92 años y, sin embargo, es una lección de vida. No una lección teórica, sino una prueba viviente de lo que significa vivir con presencia. A su edad sigue siendo autónoma, lúcida, brillante. Sigue siendo artista, espíritu, mirada.

Sigue caminando.
Sigue creando.
Sigue inspirando.

Y lo hace cobijada por su familia.

Hay personas que construyen historia en su disciplina. Ella lo hizo en el arte moderno mexicano. Pero hay algo todavía más difícil: construir una familia amorosa, unida y luminosa.

Eso es, quizá, su obra maestra.

Y de alguna manera, sin entender muy bien cómo, me volví parte.

Parte de esa casa que vibra, de esas risas que envuelven, de esas historias que se cuentan sin prisa. Parte de un mundo que me inspiró a mirar mi propia parte artística, a entender que sí hay un lugar para mí, para mis ojos, para mi manera de ver la vida a través de una cámara.

Y entonces llegó el día en que la conocí.

Un día que guardaré para siempre.

Ese día me regaló algo inmenso.

Miró mis fotografías y me dijo:

—¡Qué buena fotógrafa eres!.

Ella no sabe lo que hizo. Pero en ese momento me devolvió algo que yo creía apagado.

Yo le comenté que no sabía de arte, que solo sabía apreciarlo.

Ella respondió con una sencillez que desarma cualquier teoría:

—Yo no sé de arte.

—¡Por Dios! —pensé.

—El arte es sencillo: te gusta o no te gusta.

Fue como si alguien hubiera encendido una luz en un lugar que yo daba por perdido.

Luego, casi sin pensarlo, me pidió una de mis fotografías.

Ese gesto, tan sencillo y tan enorme, me confirmó algo que a veces olvidamos: uno pertenece a los lugares donde vibra.

Con el tiempo entendí algo más.

Una vida como la de Malú no se mide únicamente por su legado en el arte mexicano, por las galerías que impulsó o por los artistas que acompañó en su camino. También se mide por las generaciones que crecieron bajo su ejemplo.

Y quizá nadie puede explicar mejor esa dimensión íntima que su propia familia.

 

Su nieta, Mariana Del Real, quiso dedicarle estas palabras a la mujer que para el mundo es una figura del arte, pero para ella es algo mucho más cercano:

 

“Mi abuela, Ana Malú Block Cabrera, es un nombre que resuena en la historia del arte en México. Su Galería Juan Martín fue —y sigue siendo— un faro para artistas, coleccionistas y soñadores. Pero para mí, más allá de la figura icónica que muchos conocen, ella representa algo infinitamente más grande: el corazón que sostiene a nuestra familia.

Mi abuela ha sido el pilar que nos ha formado, la voz que guía con sabiduría y la presencia que, aún en silencio, inspira. Es mi ejemplo más grande de fortaleza, de amor, de resiliencia, de honestidad y de una elegancia que nace del alma. A sus 92 años, sigue demostrando que nunca es tarde para levantarse, para reinventarse, para amar y para recordarnos que la vida siempre merece ser abrazada con la frente en alto.

Ella me enseñó que el amor por los demás es un acto de valentía, y que la generosidad verdadera no busca reconocimiento, solo conexión. Yo, que tuve el privilegio de ser su primera nieta, puedo decir que llevo un pedazo de su luz adentro. Para el mundo será Ana Malú, para el arte será un legado… pero para mí, ella siempre será mi Bela, solo mía.”

 

Las historias familiares rara vez se cuentan en una sola voz.

 

Y esta apenas comienza a abrirse.

 

Quizá con el tiempo otras mujeres y otros hombres de esta familia —hijas, hijos, nietas, nietos y nuevas generaciones— irán sumando sus propias palabras, sus recuerdos y sus afectos. Y esta historia, que merece perdurar, continuará creciendo con cada mirada que decida contarla.

 

Porque algunas vidas no terminan en una historia y no caben en una sola biografía: se continúan en quienes aprendieron a mirar el mundo gracias a ellas.

Tips al momento

Ponen módulo de Beca Rita Cetina al exterior del Congreso

Al exterior del Congreso del Estado, en la zona donde normalmente pone la diputada Brenda Ríos una mesa de gestiones, hoy fue colocado un módulo de registro de la Beca Rita Cetina, dirigido a estudiantes de primaria.

Este módulo estará operando durante parte del día, y se espera que sea la propia titular de este programa Ishtar Ibarra, quien atienda personalmente el registro de tutores y estudiantes.

Este programa forma parte de la serie de becas que ofrece la delegación del Bienestar en Chihuahua bajo la administración de Mayra Chávez.


Quieren afiliar a todo GyC

A través de las redes sociales se denuncia que en Guadalupe y Calvo, el partido de Morena ha afiliado a personas sin su consentimiento.

De acuerdo a las versiones, desde que se dio a conocer que Morena tiene un padrón inflado en más de  93 mil742 nuevos integrantes de forma irregular, en municipios como Guadalupe y Calvo se dice que son cerca de mil 700.

 Al parecer las personas habrían sido afiliadas al partido sin su consentimiento y se estarían utilizando los programas del Bienestar como chantaje.

Supuestamente si no se afilian pueden perder los apoyos.

 

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