
Yo siento una gran pasión por la música. Mis gustos son tan eclécticos que, a veces, resulta difícil descifrarme. Pero es que la música narra vidas, deja historia y crea una línea del tiempo invisible —pero profundamente sensible— de quienes somos y de lo que hemos aprendido.
Para mí, la música representa arte, amor, narrativa; es quizá una de las formas más sinceras de expresión. Y, así como ocurre con la historia, la música se cuenta de manera distinta en cada boca y en cada corazón.
Siempre me lleva a un momento y a una persona. A veces también me ayuda a decir lo que, con letras o con palabras, soy incapaz de expresar.
Y así… hablando de música y de mujeres, llego a Mercedes Sosa, la Negra de Tucumán.
Hablar de ella no es solamente hablar de música. Es hablar de una mujer que se volvió voz de su tiempo. De una mujer que cargó en su garganta la historia de un continente entero. Porque cuando Mercedes Sosa cantaba, no cantaba sola: cantaban con ella los pueblos, las luchas, las ausencias y las esperanzas de América Latina.
La llamaban la Negra de Tucumán, y en ese nombre cabía una fuerza inmensa. Su voz no buscaba adornos ni virtuosismos innecesarios; buscaba verdad. Y la verdad, cuando se canta desde el alma, tiene una forma extraña de quedarse a vivir dentro de quienes la escuchan.
Por eso hay voces que pasan… y hay voces que se vuelven memoria.
La de Mercedes es una de ellas.
Hay frases que se quedan viviendo dentro de uno.
Frases que, con el tiempo, terminan explicando la vida misma.
Quizá por eso me conmueven tanto las canciones de Mercedes Sosa. Porque en su voz habitan muchas de las cosas que a mí me importan: la raíz, la comunidad, la memoria y el amor.
Hoy quiero compartir algunas de esas palabras que siguen resonando con el paso del tiempo.
Palabras que no solo se escuchan: se sienten.
Una de ellas vive en Todo cambia:
Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo
Pero la cosa no termina ahí.
Porque si hay algo que siempre me ha conmovido de Mercedes Sosa es su manera de cantar las preguntas que todos nos hemos hecho alguna vez. Preguntas sobre el sentido, sobre la fe en los otros, sobre aquello que nos sostiene cuando todo parece tambalearse.
Y entonces aparece La maza, con una de esas letras que no se escuchan: se sienten.
Si no creyera en quien me escucha
Si no creyera en lo que duele
Si no creyera en lo que quede
Si no creyera en los que luchan
¿Qué cosa fuera?
Y luego… así, sin explicación.
Les dejo estas palabras en la voz de Mercedes Sosa, cantando Sólo le pido a Dios:
Sólo le pido a Dios
Que el dolor no me sea indiferente
Que la reseca muerte no me encuentre
Vacía y sola sin haber hecho lo suficiente
Sólo le pido a Dios
Que lo injusto no me sea indiferente
Que no me abofeteen la otra mejilla
Y porque soy una eterna creyente, también vuelvo a esta canción.
A Zona de promesas, en la voz inmensa de Mercedes Sosa:
Tarda en llegar
Y al final…
al final hay recompensa
en la zona de promesas.
Y entonces llega otra canción que siempre me recuerda lo esencial.
Gracias a la vida, en la voz profunda de La Negra:
Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado la marcha de mis pies cansados
Con ellos anduve ciudades y charcos
Playas y desiertos, montañas y llanos
Y la casa tuya, tu calle y tu patio
Y como soy yo… cuando me voy, cuando huyo o cuando me encierro a lamer mis heridas, siempre regreso a otra canción.
A Alfonsina y el mar:
Te vas, Alfonsina,
con tu soledad.
¿Qué poemas nuevos
fuiste a buscar…
Y porque, aunque a veces duela, también he aprendido que hay caminos que es mejor no volver a recorrer.
Entonces aparece otra canción que siempre me alcanza.
Las simples cosas, en la voz de Mercedes Sosa:
Uno vuelve siempre
A los viejos sitios donde amó la vida
Y entonces comprende
Cómo están de ausentes las cosas queridas
Por eso, muchacho,
No partas ahora soñando el regreso
Que el amor es simple
Y a las cosas simples las devora el tiempo
Y la columna podría seguir… porque esta mujer fue voz, fue acción, pero, sobre todo, fue amor.
Las canciones que dejó en este mundo son, de alguna manera, las que han ido dibujando la línea de mi vida.
Y quizá por eso, cuando pienso en mujeres que han sabido cantar la historia, la lucha, la esperanza y la ternura de un continente entero, siempre regreso a Mercedes Sosa.
Porque hay mujeres que no solo cantan.
Hay mujeres que terminan contando la vida de todos.